Ramón Pérez-Maura-El Debate
  • Ayer ya hubo otros asuntos que ocuparon la portada de todos los medios. Como la apertura de juicio oral contra Begoña Gómez por el juez Peinado, cinco minutos antes de su jubilación

Es evidente que si Sánchez sigue en la Moncloa es, además de por saltarse todos los consensos constitucionales, porque tiene mucha suerte. La tragedia que ha contribuido a crear en Ceuta es la más grave que vive España desde la restauración de 1975. Sí, es más grave que el golpe de Estado del 23F porque entonces toda España, encabezada por su clase política en pleno, se manifestó unida contra el golpe. Ni Blas Piñar, a la sazón miembro de las Cortes Generales, guardó silencio en favor de los golpistas. Hoy, el PSOE intenta argumentar en favor del invasor, en lugar de defender la soberanía nacional. Y a Sánchez no le conviene nada que esto siga siendo el titular de apertura de todos los medios de comunicación.

Pues asunto resuelto para Sánchez. Por ahora. Ayer ya hubo otros asuntos que ocuparon la portada de todos los medios. Como la apertura de juicio oral contra Begoña Gómez por el juez Peinado, cinco minutos antes de su jubilación. ¿Por qué digo que Sánchez tiene suerte con esto? Esencialmente porque el PSOE ha mantenido un «relato» de que hay una conspiración de la Justicia contra ese partido y el presidente del Gobierno. Sánchez lo ha dicho con la máxima claridad: «Estoy convencido de que Peinado ha hecho mucho daño a la justicia y que no va a ser, digamos, recordado por sus instrucciones, ni por haber sido un juez imparcial». Es decir, su mujer está procesada por nada. Simplemente es el capricho de un juez sectario. Y eso a pesar de que, en el pasado, tanto el presidente como su mujer se querellaron contra él por prevaricación. Y en ambos casos el Tribunal Superior de Justicia de Madrid rechazó las querellas. Debe ser que también está politizado como toda la Justicia que no falle a favor de los intereses de Sánchez y sus adláteres.

Una de las grandes ironías de este procesamiento es la de que sea un juicio con jurado popular. A mí este tipo de proceso siempre me ha parecido un disparate. Pero hay que recordar que fue el Partido Socialista, gobernando Felipe González, quien estableció en 1995 la Ley del Jurado Popular. Y era ministro de Justicia (e Interior) un juez: Juan Alberto Belloch, después alcalde de Zaragoza. Probablemente con este proceso se va a demostrar lo disparatada que es esa ley. ¿Dónde van a encontrar nueve españoles que no tengan ni idea de la causa por la que es procesada Begoña Gómez? Desde luego no entre la gente mínimamente instruida. Que si yo me someto alguna vez a un jurado popular es la que me gustaría que me juzgue. Aun así, Sánchez parece tener mucha fe en ellos: «Yo espero que el jurado sea ecuánime y haga justicia; la justicia respecto a Begoña Gómez es la total inocencia», ha dicho el presidente del Gobierno, encantado de haberse conocido. Lo mismo que se ha dicho desde la Moncloa en el comunicado emitido este lunes: «Mantenemos nuestra plena confianza en que el jurado será ecuánime e impartirá justicia». Otrosí ¿por qué tiene que hacer un comunicado la Moncloa sobre el juicio a una ciudadana del común?

Pero la experiencia indica que, aunque Sánchez tenga confianza en que la Justicia sea favorable hacia su familia, la realidad suele ser otra. Sánchez mostró esa confianza antes del juicio a su hermano, y David Sánchez fue condenado por la Audiencia Provincial de Badajoz a nueve años de inhabilitación como cooperador necesario de un delito de prevaricación administrativa. Después de la condena resultó que esta era injusta y el presidente anunció que su hermano la recurriría. Porque, permítanme insistir, la Justicia sólo lo es cuando falla a gusto de Pedro Sánchez.

Pero como Sánchez ya tiene asentado el perverso discurso del lawfare, que los focos vuelvan a su familia y no a Ceuta es un golpe de suerte.