Ignacio Camacho-ABC
- Después de Begoña, David merece otro desagravio. En el próximo mitin debería salir al escenario y tocar la Danza de las Chirimoyas al piano
Está a cinco minutos o a dos mítines de abrazarse con Leire en el escenario. O de hacerse acompañar, genio y figura, nada de lo que arrepentirse, por el ex fiscal general para anunciar que va a indultarlo. Antes de las elecciones, por si acaso. Zapatero y Cerdán ya deben de estar calentando. Cualquier fin de semana declara el día del Orgullo Corrupto y se sube en una carroza con los 125 imputados. Si no estuviera preso hasta podría llamar a Ábalos, que al fin y al cabo estaba, como el propio Pedro, profundamente enamorado. Eso sí, después del beso a su esposa, ‘free Bego’, resulta imperativo que en el próximo acto saque a David y lo ponga a tocar la Danza de las Chirimoyas al piano. El bueno del hermano también merece un gesto de desagravio.
Aún está a tiempo de meter a Begoña en una lista para que la absuelva con su voto el pueblo. Si no lo hace será porque se trata de una maniobra de riesgo: con el juicio oral ya abierto por el instructor, el caso pasaría al Supremo sin necesidad de pedir suplicatorio al Congreso, y el criterio de la Sala Penal puede ser más estricto que el de un jurado heterogéneo. Pero la posibilidad existe, y el aire desafiante con que el Gobierno está abordando esta campaña facilita el contexto. La cosa va de repetir la estrategia de 2023, cuando los guionistas decidieron resignificar a favor del candidato el insulto de `perro´ convirtiéndolo en meme publicitario con notable éxito. Sólo que esta vez, con los jueces por medio, pueden estar jugando con fuego.
Montse Mínguez no ha corrido la misma suerte. No ha hecho nada ilegal, que se sepa: su pecado, que no delito, consiste en una pareja dedicada a la especulación con viviendas. Un minifondo buitre, negocio satanizado por la izquierda aunque medio Consejo de Ministros tenga propiedades inmobiliarias en renta. Claro que su discurso –el oficial, que repetía al pie de la letra– era hipócrita, pero no menos que la vehemencia con que Sánchez y sus pretorianos sostenían la inconstitucionalidad de la amnistía hasta un segundo antes de concederla a cambio de los votos para revalidar la presidencia. El problema de la portavoz cesada –hasta la han bajado a patadas de la plancha de Lérida– es que en lugar de un marido poderoso que la defienda tiene un novio rico en posición políticamente incorrecta. Anatema, anatema.
La conclusión parece clara: los socialistas dan la corrupción por amortizada. Tienen poco que perder y han optado por el descaro –ellos lo llaman audacia– y la agitación populista para reducir distancias. Si Pumpido les salva la ley de nietos, y ahora que Gabilondo le ha servido en bandeja el recurso es probable que lo haga, aún estarán en condiciones de acortarlas más de lo que pensaban, pero no se pueden permitir que una secundaria como Mínguez les arruine el intento de remontada. La exhibición de Begoña es el símbolo de una proclama de contumacia: sostenella y no enmendalla. Si la operación fracasa será ella misma la que reciba en la escalinata de Moncloa al camión de mudanzas.