Francisco Rosell-El Debate
  • Entre tanto, mientras se destapan las tapaderas de las cloacas socialistas y sus encargos a sicarios, la izquierda ricacha dueña de casoplones enmudece y se escandaliza jeremiacamente con el desahucio judicial de una anciana madrileña en aplicación de sendas leyes socialistas

A mediados de los 70, un grupo de escritores, periodistas y otros oficiantes de mala vida dieron en fundar «la tertulia del tonto contemporáneo» bajo cobijo y fonda del sacerdote-hostelero Luis de Lezama en su madrileña «Taberna del Alabardero». Entre fías y porfías, estos cofrades alumbraron un galardón cuya divisa era una barra de tiza para el personaje que más idioteces hubiese dicho aquella añada. Ni que decir tiene que nadie acudió a recogerlo hasta el año en que dieron en otorgárselo a Luis Solana, a la sazón presidente de Telefónica y hermano del exministro y ex secretario general de la OTAN. Y allá que se plantó el mayor de los Solana luego de celebrar por anticipado tal honor por parte de aquella ilustre canalla.

No obstante, como en la comedia francesa de «La cena de los idiotas», el insólito pláceme de aquel tonto de la tiza que tan bien supo vivir de lo público desde la llegada del PSOE al poder dejó atónitos a aquellos virtuosos de la literatura y de otras pendencias. Fuera por ello o por otras razones, el mentidero periodístico ya no abriría nuevas convocatorias de una condecoración que hoy sería difícil de elucidar entre tantos pretendientes en montonera. Sin embargo, como los tiempos cambian, pero no los usos ni los vicios hechos costumbre, quizá podría transformarse aquella ocurrencia con la designación de listo contemporáneo supliendo la tiza por alguna baratija al merecerlo como pocos el expresidente Zapatero.

A estos efectos, por si no atesorara méritos bastantes, el pana ZP ha presentado sus credenciales con el escrito remitido al juez Calama sobre el origen de las joyas surgidas por arte de magia en la caja fuerte de su despacho y que, a primera hora, justificó como bisuterías heredadas por su mujer Sonsoles Espinosa y de cuya valía se burló su portavoz oficioso, Luis Arroyo, quien aún no ha dimitido como presidente del Ateneo, aseverando que no eran las joyas de Sisi emperatriz, amén de refutar que provinieran de Arabia Saudí.

Después del ultimátum del juez Calama tras haberse comprometido el 17 de junio de que desentrañaría el misterio en «una semana o, a lo sumo, diez días», el desvergonzado Zapatero esgrime hoy que las alhajas fueron un regalo «personal» del rey saudí Abdalá durante su estancia en España en 2007 y que «no tenía conciencia del valor». Esto último se entiende en un «contador de nubes» como él mismo se autodefinió, pero no se explica en quien sí entregó al Patrimonio del Estado las dádivas de menor valor.

Claro que una cosa es hacerse el tonto y otra serlo, aunque convenga parecerlo. A este fin, al año de llegar a La Moncloa como «presidente por accidente» tras la masacre yihadista de marzo de 2004 que cambió el destino de España, decretó un código de buen gobierno para presumir de «ejemplaridad» –cual virgo de cantonera, que diría Quevedo– por el que los miembros del Gobierno debían declinar «cualquier regalo, favor o servicio en condiciones ventajosas que vaya más allá de los usos habituales, sociales y de cortesía o préstamos u otras prestaciones económicas que puedan condicionar el desempeño de sus funciones». Para mayor regodeo, coincidiendo con aquella visita de Estado, Zapatero suscribió un convenio con Arabia Saudí para «prevenir la evasión fiscal en materia de impuestos sobre la renta y sobre el patrimonio» que luego se saltaría a la torera como acredita la investigación judicial contra él por un delito fiscal y otro de contrabando tras el hallazgo policial de joyas valoradas en 1,3 millones en el registro de su oficina propiedad del PSOE. Ello podría enfrentarle –de ahí que se centre en invalidar el procedimiento– hasta seis años de prisión por no declarar al Fisco esas 03 joyas, relojes y pulseras decomisadas.

