- Mayo del 68 fue el comienzo, y me temo que las protestas actuales prefiguran el final, con la participación estelar de los alegres bárbaros de segunda generación.
La sombra de mayo de 1968 en otoño de 2026. Así titulaba Ana Alonso una noticia en El Independiente, que comparaba los actuales disturbios de Francia con los icónicos movimientos de los años 60.
Es cierto, hay ciertas similitudes: ambos comenzaron con protestas estudiantiles y reivindicaciones concretas, que derivaron en violencia y enfrentamientos con la policía.
Por lo demás, poco tienen que ver.
Recuerda Carlos Granés que en el Zúrich de la Primera Guerra Mundial convivían, a escasa distancia, dos proyectos revolucionarios.
Uno era político y criminal, el de Lenin y sus bolcheviques, que preparaban el asalto al Estado. Otro era artístico y gamberro, el de los dadaístas que, desde el Cabaret Voltaire, pretendían transgredir y escandalizar a la sociedad.
La tesis de Granés es que, finalmente, fue la revolución gamberra la que inadvertidamente triunfó, y ahora todos nosotros somos herederos de ella.
Fueron las sucesivas vanguardias artísticas (el dadaísmo, el surrealismo, el situacionismo…) las que gradualmente impregnaron la sociedad.
No es que la gente se hiciera conscientemente dadaísta o surrealista (la mayoría no ha oído hablar de ellos), sino que muchas propuestas de esos movimientos han acabado integradas incluso en la publicidad.
Si han visto Mad Men, recordarán que el publicista Don Draper se da cuenta de que, en el tránsito de la industriosa sociedad de los cincuenta a la hedonista de los sesenta, la mercancía que mejor vende es la «autenticidad», una de las propuestas de la vanguardia beat y hippie.
Y así la serie finaliza con un famoso anuncio en el que «lo auténtico» (the real thing) resulta ser nada menos que la Coca-Cola.
El consumismo ha deglutido las propuestas del vanguardismo y lo ha regurgitado en forma de anuncio de refresco.
Y esta es la paradoja final: los dadaístas, surrealistas, situacionistas, hippies y otras vanguardias querían destruir la sociedad burguesa, pero muchas de sus reivindicaciones fueron absorbidas por el propio capitalismo.
Los estudiantes que se manifestaban en Mayo del 68 cuestionaban todo, pero seguían, como siempre, siendo esclavos de la moda.
Y la moda la dictaba la izquierda, y por eso el primer acto de Mayo del 68 fue el encierro de Cohn-Bendit para protestar contra la intervención norteamericana en Vietnam (guerra empezada, por cierto, por los propios franceses).
Con la moda estaba el sexo, y por eso el pistoletazo de salida fueron las protestas en Nanterre por la separación estricta entre residencias masculinas y femeninas.
Estos eran los motores de Mayo del 68, y conviene ver Soñadores, de Bertolucci, para entender que cualquier intento de explicación ideológica, política o racional tiene poco sentido.
En este ambiente, los situacionistas de Guy Debord proporcionaron un cierto hilo argumental, propuestas vagas y muchos eslóganes: bajo los adoquines, la playa, la imaginación al poder, no trabajéis jamás, tomad vuestros deseos por realidades…
Pretendían convertir la ciudad en escenario de aventuras, que sustituyeran a una realidad que consideraban gris y aburrida.
Y vaya si lo consiguieron.
Mayo del 68 fue, tal vez, la primera manifestación pública de esa corriente subterránea que describe El puño invisible, de Granés.
El momento en que los hijos adolescentes de una sociedad opulenta se rebelaron contra los padres… para quedarse con la casa y vivir cómodamente en ella haciendo mohines.
Todos, en cierto modo, hemos sido esos niños malcriados y lo hemos pasado muy bien, pero esto se acaba, amigos.
Nosotros hemos gozado de este divertido oasis, que tal vez era más bien un espejismo que ahora empieza a desvanecerse.
Las protestas en Francia derivan en disturbios y enfrentamientos con la policía en varias ciudades. Las movilizaciones reunieron a 550.000 personas, según el Gobierno, y dejan 2.000 detenidos, 600 agentes heridos y daños millonarios. https://t.co/msoXLa9EGI
— EFE Noticias (@EFEnoticias) October 18, 2026
Pero entonces el Mayo del 68 fue el comienzo, y me temo que las protestas actuales prefiguran el final, con la participación estelar de los alegres bárbaros de segunda generación que, acompañados por los de izquierda, asaltan comercios.
El principio y el fin de la fiesta, y nada lo simboliza mejor que la cara de desolación de una joven al ver cómo los manifestantes arrasan un comercio a pesar de que ella les explica que está con ellos.
No lo está.