Luis Ventoso-El Debate
  • Tenemos un presidente que durante más de dos meses nos ha ocultado que había barcos de guerra marroquíes en Ceuta durante la invasión y que mientras tanto ensalzaba la cooperación de Mohamed VI

El sanchismo es, por desgracia, un fértil vergel de sorpresas para los que nos dedicamos al periodismo. Cuando estás relatando una barbaridad del Gobierno, enseguida llega otra que la solapa y supera.

Este lunes, en la mañana de la Fiesta Nacional y en la víspera del viaje de los Reyes a Ceuta, el periódico apologista del PSOE, El País, sorprendía publicando una noticia de gran calado, que deja a Sánchez a la altura del betún (quién sabe, igual lo ven ya de salida y están recolocándose…). Los días 30 y 31 de julio, una fragata y varias patrulleras de la Marina Real de Marruecos entraron en las aguas españolas de Ceuta. La situación obligó a enviar allí navíos de nuestra Armada, que estuvieron a punto de colisionar con los marroquíes, en medio de una alta tensión que continuó en los primeros días de agosto.

¿Es cierta la información? El propio Sánchez la confirmó ayer en los corrillos con la prensa en el Palacio Real. Sin embargo, le restó toda importancia, calificando lo sucedido de «hechos puntuales» en «unos días muy intensos». Y abur. Ningún problema.

Además, El Debate revela este martes que durante la invasión de los días 30 y 31 de julio, el Gobierno impidió que los militares españoles aplicasen el plan de contingencia previsto para envites así. Brazos caídos.

Como es evidente, el todavía presidente del Gobierno nos ha tomado por imbéciles. Durante dos meses y once días, él y sus ministros -ay, Margarita- han ocultado a los españoles que al tiempo que sucedía la invasión terrestre había naves de guerra marroquíes frente a Ceuta, lo que viene a ratificar que no hubo nada de espontáneo en el asalto a la ciudad, fruto de un plan ordenado por Mohamed VI. Sánchez se guardó el importante dato de los buques de guerra alauitas, y además, en lugar de denunciar a Marruecos se dedicaba a ensalzar una y otra vez su supuesta cooperación.

Su comportamiento en la crisis de Ceuta ha sido el de un traidor. El repaso resulta deprimente:

– Elogió a quién nos atacaba y no le hizo frente.

-Mintió sobre las cifras de cuantos habían entrado, que fueron bailando una y otra vez.

-Toleró los campamentos insalubres y peligrosos en las playas de la ciudad española, con una imagen lamentable dando la vuelta al mundo (se ha visto que era fácil desalojarlos policialmente, pero solo lo ha hecho ante la visita de los Reyes).

-Calificó el ataque de «violación de nuestra integridad territorial». Pero lo resolvió con una visita de médico a Ceuta y largándose raudo a la Mareta, donde permaneció oculto y pasivo, tomando el sol en lo más duro de la crisis y mientras los ceutíes sufrían.

-Mintió, al igual que Marlaska, negando que existiesen informes de inteligencia sobre lo que podía pasar, probados más tarde por la propia publicación de los mismos y por la dimisión del delegado y subdelegado en Ceuta.

-No ha tenido la más mínima «empatía», su frase de moda con la pobre Mari Carmen, ni el más mínimo rasgo de humanidad o queja ante las más de 140 personas que murieron en Ceuta por la repugnante iniciativa de Mohamed VI.

-Lanzó una vil campaña de desprecio a Vivas, intentando lavarse las manos y empaquetarle la crisis humanitaria y de seguridad. Hasta lanzó invectivas contra el Rey, reprochándole que «no ha visitado Ceuta en sus 20 años de reinado» (mintiendo hasta en eso, pues son 12).

-De propina, el insólito gesto de un chiflado: en plena crisis por la invasión, no se le ocurrió idea más frívola que ponerse a subir sus canciones de verano en un vídeo de TikTok.

Sacarlo del poder se ha convertido en una cuestión de higiene pública. Por ello es de agradecer que el Supremo haya estado en su sitio y mantenga la paralización de la fábrica de votos que tenía en marcha el PSOE en América. El Alto Tribunal ha resistido la presión autoritaria del presidente y sus ministros cancerberos, que llevan semanas poniéndolo a parir. La decisión judicial les ha sentado a cuerno quemado por una sencilla razón: los han pillado con el pastel en el horno y humeando.

Con unas elecciones limpias, Sánchez está fuera. La mayoría de los españoles no quieren en la Moncloa a un presidente rehén de Marruecos -¡qué no habría en aquel móvil!- y que traiciona a su país con semejante desparpajo.