Ignacio Camacho-ABC

  • Todo lo que tiene que ver con la invasión compone un cuadro donde Sánchez sale mal retratado sobre un paisaje muy antipático

Anda un cierto entorno de Sánchez presionándolo para que presente los Presupuestos a ver si así logran cambiar el foco del debate. Difícil empeño; un proyecto de números, partidas de inversión y complejos conceptos contables es poco bagaje para bajar el ruido que sube desde esa Ceuta colapsada por miles de ocupantes. Queda Ceuta para rato; el propio presidente no espera que la situación se (medio) normalice antes de las navidades. Y eso ‘sic rebus stantibus’, es decir, si se mantienen las cosas como están, sin novedades que pueden producirse en cualquier momento habida cuenta de que la ciudad vive en circunstancias inestables, en un clima de tensión donde un incidente sobrevenido es susceptible de generar alteraciones relevantes. Un polvorín social, vaya, una atmósfera inflamable que si no ha estallado ya es porque la población se está comportando con sensatez, mesura y tolerancia cabales. Una verdadera lección de temple y aguante que convendría no forzar hasta ese límite humano en que la resiliencia empieza a agotarse.

El problema del Gobierno es que no hay relato artificial capaz de soslayar u opacar la dramática peripecia real que los caballas están viviendo. En la crisis ceutí se ha reunido una serie de elementos de enorme eco en la conversación pública y en la escala de prioridades de los medios. La ineficacia del Estado, el conflicto migratorio, la defensa nacional, el papel de los servicios secretos, el equilibrio geoestratégico, la soberanía amenazada por la presión de Marruecos. Ningún señuelo político convencional puede competir con las imágenes del chabolismo en las playas, las cargas policiales o los niños camino del colegio bajo la protección del Ejército. Ningún esfuerzo a posteriori puede borrar el recuerdo de un líder de vacaciones ante un ataque híbrido extranjero cuya repercusión ha alcanzado el ámbito europeo. Ninguna promesa electoral tiene capacidad de abrirse paso en medio de una descomunal emergencia de seguridad retransmitida en directo.

Además, Ceuta refuerza el marco discursivo del adversario. Aunque la avalancha no sea estrictamente una cuestión migratoria, como pretende el sanchismo, sino un asalto fronterizo apenas disimulado, conecta con la preocupación creciente de un amplio segmento de votantes convencidos de que las llegadas irregulares se han ido de las manos. La inmigración se ha convertido en un factor clave en la decisión individual del sufragio, al punto de que Vox ha arrastrado al PP a sus planteamientos más ásperos y de que incluso muchos electores tradicionales de izquierda comparten ya las propuestas de preferencia por arraigo. La sumisión al régimen marroquí también suscita amplio rechazo, de modo que todo lo que tiene que ver con la invasión compone un cuadro en el que Pedro sale mal retratado sobre un paisaje de fondo muy antipático. Demasiado para endulzarlo con una ley presupuestaria complicada de entender y condenada con alta probabilidad al fracaso. Van a faltar nietos de exiliados para salvar este mandato.