Tonia Etxarri-El Correo
El vandalismo que se ha desatado en los últimos días en Francia, Italia y Bélgica, y se ha trasladado ya a Barcelona desde este fin de semana, ha irrumpido en nuestro país, en tiempo electoral, añadiendo un factor de confrontación y desestabilización en la campaña.
Salvador Illa dice que la violencia no tiene cabida en Cataluña . No tendría que tener hueco, desde luego. Pero el caso es que la tiene. Hemos visto a grupos –¿ de qué ideología?– atacando cualquier icono de producción y progreso que ellos identifican con el capitalismo. Los heridos, de gravedad. Los desperdicios, cuantiosos. Y el miedo se palpó en pleno centro de la ciudad condal. La Moncloa se ha mantenido silente durante el fin de semana. Aguardó hasta ayer, lunes, para dejar sobre la mesa el dardo con el mismo envoltorio utilizado por Ada Colau y Gabriel Rufián: la extrema derecha debe de estar detrás de esta operación de desestabilización. Sánchez, que está bailón y contento, no ha dicho ni pío. Pero sus ministros han suscrito el lema. Una pregunta: ¿la extrema derecha va ataviada con banderas palestinas? Si no hay más que ver las imágenes de los altercados… Todos los sindicatos policiales los ubican en la extrema izquierda.
Es cierto que estos episodios provocan reacción en buena parte del electorado, temeroso de perder espacios de convivencia y seguridad. Y buscan depositar su confianza en quienes les pueda garantizar mayor orden y control sobre los desmanes. Ese sería el primer efecto. Pero hay una segunda consecuencia. A Pedro Sánchez le interesa que suba Vox para que el PP, la única opción de alternancia de gobierno, se debilite . Y con el señuelo del miedo a Vox, acabe siendo él el beneficiado.
Todavía queda mucho para las urnas. El panorama político, desde que el presidente y candidato levantó su muro, se divide en bloques. Amor/odio. Democracia/ caudillismo. División de poderes/ injerencia gubernamental. Ultraderecha y ultraizquierda, claro.
Los socialistas han logrado activar en dos semanas, según los ‘ trackings’ internos, a un 10% de su electorado abstencionista. Por eso Sánchez se muestra confiado. Porque el PP cae algo y Vox se fortalece. El socialismo bailón necesita seguir movilizando a su electorado para que acuda a las urnas. Y que no haga como Felipe González y emita su papeleta en blanco. Van haciendo la cobra a las mujeres de Ceuta, a la corrupción judicializada, a la vivienda que se les fue de las manos con la dimisión de la portavoz socialista y a la renuncia del delegado de Gobierno de Madrid, que se va sin levantar la acampada ilegal de Sol. Pedro Sánchez intentará pasar página. Con el franquismo y las pensiones en el mismo saco.
Ayer, la universidad de Deusto se blindó a cal y canto durante toda la tarde porque el activista Vito Quiles, una sola persona , tenía un acto frente al recinto, que al final suspendió. La institución dijo que rechaza las actuaciones y los mensajes que incitan a la violencia, aunque no parece que los violentos necesiten excusas. Se provocan ellos solos. Pero si miles de jóvenes se manifestaron contra este personaje que solo busca notoriedad es porque la izquierda necesita movilizar la calle. No tanto para protestar por los problemas que no se han resuelto en ocho años de sanchismo sino como advertencia ante un posible cambio de gobierno. Campaña envenenada.