Eduardo Uriarte-Editores
Si se plantea desde el poder en una democracia crear un muro entre sus ciudadanos, los de un bando y los de otro, un muro, además, con mellas de balazos por fusilamientos al desenterrar la guerra civil, ese muro se nos cae encima a todos, aunque le haya servido impúdicamente a sus promotores para ejercer el poder.
El muro se materializa en el ataque argumental e incluso el apartheid a periodistas y jueces insumisos, infundios a la policía, a organismo de Defensa, consejo (o amenaza) para que el jurado vote la inocencia de Begoña desde la portavocía del Gobierno (a ver quién se atreve a hacer lo contrario conocida la trama gansteril contra la jueza del caso del “hermanísimo”)… Existen pruebas muy serias del desentendimiento de la labor de Gobierno, desde el apagón a las tragedias ferroviarias, carreteras y pantanos en mal estado, la educación rumbo al tercermundismo, deterioro de la seguridad ciudadana, de la sanidad, asalto de Ceuta. Todo eso y más lo han promovido los del Muro porque deben atender prioritariamente la dialéctica del enfrentamiento. En democracia no se pueden levantar ni muros ideológicos, ni fronteras, ni trincheras dentro de la nación, porque emerge el caos, anticipo de la violencia civil y subsiguiente régimen autoritario.
Por levantar el muro el Gobierno se tuvo que dedicar, más que a solucionar problemas, a hacer oposición de la oposición desentendiéndose de la gestión de lo público. Desde la vivienda a la sanidad pasando por la educación y la seguridad, todo se abandona frente a lo principal: atacar a la oposición.
Prisionero nuestro Gobierno de su esquizofrénica labor de Gobierno y oposición a la vez, más que solucionar problemas se ha dedicado en muchas ocasiones a crearlos o profundizar los existentes para capitalizarlos electoralmente responsabilizando del problema a la oposición. Desde la Pandemia (recordemos las maliciosas críticas al hospital provisional de IFEMA, tachado de error de Ayuso, hasta que lo valoró positivamente la OMS) a la Dana (“si necesitan ayuda que la pidan”), o a la invasión de Ceuta (“eso a Vivas”). La esquizofrenia es tan profunda que la vicepresidenta pide a los ciudadanos manifestarse por el desahucio de doña Maricarmen y en general por el grave problema de la vivienda que el Gobierno, al que pertenece, ha agrandado. No solo es oposición de la oposición, es oposición a su propio Gobierno. Ahora el mismísimo Gobierno intenta capitalizar la crisis de la vivienda cuando lleva ocho años gobernando.
¿Y, pero quién resuelve los problemas? Ceuta sigue padeciéndolo, pero en el caso de Maricarmen han tenido que ser el alcalde de Madrid y la Pyme buitre (que no están en el lado correcto de la historia) los que lo han hecho. ¿Pero qué le importa a la parroquia del izquierdismo cutre la solución de los problemas cuando tiene a la derecha como chivo expiatorio? Está, como Sánchez quiere, a gusto en el conflicto entre españoles.
La esquizofrenia en política lleva aparejada, además de la falta de empatía, la sustitución de la realidad por la creada en el relato promovido por el poder demagogo. Si los totalitarios se creen sus propias mentiras el populismo que padecemos las alarga en un relato interminable que concluye siempre en la responsabilidad de la derecha. El caso Maricarmen es ilustrativo, pues el Gobierno al desarrollar sorprendentemente en la introducción del decreto ley (una parte del Gobierno porque la otra tiene su propio decreto ley) su relato literario atribuye la responsabilidad del desalojo al franquismo, cuando fue precisamente éste el que dio validez a las llamadas rentas antiguas, siendo dos sensatas leyes socialistas las que pusieron límite a su privilegiado tratamiento. Una mentira más envuelta en el brillante papel de celofán del relato de buenos y malos, de los situados en el lado correcto de la historia y los culpables de todos nuestros males, aunque la realidad nada tenga que ver con ese cuento.
El resultado: afortunadamente ninguno de los decretos el Gobierno han sido aprobados, el caos surge y está en el Gobierno. ¿A qué esperan algunos de los socios, ante la resistencia de Sánchez, a ser coherentes y dar fin a la nefasta, destructiva y caótica legislatura que estamos padeciendo? Es un llamamiento, sí, porque por muchas votaciones que pierda, conculcaciones de la Constitución que realice, ocupación de Ceuta, cloacas que le rodeen, procesamiento de sus cercanos que sufra, este no dimite y convoca elecciones.