Gabriel Sanz-Vospópuli

  • Si a medianoche de este viernes se inscriben para el 29-N dos candidaturas a la izquierda del PSOE, Frente Amplío y Podemos, Pedro Sánchez no tendrá posibilidades de reeditar gobierno

Cartas boca arriba: si en la medianoche de este viernes al sábado 17, cuando concluye el plazo para que los partidos y coaliciones se inscriban a las elecciones generales del 29 de noviembre ante la Junta Electoral Central, hay presentadas dos listas a la izquierda del PSOE, una de ese Frente Amplio que viene a sustituir a Sumar, y otra de Podemos, Pedro Sánchez ya puede despedirse de La Moncloa.

La actual fórmula de Gobierno progresista apoyado por nacionalismos varios catalanes, vascos, gallegos y valenciano, no llegaría en ese caso, ni de lejos, a sumar los 176 escaños de mayoría absoluta necesarios para cualquier investidura del presidente del gobierno.

El sistema d´Hont de conversión de votos en diputados, elegido por nuestros padres de la Constitución hace medio siglo favorece la proporcionalidad, cierto, pero penaliza la división en un mismo espacio, sobre todo a quienes no alcanzan el 10% de sufragios en toda España; y eso es lo que les auguran todos los sondeos a las formaciones lideradas por la ex alcaldesa de Barcelona Ada Colau y por Irene Montero: no más de un 6% de voto a la ex alcaldesa de la Ciudad Condal, no más de un 2,8% a la ex ministra y pareja de Pablo Iglesias.

De 33 diputados a diez, como mucho

Así que a esta hora ya se puede afirmar, sin temor a equivocarse, que ninguna estará en disposición de arañar el cuarto o quinto diputado de, por lo menos, 40 de las 52 provincias españolas que forman esa España interior que otorga más de 220 de los 350 a repartir; justo donde PP (primero) y Vox (tercero) van a lograr el grueso de sus apoyos en detrimento del PSOE (segundo).

Es decir, esos 220 se los repartirán todos Alberto Núñez Feijóo, Sánchez y Santiago Abascal, por este orden; es más, me atrevo a pronosticar que, dada la exhibición de caos que está dando la izquierda verdadera, el llamado Frente Amplio que pretende heredar lo que fueron aquel Sumar y Yolanda Díaz en los comicios de 2023, acabará apareciendo como un Frente Estrecho desde la misma noche electoral del 29N.

Todas las encuestas pronostican que los 33 actuales diputados de Sumar se van a ver reducidos a 9/10 del Frente Amplio logrados a duras penas entre Madrid, la Barcelona de Colau, Sevilla, Córdoba, Zaragoza y Palma de Mallorca; incluso a Irene Montero le costará sacar el escaño de Podemos por Madrid dada la alta participación que prevén las casas de sondeos -superior al 70%- y lo caro que se va a poner cada escaño en esas circunstancias.

Hasta aquí les he hablado de matemática electoral, tozuda, por más que en la noche electoral todos los partidos ganen y ninguno pierda, ya me entienden. Ahora me gustaría detenerme en esa vocación suicida de esa izquierda, que nunca entenderé.

¿Solución? Una Colau a la que “nadie quiere”

Empezó un 18 de febrero con gran fanfarria en un lugar mítico de la contracultura madrileña, la Sala Galileo y con el morbo de ver juntos a Gabriel Rufián y Emilio Delgado moderados por la estrella mediática rutilante en aquel momento: Sarah Santaolalla. Aquello se nos presentó como una epifanía de lo que iba a ser “la unidad de la izquierda” en los meses venideros.

Pero fuéronse y no hubo nada ya en los días siguientes. Un Rufián despechado por los celos y los odios orgánicos de siempre se alejó de aquel invento madrileño mientras tensionaba su relación personal con ERC, dejó a Delgado y en Barcelona elegiría a Irene Montero para otra epifanía pocos meses más tarde.

Entre tanto, Sumar perdía tiempo como mejor sabe hacer: debatiendo sobre el debate. Con Yolanda Díaz retirada, es decir, descabezado, se sumió en diversas crisis interna mientras el ministro Pablo Bustinduy decía no a quienes le pedían que liderará, otros ministro, Ernest Urtasun se dejaba querer pero nadie le quería, y Mónica García hasta se autopropuso, sin éxito, para liderar el Frente Amplio. Solución: una Ada Colau a la que “nadie quiere” (sic, dicho por varios de ese espacio a este periodista) pero que iba a recomponer la unidad con Podemos.

Y en esas llegan ERC y Rufián, “traicionan” al Frente Amplio para fastidiar a su íntima enemiga desde los tiempos del Procés, Ada Colau, y se proponen como Marca Podemos en Cataluña fastidiando definitivamente esa supuesta unidad de la izquierda verdadera; y, por extensión, la única posibilidad que le quedaba a Pedro Sánchez de seguir en La Moncloa y al Gobierno progresista de seguir en el machito… ¿Ustedes entienden algo? Yo nada.