Ana Zarzalejos-El Español
  • El país que sólo ve Pedro Sánchez está en guerra civil. Así que o Sánchez o el suicidio civilizatorio.

Hemos sido convocados a decidir el futuro de nuestro país. Da igual que no hayamos podido decidir sobre la amnistía, exigir responsabilidades sobre la gestión de Adamuz, que no hayamos tenido Presupuestos Generales en cuatro años o que Ceuta siga invadida.

Todo eso es irrelevante porque, en un acto de infinita generosidad, se nos ha concedido ahora la gracia de decidir sobre nuestro futuro y situarnos en el lado correcto de la historia. Que es, por supuesto, el de Pedro Sánchez.

Sánchez ha decidido que estas elecciones no sean simplemente unas elecciones. No basta con preguntarse qué Gobierno queremos, qué balance hacemos de estos años o qué proyecto preferimos para los próximos.

El presidente nos está ofreciendo una oportunidad de redención.

«Venga, que esta vez sí que podéis hacerlo bien y votarme a mí», le ha faltado decir.

Sánchez se victimiza bien y acumula adversarios. «La peor oposición que ha conocido nuestra historia democrática», «élites económicas y sociales muy poderosas», «tiranos», «tecno-oligarcas» e incluso «especuladores».

¿Quiénes son? ¿Dónde están? ¿Cómo controlan el país?

Pedro Sánchez es como el niño de El sexto sentido, sólo él los ve y sólo él puede advertirnos de su presencia. Él habla de áticos y motosierras con la misma seriedad con la que te podría anunciar que alguien ha pulsado el botón rojo.

Entre tanto enemigo que va enumerando, a mí casi no me da tiempo de hacerme esta pregunta: si un Gobierno que lleva ocho años en el poder no es élite, ¿quién es élite?

Gracias a su superpoder, el presidente también es el único que ve los avances económicos que ha logrado España. Sánchez nos dice que España ha cosechado los mejores resultados económicos, sociales y medioambientales de un Gobierno democrático. «Los mejores», ojo.

Así que si a ti te cuesta el doble llenar la cesta de la compra, eso debe de ser que andas corto de miras. Ya está Sánchez para recordarte que el cambio ha sucedido «gracias a la entrega de muchos trabajadores».

Algo también muy revelador de su concepción colectivista del marco político. El Gobierno administra los avances y el pueblo se entrega a ellos.

Uno empieza a sospechar que el ciudadano español, además de trabajador, tiene una segunda obligación: agradecer que el Gobierno le haya mejorado la vida, aunque él todavía no lo haya notado.

Lo que está claro es que Pedro Sánchez ha fijado posiciones para la campaña electoral y ha decidido situar a los votantes en una disyuntiva de tintes guerracivilistas.

En el país que sólo ve Pedro Sánchez, «el Parlamento pisotea los intereses de la gente».

El país que sólo ve Pedro Sánchez está en guerra civil y sus ciudadanos, siempre tan preocupados por banalidades como pagar el alquiler o que el retraso del cercanías no les haga llegar tarde al trabajo, no se han enterado todavía.

Menos mal que el presidente ha convocado elecciones para contárselo. Para contarles que están ante una disyuntiva histórica que no consiste en algo tan sencillo como decidir si quieren que continúe el Gobierno que, en ocho años de legislatura, sólo ha conseguido empeorar sus vidas.

No, estamos en tiempos apocalípticos y Sánchez es el mesías que se presenta voluntario a liderarnos a través de sus tormentas. La propuesta del presidente está clara. Sánchez o barbarie. Sánchez o el suicidio civilizatorio.

Qué cosas.

Una empieza a sospechar que, en el país que describe el presidente, el único problema que tiene la democracia es que a veces no hace exactamente lo que quiere Pedro Sánchez.

La cuestión aquí va a ser si el ciudadano al que Sánchez interpela quiere entregarse a esa gran epopeya o si, antes de ponerse del lado correcto de la Historia, prefiere comprobar cómo le ha ido la vida en estos ocho años.

Qué vulgaridad.

Qué falta de heroísmo.

Pero ahí está la verdadera incógnita de estas elecciones. No si España está al borde del abismo que describe Sánchez, sino si los españoles están dispuestos a seguirle hasta caer en él.

Igual el resultado electoral del 29 de noviembre tiene más que ver con que el ciudadano haya comprendido una cosa. Pedro, si esta guerra es tuya, quizá te toque librarla solo.