Iñaki Ezkerra-El Correo

En una época marcada por eso que se llama ‘polarización’, y que algunos autores españoles identifican con el ‘tribalismo’, resulta más que bienvenido un libro como ‘Carlo Schmid’, que acaba de publicar Francisco Sosa Wagner bajo el sello editorial Marcial Pons y que es la apasionante biografía del padre de la Ley Fundamental de Bonn. Pocos contextos históricos puede haber más polarizados que el de la Alemania vencida de la II Guerra Mundial. Y en ese escenario este gran político e intelectual se puso a trabajar ya desde 1945 con los mimbres de esa Constitución que cerraría las fisuras de las que adoleció la de Weimar y que sigue aún vigente desde 1949.

Pese a los excesos de su carácter –su pasión por la mesa y los buenos vinos o sus bromas de un humor ácido–, Schmid fue un hombre eficaz y templado a la hora de sortear las barreras de sus oponentes, primero las de una Universidad de Tubinga tomada en su juventud por los nacionalistas y después por los nacional-socialistas. Más tarde ese don negociador lo tuvo que usar con las propias fuerzas de ocupación aliadas para vencer las desconfianzas en el proyecto que él tenía claro de construir jurídicamente una legalidad que no supusiera la desaparición del Estado alemán sino la reorganización democrática de éste.

En este excelente libro, el posibilismo se convierte en un sinónimo de la conciliación y la propia condición democrática. La primera clave que se nos da del talante empático de Schmid está en su familia. Su padre alemán y su madre francesa fueron inmunes de un modo emocionante a los conflictos entre ambos países; a la guerra franco-prusiana, que pesaba en los prejuicios del abuelo materno, y a la misma Guerra del 14 que movilizó a nuestro hombre. Las otras claves de su brío conciliador están en su amor a las artes. Si en tiempo de paz tradujo por placer a Calderón y a Lope de Vega, en plena II Guerra Mundial, en la que también participó alistándose en el ejército alemán, tradujo a François Villon y a Baudelaire, visitó a Jünger en París, conspiró desde su estatus militar contra el delirio de Hitler y salvó las obras de arte que pudo de la quema o la rapiña nazis.

Fue un patriota sin ser nacionalista y un valedor del Estado Social sin ser comunista. La gran cultura jurídica de Francisco Sosa Wagner hace de ésta una biografía muy especial porque se adentra de forma luminosa en los oscuros recovecos legales que Schmid recorrió para llevar a buen fin su tarea y porque a la vez es ésta una biografía de la propia socialdemocracia alemana entre la década de los 40 y la de los 70; de la evolución del SPD y su abandono del marxismo en el que el biografiado tuvo mucho que ver. Para Carlo Schmid, que venía de una familia humilde, la conciliación pasaba por dejar atrás todas las luchas, incluida la de clases.