Mikel Etxebarria Dobaran-El Correo

  • Como los bárbaros a los que se enfrentó Unamuno, algunos de los líderes actuales son prepotentes, ignorantes pero muy peligrosos

El 12 de octubre de hace ahora 90 años, en el convulso 1936, un veterano intelectual vasco, Unamuno, tuvo los arrestos suficientes para enfrentarse dialécticamente, con los argumentos de la razón y en un templo del pensamiento, la Universidad de Salamanca, a los bárbaros e intransigentes de entonces.

El tiempo es circular. Vivimos a nivel global momentos revueltos, agresivos, bélicos, en los que peligran no solo los derechos sino hasta las esperanzas. Mi nieto mayor, de doce años, me dice que parece que nos quieren llevar a una nueva guerra mundial. Además, tenemos exceso de información, a veces no fidedigna, que, lejos de hacernos la vida más apacible, nos la aturde.

Algunos de los líderes más importantes del mundo son personajillos estrafalarios, sin moral ni principios, carentes de humanidad, soberbios, prepotentes, ignorantes pero muy peligrosos. Nos transmiten que para llegar lejos en la vida -en el concepto de éxito que ellos tienen- hay que ser un déspota o un dictador, pisar muchas cabezas, actuar alocadamente antes que pensar de forma reflexiva, carecer de empatía, deshumanizar a las personas y cuando interese, destruirlas.

Para conseguir sus objetivos se valdrán de la disuasión, si es posible; del engaño, si es necesario, y de la fuerza, si no queda otro remedio. Les resultan claves la intoxicación de las redes sociales, el control de los medios de comunicación y de las instituciones del Estado, la eliminación de avances sociales como la educación y la sanidad universales y la sumisión generalizada.

Deberíamos narrar la ‘intrahistoria’, en la que solo figuren las personas de verdad que trabajan, cuidan de su familia y conviven pacíficamente

Hay personas que, obnubiladas por sus cantos de sirena -Ulises siempre presente-, caen rendidas a sus supuestos hechizos sin apercibirse de que serán sus primeras víctimas. Orwell, en sus premonitorios escritos, ya nos adelantaba los conceptos de posverdad, de hechos alternativos, de verdades oficiales, de propaganda, de neolenguaje.

No estamos ante fenómenos extraordinarios, sino que son recurrentes en el devenir de la Humanidad. Suceden no solo en la geopolítica sino también en el mundo más cercano, en nuestras empresas, organizaciones y hasta familias. Hay que poner pie en pared ante el intento de eliminar los valores humanistas. Pueden dar la impresión de vencer, pero nunca lo harán, porque vencer es mantener la victoria en el tiempo y no lo van a lograr. Tampoco convencerán, porque la ausencia de principios, de respeto, de democracia no aporta nada a la construcción de un auténtico ser humano.

¿Qué se puede hacer? Desde luego, defender con uñas y dientes el humanismo. Por ejemplo, lo hacemos desde la renacida Asociación Unamuno Elkartea, en la que, no obstante, celebramos este año nuestro 40 aniversario, siguiendo el legado de nuestro maestro. Hasta ahora, hemos organizado, gracias a la colaboración -que agradecemos en el alma- de la Universidad de Deusto, de la Biblioteca Bidebarrieta y de la EHU, lecturas de poesías y varias conferencias, algunas enmarcadas en una primera semana unamuniana. Estamos ahora organizando, con la generosa implicación de las instituciones citadas, nuevas conferencias para realizarlas de aquí a fin de año, contando con ilustres ponentes, enmarcadas algunas de ellas en una segunda semana unamuniana y relacionando a nuestro pensador con el teatro, la cocotología (como él llamaba a la papiroflexia), la literatura o su extraña muerte.

Les resultan claves la intoxicación de las redes sociales, el control de las instituciones y la eliminación de los avances sociales

Por otra parte, habría que reescribir la Historia. Me explico. No hay nada nuevo bajo el sol. Los perfiles psicópatas se han dado siempre. Los libros de Historia están jalonados con su presencia y dado que aparecer en ellos les pone, deberíamos narrar la ‘intrahistoria’ a la que se refería Unamuno, en la que solo figuren la gente corriente, las personas de verdad, las que se han dedicado a trabajar y a cuidar de su familia conviviendo pacíficamente y siendo solidarios con sus vecinos.

Por último, no queremos dejar pasar la oportunidad de agradecer al Ayuntamiento de Bilbao y a la Casa-Museo Unamuno de la USAL que este año el ‘día de Unamuno’ se haya programado mucho más extenso con el añadido de una exposición temporal en referencia a la no siempre valorada ni conocida relación del pensador con la ciencia. Y también reconocemos el apoyo para realizar una edición bilingüe euskera-castellano de ‘Recuerdos de niñez y mocedad’, con lo que, además de acercarlo a los jóvenes, fomentamos la lectura, que buena falta nos hace.

Aunque Unamuno, cuando tuvo enfrente a los fanáticos de su época -como indicaba al principio- les dijo valientemente que vencerán porque tienen la fuerza bruta pero que no convencerán porque no tienen la razón; apelando a la esperanza y al legado del ilustre bilbaino, nos atrevemos a vaticinar que los actuales barbaros ni vencerán ni convencerán.