Juanjo Sánchez Arreseigor-El Correo

  • Es difícil que Putin gane una guerra de desgaste con un país más organizado y con voluntad de lucha apoyado por la riqueza y la tecnología de potencias occidentales

Mientras Trump parece dispuesto a incendiar el mundo con sus delirios, la guerra prosigue en Ucrania y Putin sonríe mientras ve cómo los precios del petróleo rondan entre los 90 y los 100 dólares el barril, cuando los presupuestos rusos se las apañan con precios que superen los 60 dólares. Ahora bien, tras cuatro años y medio de guerra. ¿Tiene Putin esperanzas reales de victoria todavía?

Pese al petróleo, la situación socioeconómica de Rusia roza la catástrofe. Eso se debe en parte a las durísimas sanciones occidentales, pero sobre todo a la pésima gestión económica de Putin. Es una tormenta casi perfecta, donde se combinan el desmantelamiento de las instituciones con el estatalismo arbitrario. Gran parte de la economía está controlada por oligopolios estatales gestionados por individuos seleccionados únicamente por su fidelidad perruna hacia Putin. Todo esto se ha (des)organizado de manera deliberada para asentar el poder omnímodo del dictador supremo y triturar cualquier potencial núcleo de oposición. Y desde ese punto de vista es un éxito, pero repercute de manera catastrófica en la economía.

Al mismo tiempo, gran parte de la economía privada esta cooptada por los oligarcas, que han asaltado los activos rentables del país no gracias a su talento sino a sus conexiones con el poder y se comportan como jefes de la mafia. La pequeña y mediana empresa se ve por lo tanto asfixiada entre los oligopolios públicos, los oligopolios de los oligarcas y la inseguridad jurídica completa, con leyes inexistentes o que no se cumplen o cambian de manera imprevisible. Las rebajas de sueldo a todos los empleados públicos generan una corrupción sistémica que corroe toda la sociedad rusa desde la cima hasta la base.

Todos estos factores provocan que Rusia sobreviva únicamente gracias a las exportaciones de petróleo, gas y otras materias primas. Es una economía no productiva, extractiva, rentista, típica de un país subdesarrollado. Por eso Rusia se muestra incapaz de aprovechar su población y recursos para aplastar a Ucrania. La superioridad numérica de nada sirve sin organización, industria y finanzas para entrenar y pertrechar a los reclutas hasta convertirlos en un ejército.

Si a todo lo anterior añadimos la tendencia malsana a desdeñar las vidas de los soldados, se explica que se busque compensar la falta de calidad mediante el número, y por eso se recluta carne de cañón en múltiples países del Sur Global. Sin embargo, son muy limitados los resultados que se pueden obtener con semejante tropa, sin entrenamiento y muchas veces forzados contra su voluntad.

Ahora bien, sospecho que Putin ve el conflicto de otra manera; que su mente trabaja con escalas de tiempo y costes/beneficios muy diferentes a las nuestras:

1. Las bajas carecen de importancia para Putin. Los rusos existen tan solo para trabajar y sacrificarse por la grandeza de ‘Rusia’ (es decir, de la oligarquía dirigente). Por lo tanto, perder las vidas de 220.000 rusos y sufrir otros 700.000 heridos e inválidos para arañarle a Ucrania unos pocos miles de kilómetros cuadrados es una relación coste/beneficio totalmente asumible. Por otra parte, todos esos muertos son otros tantos parados menos cuando llegue la paz. Y si al final son un millón, lo mismo.

2. El tiempo carece de importancia para Putin: Si necesita años de guerra para apoderarse de un pequeño porcentaje del territorio ucraniano, pues no está tan mal y es solo cuestión de persistir todos los años que hagan falta hasta que Ucrania colapse. Todo esto, dando por supuesto que la inferioridad numérica ucraniana los condena a la defensiva, sin oportunidad de contraatacar y recuperar los territorios perdidos. Y si Putin fallece, pues le deja adelantado trabajo a su sucesor.

¿Puede funcionar este plan? Sí, es factible. ¿Va a funcionar realmente? Probablemente no, porque es difícil que Rusia pueda ganar una guerra de desgaste con un país inferior en población, territorio y recursos, pero claramente superior en organización y voluntad de lucha de sus habitantes, apoyado por potencias occidentales muy superiores a Rusia en riqueza, industria y tecnología. Por otra parte, cuanto Putin muera, la destrucción de las instituciones y la hipercentralizacion del poder hacen muy probable que el país sufra un colapso completo, por los masivos daños internos causados por la tiranía putinista y las muy probables guerras de sucesión. Entonces los ucranianos podrían reconquistar todos los territorios perdidos, incluso Crimea.

Pero entonces el problema ya no será la agresividad rusa, sino la desintegración de un país con armas nucleares, porque incluso aunque Putin doblegase a Ucrania, los problemas internos derivados del propio régimen van a ser los mismos.