Nuestro paso por el mundo –nuestra vida- no deja de ser un misterio, algo que no entendemos y que se escapa totalmente de nuestra comprensión. Sin embargo, no queda otra que avanzar como se pueda y tirar hacia adelante. Con todas las limitaciones que se quiera, formamos criterios para orientarnos mal que bien: para ello necesitamos inexcusablemente de pensamiento y lenguaje. Es cierto que el sentido del humor es imprescindible para ir por la vida, pero deberíamos saber a la vez hablar en serio y no a lo tonto.
El año 2008, Javier Marías dijo en Sobre la dificultad de contar, su discurso de entrada en la Real Academia Española, que asistimos a los sucesos «desde nuestra subjetividad irremediable y desde un solo punto de vista». De forma inevitable, cada cual atiende (o desatiende) lo que ve desde su sola perspectiva. Esto es necesario, pero es insuficiente para captar todo lo que encierra la realidad que llega a afectarnos. De este modo, estamos obligados a movernos por tanteos sucesivos.
La lengua, dijo el nuevo académico, «está condicionada por las convenciones y por el pacto con los demás hablantes». Es evidente y todos estaremos de acuerdo, aunque a menudo no lo tengamos en cuenta o lo olvidemos enseguida. En cualquier caso, afirmó Marías, «la lengua traduce la realidad o lo existente», y apostilló: «lo está traduciendo al denominarlo».
Ciertamente, nuestra subjetividad irremediable puede ser más pobre o más rica. Debe entrenarse y varía con la experiencia, mejor o peor rebobinada. Es capital que nuestro punto de vista sea ‘nuestro’, no uno aceptado sin reflexión. Sólo así podemos eludir la esclavitud mental, gravísima realidad que falsifica y destroza innumerables vidas humanas. El gran novelista y dramaturgo estadounidense Thornton Wilder escribió hace ochenta años una frase que me parece sobrecogedora: imprisonment of the body is bitter, imprisonment of the mind is worse; es decir, es amargo estar preso, pero peor aún es estar enjaulado entre hierros mentales y no darse cuenta.
El compromiso más auténtico y profundo de un autor no es el que se expresa por una consigna política, sea cual sea; el lado correcto de la historia, dicen los farsantes y malintencionados. El compromiso más auténtico de un autor corresponde a su sentido de responsabilidad en todo cuanto hace. Cuando se trata de combinar palabras a veces las personas encuentran «la formulación de un pensamiento que les atañe o que les lleva a entender un poco más el misterio de pasar por el mundo, o una imagen iluminadora e insólita». La literatura, proseguía el gran autor, es per se algo incompleto, impreciso y ambivalente, que requiere siempre de la imaginación del lector; a quien se le debe brindar el máximo respeto personal.
En todo caso, lo que puede impulsar a un escritor a escribir un poco más (se entiende, a un escritor que vaya en la onda de la que estamos hablando) es reconocer que queda mucho por explorar, desarrollar y desentrañar y mucho en lo que pensar.
Cuando se es altanero y soberbio, el orgullo de la posesión de conocimiento y talento siega todo rastro de amor, que es el mejor administrador del mundo que puede soñarse. No hay que dejar de cultivar virtudes como la perseverancia, la entereza y el agradecimiento. De Javier Marías admiro muchísimas cosas, una de ellas parece mínima, pero la entiendo muy significativa de su calidad personal: así, su forma generosa, totalmente desinteresada y cariñosa de traernos el recuerdo de personas como el malogrado Aliocha Coll o la traductora literaria Elke Wehr, por citar sólo dos ejemplos. O de manifestar con franqueza por qué frecuentaba a Shakespeare, reconocido por él como una fuente de fertilidad, al ser autor de frases que «contienen más de lo que dicen, o de que, además de decir lo que dicen, dejan flotando en el aire una niebla de sentidos y posibilidades de resonancias y ecos, de ambigüedades y contradicciones».
Absorber todo lo que se pueda de las obras de estos autores nos conduce inevitablemente a la originalidad, a la solidaridad y a la gratitud, siempre concretas y veraces. Y a esto se nos invita también.