Agustín Valladolid-Vozpópuli

  • A pesar de que es el ‘modelo Colau’ el que nos ha traído hasta aquí, la vivienda se confirma como el contrapeso a asuntos tan feos como el de la jueza Biedma

El Frente Amplio le ha ofrecido a Ada Colau liderar esta nueva aventura de la izquierda irredenta. Ya se sabe que Colau es la Robin Hood de la vivienda. Durante su mandato como alcaldesa de la Ciudad Condal, 2015-2023, el precio medio combinado de la compra de vivienda nueva y de segunda mano aumentó un 36%, y el del alquiler un 62%. Se pasó de pagar de media 707 euros en 2015 por un apartamento de una o dos habitaciones, dependiendo de la zona, a 1.147 en 2023.

Cifras estas extraídas del portal de datos del Ayuntamiento barcelonés, entre las que, a poco que se escarbe, descubriremos otras que confirman la “brillante” gestión realizada por la lideresa catalana: de las cerca de 400.000 viviendas que se retiraron del mercado de alquiler en el conjunto de España entre 2018 y 2025, unas 100.000 estaban en Barcelona. No en Cataluña; en Barcelona. Una de cada cuatro.

Aún no sabemos cómo acabará esta nueva operación de las élites que pastorean a la izquierda más combativa, ni por tanto si será definitivamente Colau su gran apuesta justo cuando la vivienda se ha convertido en el primer problema nacional y uno de los ejes de la campaña electoral. Lo que sí sabemos es que este modelo, el más intervencionista de toda España, impulsado por la Plataforma de Afectados por la Hipoteca que promoviera Colau, y soportado en dos leyes autonómicas de marcado acento ideológico (aprobadas en 2105 y 2020), ha sido al que se ha referido en distintas ocasiones Pedro Sánchez como ejemplo a seguir.

Cataluña, y en concreto Barcelona, han sido durante estos años el laboratorio experimental de una política de vivienda cuyos resultados están a la vista de todos. Lo sorprendente, o no tanto a la vista del resultado, es que los que la han promovido o la han asumido como propia pretendan ahora descargar en otros la responsabilidad de su propio fracaso. Por eso es importante que el “momento Maricarmen” no se diluya antes del 29-N.

El nuevo granero del PSOE

Cuanto más tarde pase Maricarmen a un segundo plano, menor será el riesgo de que se abra paso la tesis que demuestra que el ‘modelo Colau’, y sus distintas variables, han tensionado el mercado de la vivienda más que las recetas neoliberales de la derecha; y más posibilidades de éxito tendrá la huelga política convocada con el apoyo de unos sindicatos que con su obediencia vertical devalúan todavía más su precaria autonomía y ocasionan un serio daño al mecanismo democrático que regula de forma natural los contrapesos.

Cuanto más se hable de Maricarmen y menos del problema real de la vivienda, poco espacio quedará para cuestionar la idoneidad de Ada Colau como cabeza del Frente Amplio y del eslogan que estos días pregonan sus más aventajadas alumnas del Sindicato de Inquilinas: “El rentismo mata”. Si tenemos en cuenta que el 4,9% de la población total de España (lo que equivale al 5,7% de los adultos y al 9,3% de los hogares españoles) obtiene ingresos procedentes del alquiler de una vivienda habitual, en nuestro país debe haber como mínimo unos 2 millones de potenciales asesinos a los que el nombre de la exregidora barcelonesa les provoca pánico.

Va de mito del inquilinato, pero la realidad es que Colau es un regalo para sus adversarios. De confirmarse su candidatura, lo sería, desde luego, para Sánchez. Con Cataluña y Andalucía en declive, la extrema izquierda, con sus escuálidas perspectivas electorales, es el nuevo granero del PSOE. Su mejor opción para superar con cierta comodidad la barrera de los 100 diputados. Y lo que Colau garantiza es que el foco no se desvíe demasiado de la tosca y demagógica disputa sobre la vivienda, desplazando del debate asuntos de menor impacto social pero mucho más cavernosos, como el de la jueza Beatriz Biedma.

El salto cualitativo del caso Biedma

La declaración de Biedma en la Audiencia Nacional, en el marco de la investigación que se sigue por la trama de Leire Díez, eleva el listón de la responsabilidad política a niveles inasumibles, y sin duda anticipa un más que probable encarecimiento de la calificación penal. Ya no estamos únicamente hablando de una operación presuntamente financiada con dinero procedente del partido para desacreditar a jueces y miembros de la Fuerzas de Seguridad, sino en presencia de sólidos indicios que confirmarían que la jueza de Badajoz fue un objetivo a neutralizar mediante métodos violentos y una logística costeada por la misma caja que sostuvo la actividad encubierta de Leire Díez.

Con este cambio de perspectiva jurídica del caso Leire, cualitativamente decisivo, la imputación del PSOE como persona jurídica antes de las elecciones de noviembre dejaría de ser una noticia hace tiempo descontada para probablemente convertirse en uno de los ejes más relevantes por los que transcurriría la campaña. No creo que ocurra. Al menos no parece probable que Santiago Pedraz tome esa decisión antes del 29-N, ni siquiera en el caso de la Fiscalía Anticorrupción lo pidiera. Los jueces, en campaña, no dejan de hacer su trabajo, pero suelen someter sus decisiones más determinativas al filtro de la más estricta neutralidad.

Sin imputación del PSOE, la oposición no va a tener fácil colocar este asunto en la agenda de la campaña. Y, sin embargo, estamos ante uno de los hechos más graves del largo catálogo de alucinantes acontecimientos que hemos conocido en estos últimos años. Pero en Sol no hay un huequecito para defender la dignidad de la jueza Biedma. Solo cabe una Maricarmen que probablemente se sentiría horrorizada al comprobar hasta dónde son capaces de instrumentalizar su nombre; al observar cómo tiran de ella, por un lado, la irresponsabilidad ignorante de Manuela Bergerot, y por otro la torpeza de Martínez Almeida.

Tampoco le harán sitio a Beatriz Biedma ni en el Consejo de Ministros ni en la Diputación Permanente del Congreso, instituciones que, a golpe de talonario y de decreto oportunista, serán fraudulenta y convenientemente utilizadas para alterar en la medida de lo posible el dictamen de las urnas.

La cita del sábado: un ‘mísero detalle técnico’

“La salud de las democracias, cualesquiera que sean su tipo y su grado, depende de un mísero detalle técnico: el procedimiento electoral. Todo lo demás es secundario”.

(José Ortega y Gasset, 1883-1995. La rebelión de las masas)