Tras jugar tres meses al perro y al gato con el juez, el muy vivo Zapatero le echa la culpa al muerto –Abdalá falleció en 2015– y le endosa al magistrado instructor del «caso Plus Ultra» que sea él quien busque las pruebas cursando una comisión rogatoria a un país con el que no existe tratado de asistencia judicial penal y que jamás colaboró con la Justicia española. Pura tomadura de pelo por este ajado referente ético de la izquierda que aceptó lo que no debía y, por eso, no lo notificó escamoteándoselo al Patrimonio Nacional. ¿De cuándo acá un presente de ese monto a un presidente puede ser «estrictamente personal», como arguye sobre ese «convoluto», que diría el exembajador alemán, Guido Brunner, cuando la donación joyística coincide con el contrato del AVE a la Meca y cuyas coimas salpicaron a Juan Carlos I artífice de la multimillonaria adjudicación por su amistad con Abdalá?

… Y llamaban «bobo solemne» –como Rajoy en 2005, si bien advirtiendo del peligro que encerraba ese Bambi de grandes cuernas a un impostor para quien «ser socialista es tener muy poco y estar dispuesto a dar mucho» y que declaró al «Follonero» Jordi Évole -¿a quién si no?- en 2014: «Mis hijas [ambas hoy también imputadas] me preguntaron un día: ‘Oye, papá, ¿cuál es la diferencia entre ser de izquierdas y de derechas?’. Les dije: ‘Mirad: ser de izquierdas es preocuparse por los demás y ser de derechas, preocuparse por uno mismo’». Tal desahogo le permite estos días, después de su larga cambiada a Calama, parafraseando los versos gongorinos, andar fresquito y no tomando precisamente sopitas frías en restaurantes de lujo acompañado de príncipes de la prensa, pese a haberlo destronado como «mi príncipe» Delcy Rodríguez en favor de Sánchez.

Al igual que a éste, le importa un bledo que la gente lo maldiga por sus latrocinios a la sombra de toda satrapía tras devenir su Alianza de Civilizaciones en Alianza de Corrupciones. No obstante, es mucho decir por parte de ‘Noverdad’ Sánchez que contará con él en campaña cuando, al ser inquirido sobre el juicio a su consorte, el cazadotes haya matizado que «no es mi mujer, es Begoña Gómez». Matiza que atiza.

Entre tanto, mientras se destapan las tapaderas de las cloacas socialistas y sus encargos a sicarios, la izquierda ricacha dueña de casoplones enmudece y se escandaliza jeremiacamente con el desahucio judicial de una anciana madrileña en aplicación de sendas leyes socialistas que suprimieron la ley de rentas antiguas franquistas. Así invocan el nombre de Maricarmen [Abascal] invocan en vano –incluso en falso «¡Te apoyamos, Paquita!», exclamó el actor Carlos Bardem– para desviar la atención sobre el grave momento español haciendo que, de acuerdo con los parámetros establecidos por Stalin, el desalojo de Maricarmen sea una tragedia y el de 80.000 ceutíes una estadística. No extrañe que el espontaneo Évole, el de la calle para Santos Cerdán, se cachondee de los ceutíes comparando ambas situaciones y escarnezca la campaña del «Todos somos caballas» de los clubs de futbol.

Claro que, en este caray con el «bobo solemne» ZP y con la izquierda ricacha, la diputada del PP Ana Vázquez ha tenido que representar el papel de la «tonta del bote» presentándose en las Cortes con un spray de gas pimienta para patentizar la inseguridad de las mujeres ceutíes que le ha estallado en las manos. Al emular las rufianadas de la izquierda, esta pugnaz congresista, a la que la sobreexposición en los programas televisivos de infoentretenimiento le está pasando factura, lejos de conseguir lo que perseguía en el templo de la palabra, la sandez le ha obrado efectos contrarios. De ahí que Feijóo debiera aconsejar a los suyos precaución que la senda es peligrosa, como advertía la simpar Perlita de Huelva a los camioneros sobre los riesgos de la carrera.