Bieito Rubido-El Debate
  • Hay una norma no escrita que mantiene que en los procesos electorales no se hacen públicos los avances de las investigaciones de presuntos delitos de los políticos. No estoy de acuerdo porque el ciudadano tiene derecho a saber, a conocer y a no olvidar

El sanchismo, la versión más cutre del socialismo, se empeña en levantar cortinas de humo para que no hablemos de lo que de verdad importa. Forma parte de una estrategia bien conocida, pero conviene no olvidar Ceuta, la corrupción, la amnistía a los golpistas, la libertad de los asesinos etarras, la puesta en la calle de los violadores, la carestía de la vida, los muertos de Adamuz, su negligencia en la dana valenciana, las conexiones venezolanas, las joyas de Zapatero y tantos otros hechos relevantes que definen al sanchismo y su forma abrasiva de gobernar. No podemos borrar de nuestra memoria todas estas cuestiones porque nos va en ello la supervivencia de la democracia española tal y como la conocemos.

Condenar al olvido las cuestiones señaladas más arriba sería una tremenda injusticia. Es algo así como condenar a una segunda muerte a las víctimas de Adamuz, a los asesinados por ETA, a las familias que siguen sufriendo en Ceuta. En este caso, no es cierto que el tiempo cure todas las heridas. Ahora mismo están muy abiertas y Sánchez y algunos de sus segundones gustan de verter acíbar y vinagre en las lesiones del cuerpo social español. Voy más lejos: la desmemoria en estos asuntos sería una ingratitud con aquellos que nos han defendido. Por ejemplo, los ceutíes, los caballas, que se levantaron en defensa de la integridad territorial de nuestra nación, mientras Sánchez, en el mayor gesto de desprecio y molicie, se tiraba a la bartola, con nuestro dinero, en La Mareta.

Es imposible relegar en nuestra razón y en nuestro corazón semejante ofensa. No es Ceuta solamente. Insisto: la corrupción ha alcanzado con el sanchismo su mayor expresión de maldad y de cutrez. En varias ocasiones alerté en esta misma sección –y antes de que se conocieran los detalles que ahora dominamos– de que las cloacas son el peor de todos los casos de corrupción que empapan el cuerpo social que rodea al Gobierno. A medida que se vayan conociendo los detalles que ya controlan la Guardia Civil y la Fiscalía Anticorrupción, no vamos a dar crédito.

Hay una norma no escrita, con la que no estoy de acuerdo, que mantiene que en los procesos electorales no se hacen públicos los avances de las investigaciones de presuntos delitos de los políticos. No estoy de acuerdo porque el ciudadano tiene derecho a saber, a conocer y a no olvidar. Las próximas elecciones son trascendentales para el futuro de España. No nos podemos permitir el lujo de dejar que nuestra memoria ya no se ocupe de la amplia panoplia de desafueros que este gobierno ha cometido. En este caso no está permitido olvidar lo que nos ha hecho daño. De aquí al 29 de noviembre habrá que recordar a Ceuta, a las cloacas del PSOE, a la corrupción y a las víctimas de la negligencia del gobierno que más ha operado contra su propio pueblo, el de Sánchez.