- Así lo explica el gobierno en el BOE, olvidando que la legislación proteccionista del inquilino que imperaba en el franquismo se la cepilló el PSOE
Hace ya tiempo que se venían registrando situaciones paranormales en el número 48 de la cotizada calle Sainz de Baranda de Madrid, cerca del pulmón verde del Retiro. Algunos vecinos hablan de fenómenos Poltergeist, como cuando de repente y sin explicación lógica alguna comenzaba a sonar a la vez en todos los altavoces de los pisos la sintonía del NODO. Otros refieren alucinantes apariciones espectrales, en las que un fantasma de porte pícnico y voz meliflua se paseaba acompañado por las sombras de Girón, Muñoz Grandes y Camilo Alonso Vega.
Ahora que Iker Jiménez está más centrado en la parasicología de nuestro gobierno paranormal que en la clásica de los ovnis, nadie lograba explicar los inauditos fenómenos de Sainz de Baranda, la calle en que ha vivido durante 70 años Mari Carmen Abascal con la gozosa ventajilla de su renta antigua.
Pero ahí estaba el magnífico gobierno de la «coalición progresista» para arrojar luz en las tinieblas. Tras una ardua investigación y dos decretazos a cual más comunista, los ministros y ministras y ministres del PSOE y Sumar han llegado a la conclusión de que el espectro que le amargaba la vida a Mari Carmen no era otro que el innombrable, ¡Franco! Así lo han hecho constar en la letra del BOE: la anciana desahuciada, escriben en el papel oficial, ha sido «víctima de una legislación machista y retrógrada procedente de una dictadura». Era visto.
Cincuenta años después de muerto, Franco sigue haciendo de las suyas. De cualquier modo tiene su mérito que haya logrado echar a Mari Carmen, porque su Ley de Arrendamiento de 1946 y su reforma de 1964 hacían más difícil desahuciar a un inquilino de su casa que pillar a Sánchez diciendo una verdad. Las leyes de Franco eran más podemitas que el mismísimo Podemos, pues obligaban a la prórroga forzosa del contrato de alquiler y congelaban las rentas antiguas. Eran normas sociales, pensadas para defender los intereses del inquilino en un momento en que en España todavía se sacudía las penurias de la guerra.
Del mismo modo, el Fuero del Trabajo de 1938 contiene pasajes que firmaría eso que hoy se hace llamar «la izquierda de la izquierda», como cuando reza que «el Estado se comprometerá a ejercer una acción constante y eficaz en defensa del trabajador, su vida y su trabajo». O este otro: «Todas las formas de propiedad quedan subordinadas al interés supremo de la Nación, cuyo intérprete es el Estado».
Me temo que a Mari Carmen no la echó el espectro de Franco y sus leyes, sino más bien el Partido Socialista Obrero Español, que con su Ley Boyer de 1985 y su Ley de Arrendamientos Urbanos de 1994 acabó con el colchón estatal paternalista que hasta entonces venía protegiendo a los inquilinos más apurados.
Por supuesto todo esto no figura en las leyes doctrinarias de Memoria teledirigida, por lo que este artículo es susceptible de sanción de Bolaños por recordarlo. Así que seamos buenos progresistas y progresistos y leamos el BOE puño alzado y de viva voz, repitiendo como buenos papagayos del correcto régimen el siguiente lema: a Mari Carmen la echó Franco y la ha salvado el padrecito Sánchez, el de los 265.000 desahucios en ocho años de mandato y menos pisos construidos de los que hay en una caja de Lego de un niño de seis años.