Juan Van-Halen-El Debate
  • Olga Matute, desahuciada en Hospitalet de Llobregat, se suicidó –lo había anunciado– y nadie se ocupó de ella; ni declaración, ni sentada, ni insultos a Illa. Había pedido ayuda desde el Parlamento catalán

Escribir sobre el trilero Sánchez supone desenmascarar al autócrata Sánchez. Las dos facetas se aúnan en su personalidad que, a mi juicio, siguiendo a no pocos especialistas, tiene raíces patológicas. Ahora da un golpe de mano antidemocrático, sin precedentes, que rebasa lo admisible: persigue un cambio en el censo electoral que, de no pararlo la Justicia, afectaría gravemente a la voluntad ciudadana. El dictamen de las urnas quedaría en entredicho; falsearía la realidad. El Tribunal Supremo suspendió la posibilidad de voto de 370.000 descendientes de exilados tras la Guerra Civil por una ley llamada de nietos. El Alto Tribunal pidió al gobierno que identificara a quienes cumpliesen los requisitos de la ley. Muchos se habían colado gracias a los apaños de una directora general, hermana de Puente. La Abogacía del Estado asegura que no puede resolverlo. Y así estamos.

Padeceríamos un fraude de ley, un coladero sin control. Además, al ignorarse quiénes serían los perjudicados y quiénes los falsarios, se pone al Tribunal Supremo en un brete. Si se suspende el voto de esos 370.000 censados se diría que se cercena el derecho de quiénes entre ellos lo tengan, y si no se suspende se alegaría que muchos de los votantes no tenían derecho a serlo. En no pocos municipios se sobrepasa ampliamente el censo de votantes del exterior respecto a elecciones anteriores. Incluso en municipios que no existieron hasta muchos años después resulta infumable el aumento de votantes descendientes de exiliados. Es el caso de Tres Cantos, municipio desde 1991, donde ese censo ha aumentado significativamente. Al no exigir el gobierno la documentación pertinente, que pide el Tribunal Supremo, los optantes a figurar en el censo indican su lugar de procedencia familiar y cuando no lo conocen, extraña carencia, se contabilizan en Madrid. Una manipulación y un fraude.

Estamos ante las elecciones más contaminadas de la democracia y con más violencia verbal en sus vísperas. Y aún no ha empezado la campaña. La izquierda disparata y amenaza. Entre tantos ejemplos, el presidente señaló desde Moncloa: «El Parlamento pisotea al pueblo». El Parlamento representa la soberanía nacional y Sánchez, aunque no lo respete, fue elegido por esa representación nacional. El inefable Puente escribió: «Votar con V de vivienda o con B de buitre». Podía haberse retratado: con B de bufón. Olvidó a las víctimas de Adamuz y ahora lamenta entre aspavientos la muerte de Maricarmen debida a causas naturales, no a un accidente ferroviario que su pésima gestión no evitó. Manuela Bergerot, portavoz de Más Madrid, amenazó a Ayuso en la Asamblea: «No habrá paz en las calles». Un vocero, altavoz en mano, afirmó ante el Congreso: «Cómo vamos a ser pacíficos». La ocupación de Sol, consentida por el delegado de Sánchez, el sectario Martín, está trufada de una izquierda radical. Este es el espíritu democrático de la izquierda ante las elecciones.

Olga Matute, desahuciada en Hospitalet de Llobregat, se suicidó –lo había anunciado– y nadie se ocupó de ella; ni declaración, ni sentada, ni insultos a Illa. Había pedido ayuda desde el Parlamento catalán. Maricarmen, desahuciada por una ley socialista, podía volver a casa por un acuerdo del Ayuntamiento de Madrid pactado con los propietarios del piso en que irregularmente vivía. Maricarmen lo firmó, pero desgraciadamente no pudo disfrutarlo. Sánchez, fracasado en su política de vivienda, ha asistido durante su gobierno a 280.000 desahucios. Prometió más de cien mil viviendas. Nada de nada. Desde su rampante hipocresía se considera adalid de la política de vivienda.

Como evidencia del sanchismo trilero, con criminalidad y tintes mafiosos como fondo, hemos conocido el plan para «eliminar» a Beatriz Biedma, la juez del caso del hermanísimo. Un ex juez, actitud más vergonzosa por su oficio, pidió a varios clanes de narcos que «eliminaran» a Biedma porque era «como un grano en el culo». El informe de la UCO, el relato del portavoz de un clan y la declaración de la juez Biedma ante el juez Pedraz, ponen los pelos de punta. Volveré sobre el tema. Sin olvidar el ático de Begoña, ya que Sánchez va de áticos. Sobre el Sánchez autócrata, la realidad es obscena. Confiar en el sanchismo sería como dar la llave de la cámara del Banco de España a una banda de cacos. Tienen experiencia.