Pablo Martínez Zarracina-El Correo

  • Vitoria vive un lanzamiento en el que el inquilino y el propietario son vulnerables

Hace quince días, en su primera entrevista tras el adelanto electoral, Pedro Sánchez quiso mostrarse taxativo: «Mi compromiso es que no se va a producir ningún desahucio más en lo que queda de legislatura». Imagino que los vitorianos que pasaron ayer por Sansomendi y se encontraron con las protestas, la tensión, las pedradas y las cargas policiales, debieron de pensar que había llegado Vito Quiles. O los ciclistas (muy) rezagados de la etapa aquella de la Vuelta. Porque un desahucio no podía ser, al haberlos prohibido el Gobierno el día 6 mediante un decreto ley, mediante otro decreto ley, en realidad.

Pues no: era un desahucio. Uno como una casa, si me lo permiten. Cierto que el compromiso presidencial se refería a los desahucios de inquilinos vulnerables. Justo como los de Sansomendi: un matrimonio de origen extranjero con seis menores a su cargo que percibe ayudas del Ayuntamiento. He repasado la entrevista por si Pedro Sánchez excluía de la protección gubernamental justo a los inquilinos vulnerables residentes en Vitoria. «A esos en concreto no, como usted comprenderá». Pero tampoco. El desahucio de Vitoria era, en realidad, una refutación tumultuosa a la campaña ventajista de los buitres: el propietario del piso también es vulnerable. Lleva cinco años intentando recuperar su piso y está viviendo en una habitación de alquiler con su mujer embarazada.

Como imagino que a todo el mundo le parece bien que el propietario de una casa viva en ella si la necesita, las protestas de ayer se explican porque el inquilino se iba a la calle sin una alternativa. Bueno, por eso y porque en el País Vasco pegarse con la Policía es una forma siempre latente de socialización e intercambio de feromonas. Respecto a lo primero, el Ayuntamiento de Vitoria no contempla la adjudicación de un alojamiento para la familia desahuciada porque tiene ingresos y ha rechazado un recurso provisional. Parece que los ingresos incluyen 2.454 euros mensuales de ayudas públicas. La familia alega que nadie quiere alquilarles nada. Que lo ocurrido ayer en Vitoria, con toda su complejidad pedagógica, apenas roce la campaña electoral confirma cómo funciona lo de que el tema del 29-N es la vivienda. Ayer, un día después de que el tema fuese la IA, el tema pasó a ser el feminismo porque Feijóo le dijo a Aimar Bretos que él se crio entre mujeres. Son las cosas que pasan cuando un candidato se sienta frente a un periodista. También cuando un candidato, madre del amor hermoso, no lleva preparada a estas alturas la pregunta del feminismo.

  1. Literatura

    Agua para la IA

El peruano David Silva Rojas ganó en julio un premio de novela internacional dotado con 20.000 euros. Lo hizo con su libro ‘Donde el agua trabaja’. El título parecía estar relacionado con el tema de la novela -la explotación laboral en los viñedos del Perú-, pero puede que en realidad se refiriese al agua que requiere la Inteligencia Artificial para la refrigeración de los centros de datos. Lo han adivinado: todo apunta a que la novela contiene un 99% de texto generado por IA. Y se ha montado un escándalo. Llega después de que al escritor canadiense de origen haitiano Thélyson Orelien le diese la patada su editorial tras pillarle demasiadas trazas de IA en una novela -autobiográfica además, o sea, repleta de verdad- con la que aspiraba al Goncourt. La situación ya se ve que es preocupante. Lo segundo que hay que hacer es comenzar a pasarles a los libros el detector de ChatGPT. Lo primero, claro, moderar los elogios editoriales, que suelen ser apabullantes. «Es magistral el uso de los silencios. Tal vez justamente el silencio sea lo más elocuente de la novela», celebró la presidenta del jurado que premio a Silva Rojas. Cierto que la mujer también podría mantener ahora su valoración: «Si se fijan, yo no dije nada de las palabras, yo dije que me gustaban los silencios». El autor peruano declaró por su parte que él, para escribir la obra ganadora, se había inspirado mucho en el haiku japonés. Pensando mal, eso se explica porque, llegado el caso, para el haiku japonés con tres versitos basta: «Ponte, cacharro, / a escribir un librazo: / mi obra maestra».