- Los tres partidos mayoritarios del País Vasco están negociando la reforma del Estatuto de Autonomía excluyendo al PP.
Que Pedro Sánchez pretenda llevar la legislatura hasta su improrrogable consunción en julio de 2027 es algo de lo que los partidos vascos que le apoyan en el Congreso tienen tomada muy buena nota y para lo que actúan en consecuencia.
Lo cual viene a corroborar la profunda hipocresía con la que se manifiesta en este sentido la portavoz del PNV en el Congreso, Maribel Vaquero, y lo mismo el lehendakari Pradales o el presidente del PNV, Aitor Esteban, cuando dicen cosas como que «la legislatura está acabada», o que estamos en «los minutos de descuento», o hablan de «parálisis institucional».
Todo esto lo dicen los dirigentes del PNV, cuando por detrás de los focos están negociando con el PSOE y con Bildu en el País Vasco una reforma del Estatuto de Autonomía que se tendría que aprobar sí o sí en esta legislatura, a riesgo de que los resultados electorales de las próximas generales generen un escenario inmanejable para ellos.
Los de Bildu, al menos, no tienen el cuajo de hacer este tipo de declaraciones. Dicen otras cosas, igual de interesadas y cínicas, pero al menos no estas.
Y es que tanto el PNV como Bildu llevan embarcados desde la primavera de 2025 en conversaciones secretas con el PSE-EE en el País Vasco para negociar la reforma del Estatuto de Autonomía vasco, el único Estatuto que todavía no ha sido reformado desde su primera aprobación en 1979.
Los tres partidos mayoritarios del País Vasco decidieron crear una comisión secreta para negociar la reforma del Estatuto de Autonomía de la que, por definición, quedaba excluido el PP vasco. Lo cual da idea de lo que son los intereses políticos, que varían en función de quien los reclame y en qué contexto y para qué.
Unos partidos como los nacionalistas, que en el ámbito nacional español son minoritarios y siempre han reclamado, por eso, mayor democracia en España y que los partidos de ámbito nacional no ejerzan sobre ellos su rodillo. Cosa que, por otra parte, ha ocurrido en contadas ocasiones, y desde luego no en esta legislatura, en la ejercen de sostenedores imprescindibles del Gobierno de Sánchez.
Pero, en cambio, cuando tienen oportunidad de hacerlo ellos (como es en el País Vasco, donde son mayoritarios), no tienen ningún problema en excluir a los partidos minoritarios allí, en este caso al PP.
La exclusión del PP vasco indica ya desde el principio que tienen muy claro a lo que van. PNV, Bildu y PSE-EE, en este caso de la reforma del Estatuto vasco, están por hacer una política de bloques.
Los antecedentes de esta política se remontan a la Segunda República y a su colofón en forma de Guerra Civil, cuando, tras producirse el golpe de Estado, el PSOE, de la mano de Indalecio Prieto (principal dirigente vasco de entonces) y el PNV, con José Antonio Aguirre, decidieron negociar lo que fue el primer Estatuto vasco de la historia, el de Gernika de 1 de octubre de 1936.
Un estatuto que cumple ahora 90 años y que solo rigió en Vizcaya y algún municipio alavés y guipuzcoano colindante.
«Los hagiógrafos socialistas y nacionalistas dicen que Prieto y Aguirre son los padres fundadores de la autonomía vasca. Y no les importa excluir a la otra gran cultura política vasca: la derecha liberal, conservadora y foral»
Los hagiógrafos socialistas y nacionalistas actuales dicen, por eso, que Prieto y Aguirre son los padres fundadores de la actual autonomía vasca. Y les importa una higa (es más, lo hacen a posta) excluir a la otra gran cultura política vasca de la historia contemporánea como es la derecha liberal, conservadora y foral.
Estos tres partidos, PSE-EE, PNV y Bildu, han decidido que ahora estamos ante lo que ellos llaman una «ventana de oportunidad» para, con un legislativo propicio en Madrid (al menos en el Congreso, que es el que decide al final la aprobación de leyes) hacer una reforma del Estatuto de Autonomía a su medida.
Hasta tienen ya negociado el derecho a decidir, según ha dicho Aitor Esteban en unas recientes declaraciones. Y ya saben ustedes a lo que se refieren los nacionalistas con el derecho a decidir: que ellos se van de España llevándose un trozo de la misma, y los demás tenemos que hacerles palmas por eso.
El PSE-EE, por boca de su líder Eneko Andueza, acaba de decir que todo se hará dentro de la Constitución. Pero ya sabemos también en esta legislatura lo que eso significa en boca de un socialista.
Porque dentro de la Constitución han hecho otras cosas que no tienen pase constitucional y ahí están: una ley de amnistía, un modelo de financiación singular para Cataluña, una «ley de nietos», una legislatura entera sin Presupuestos, un vaciamiento de las cárceles vascas de etarras a base de una interpretación fraudulenta del arrepentimiento.
Que ahora pretendan satisfacer al nacionalismo vasco con una «fórmula creativa» para impulsar el derecho a decidir (seguramente utilizando de manera torticera, una vez más, la tradición foral vasca, que siempre fue monárquica y española) no constituiría ninguna sorpresa, dados los precedentes.
«El PSOE ha dicho que el Estatuto se tramitará dentro de la Constitución. Pero dentro de la Constitución han hecho otras cosas que no tienen pase constitucional»
Por lo tanto, estamos ya en las fechas límite para que veamos la presentación del proyecto de ley de reforma del Estatuto en el Parlamento Vasco. Como no lo presenten ya, en las próximas semanas, es imposible que lleguen, por mucho que Sánchez lleve la legislatura hasta el final.
Para ello se prevé una tramitación exprés en el Parlamento Vasco. De modo que para principios del año 2027 pueda empezar ya el trámite en las Cortes Generales, donde podría entrar perfectamente por la vía de urgencia.
Una vía que, para una ley orgánica como sería esta, constituiría un proceso tasado, llevado a cabo por el Congreso, y donde el previsible retardo en su paso preceptivo por el Senado, con mayoría absoluta del PP, no podría impedir que la ley acabara aprobándose a su vuelta al Congreso, en el límite mismo del final de la legislatura de Sánchez.
Esta sería la operación prevista con la que los apoyos nacionalistas vascos de Sánchez en el Congreso tratarán de culminar «su» legislatura. Y para ello cuentan con los diez meses que nos quedan si Sánchez consigue llevarla hasta el final, que es lo que siempre se han propuesto todos ellos.
Hasta que llegó lo de Ceuta, claro, con lo que, al parecer, no contaban.
*** Pedro Chacón es profesor de Historia del Pensamiento Político en la UPV-EHU