Pablo Martínez Zarracina-El Correo
- La emoción actúa sobre los políticos como el oro sobre los buscadores del Far West
De pronto, el problema de la vivienda en España adquiere una identidad. Se llama Maricarmen y es madrileña, tiene 87 años y el miércoles la sacaron los antidisturbios del piso en el que ha vivido toda su vida pasando por encima de barricadas hechas con muebles y reporteros de ‘El Intermedio’. Desde un punto de vista inmobiliario, Maricarmen es también el ‘bicho’ de un piso de renta antigua en el céntrico distrito de Retiro que puede comprarse barato porque hay un inquilino dentro para venderse después, tras la fumigación, al triple de precio. Que elegir entre una anciana y un especulador sea sencillo explica la indignación. El desahucio, en cambio, lo explica una sentencia del Supremo. El contrato de renta antigua firmado por el padre de Maricarmen en 1956 y subrogado después a su madre se extinguió en 2007 en base a la Ley de Arrendamientos Urbanos aprobada por el Congreso en 1994. Casi veinte años después, los antidisturbios entran en la casa de una mujer de 87 años diciéndole que están con ella, pero que tienen que hacer su trabajo. Y la política comienza de un modo simultáneo a hacer el suyo, que no consiste en asumir la responsabilidad del estado de las cosas, sino en proceder a señalar al culpable del drama humano, que son invariablemente los demás. Ayuso y Almeida para el PSOE. La parte del Gobierno que no es Sumar para Sumar. El Gobierno al completo para el PP.
El espectáculo es frenético porque la emoción desencadenada es para los políticos como el oro para los buscadores del Far West. Quiero decir que enloquecen, ya sea por oportunismo o por temor. Y lo mismo defienden en términos progresistas leyes del franquismo que exigen expropiaciones gubernamentales a medida de un ciudadano en particular o eluden sus competencias autonómicas, y la humanidad en general, porque mostrarse cruel al parecer también da votos. La conclusión general es que el problema de la vivienda es irresoluble para un sistema ineficiente dominado por agentes desleales que encuentran en la demagogia un refugio para su propia mediocridad. La lección en términos personales es que, si los políticos, tertulianos y activistas comienzan a llamarte por tu nombre de pila, como si hubieseis ido al colegio juntos, puedes estar seguro de que estás metido en un buen lío. Si de pronto aparece el pianista James Rhodes promocionando desembolsos necesitas urgentemente un abogado, pero no uno con mucho interés en salir en la tele, sino uno normalito que defienda tus intereses en lugar de exprimir tu potencial como símbolo, víctima o consumible.
País Vasco
Rechazo o condena
La exigencia de que la izquierda abertzale condene la violencia política de mayor o menor intensidad es un clásico de la política vasca. A lo largo de los años ha generado auténticos debates bizantinos, que se redoblaron cuando la izquierda abertzale comenzó a rechazar las cosas condenables, pero no a condenarlas, lo que el resto de partidos encontró, lógicamente, rechazable. Reconozco que a mí siempre me pareció todo un poco absurdo. Al fin y al cabo, es bastante raro que tu legitimidad democrática dependa de que pronuncies una u otra palabra cuando por lo demás todo el mundo sabe perfectamente lo que piensas. Al mismo tiempo, parecía previsible que antes o después la izquierda abertzale terminase condenando, qué sé yo, unas pintadas, unas pedradas, unos destrozos, lo que situaría al país ante ese momento tan triste en el que alguien dice ‘abracadabra’ y no pasa nada. Por suerte, la política vasca es mucho más creativa y de pronto han sido PNV y PSE los que han enmendado en el Parlamento de Vitoria una moción del PP sobre el acoso a la Ertzaintza, cambiando la condena por el rechazo. El movimiento es sorprendente porque el propio Gobierno vasco condenó en su momento algunos de los incidentes a los que se refería la moción del PP. Los populares interpretaron el repentino rechazo como una compra del relato de Bildu. ¿Y qué hizo la izquierda abertzale ante esta aparente proscripción de la problemática condena, ante el triunfo histórico del conveniente rechazo? Se abstuvo, claro, puede que no entendiendo nada.