Jesús Cuadrado-Vozpópuli

  • Renacionalización o defensa colectiva, 27 sistemas o integración europea, Le Pen o Meloni. Abascal ha de definirse

A medida que el PSOE avanza en su proceso imparable de descomposición, el partido de Santiago Abascal gana peso en la política española. La votación del pasado jueves en el Parlamento Europeo sobre Ceuta evidenció quiénes coinciden con la inmensa mayoría de los españoles y quiénes les dan la espalda. En Estrasburgo, se colocó el último clavo en el ataúd socialista. Allí, Ursula von der Leyen pronunció las palabras que esperaban los españoles y puso en evidencia a Sánchez, que ya no engaña a nadie, ni en España ni en Europa. Aquí, los tertulianos progres hacen declaraciones “humanitarias” y pasan la factura a los ceutíes. Son migrantes, no invasores, dicen. ¿No es maravilloso?

Alberto Núñez Feijóo logró un éxito indiscutible y Vox jugó un rol esencial en la configuración de una mayoría europea que votó en consonancia con el interés general de España, traicionado por el Gobierno. Ahora urge conocer las posiciones sobre Europa de Santiago Abascal. Hace unos días, Jordan Bardella, que será primer ministro si Marine Le Pen gana la presidencia de Francia, pronunció una conferencia en el Foro Ambrosetti de Italia muy útil para averiguar qué política europea propone el partido francés asociado con Vox. Apostó claramente por la “renacionalización”, frente a la “soberanía compartida” actual, por la Europa de las naciones y por la recuperación de soberanías cedidas.

Vox debería aclarar si esa “renacionalización” apuntada por sus colegas franceses conviene a los españoles, empezando por los agricultores. El líder emergente de Agrupación Nacional puso en la diana sin disimulo al campo español e italiano como objetivo para favorecer al sector agrario de su país. Aún más alarmantes fueron sus propuestas sobre políticas de Seguridad y Defensa en el contexto europeo. Ahí su discurso lleva el sello inconfundible de un “neogaullismo” que amenaza los esfuerzos de Europa, especialmente de Alemania, por fortalecer una defensa colectiva del continente, ahora sin EEUU. Es una obviedad que ni las potencias nucleares europeas, Reino Unido y Francia, pueden por separado asumir las exigencias de la seguridad continental. No es solo cuestión de aumento del gasto, que se está produciendo, sino de transformación de los recursos militares en superioridad tecnológica y eso es imposible sin la escala adecuada. Abascal deberá definirse ante una opción de sus aliados franceses que afecta directamente al modelo de defensa nacional de España. Renacionalización o defensa colectiva, 27 sistemas o integración europea, Le Pen o Meloni

Catástrofe asegurada

Bardella, al anunciar negociaciones con Rusia que llevan la marca del apaciguamiento, subestima la “guerra existencial” del sátrapa ruso, no solo contra Ucrania, sino contra toda Europa. Ante drones que cruzan fronteras, infraestructuras críticas amenazadas, ciberataques diarios, flota fantasma utilizada como plataforma de guerra, provocaciones calculadas contra todos los países europeos, de norte a sur y de este a oeste, con 4.400 ojivas nucleares y misiles hipersónicos que pueden alcanzar Madrid en 15 minutos, no son estas amenazas a las que se pueda responder desde 27 sistemas de defensa. Y como es sabido, en el mundo de las guerras híbridas, frente a Mohamed VI o frente a Putin, el apaciguamiento es una torpeza suicida. Lo que propone Bardella, incluida su iniciativa de cascos azules, es un regalo para Putin y una catástrofe asegurada para toda Europa, Francia incluida. 

En cuanto a la disputa industrial y tecnológica con China y EEUU, la soberanía depende cada vez más de la competitividad y para triunfar se necesita tamaño, escala. Ni Alemania ni Francia por su cuenta pueden dar esa batalla, y mucho menos España. La orientación renacionalizadora que propone Le Pen desprecia el valor de un mercado de 450 millones de consumidores y las fortalezas comerciales de los 27 países coordinados. Que Europa deba acometer reformas profundas, como proponen los informes de Letta, Draghi y recientemente de ERT, organización de las principales empresas industriales europeas, no puede confundirse con una vuelta a las viejas disputas suicidas entre las naciones del continente. Sobre esto, tendrá que pronunciarse Vox, decisivo ahora en la política española.

Poner las líneas rojas

El pleno del Parlamento Europeo del jueves demostró que el PSOE está en proceso terminal y no lo arregla ni el cinismo cósmico de Margarita Robles que, después de masacrar al CNI, que depende de ella, pone cara de “yo no he sido”. Los socialistas son ya solo parte de una izquierda residual europea camino del desguace, y en breve muchos en “busca y captura”, como anticipa Jesús Cacho. En ese contexto, la nueva mayoría que va a gobernar debe acertar con la política europea que conviene al país. Hay diferencias muy destacadas entre PP y Vox, pero están obligados a acotar prioridades de Estado vitales para España. Más que en políticas migratorias, con una base de consenso europeo muy mayoritario, incluidos los gobiernos socialdemócratas del Norte, es sobre todo en la posición sobre Europa donde Núñez Feijóo debería poner las líneas rojas.