Ignacio Marco-Gardoqui-El Correo
- Sánchez dijo que dos accidentes del AVE en menos de un año era algo inasumible. Y como es inasumible nadie ha asumido responsabilidades
Esta semana ha sido terrible. Cuando todavía hay miles de ‘invasores’ pululando por Ceuta, los, de momento, 69 muertos del accidente de Urda, mezclados en un amasijo infernal de hierros, nos golpean en la cara. Algunos malvados aseguran que Sánchez no tiene palabra, ni corazón, pero él se mantiene firme y coherente. Horas después del siniestro, dijo que dos accidentes del AVE en menos de un año, con más de cien muertos en total, que son el 72% de los muertos causados por la alta velocidad en todo el mundo, era algo inasumible. Y, ahí está, como es inasumible nadie ha asumido responsabilidad alguna. Por analogía, nadie asumió la responsabilidad de Adamuz, ni de la ‘invasión’ de Ceuta por tierra y por mar, ni la del apagón.
Pero prometió traer de vuelta a Puigdemont y ya está cerca el momento en que el otrora prófugo vendrá. Aplaudido y ‘triomfat’, sin esposas, ni guardias civiles a su lado, pero vendrá, que es lo que había prometido. Prometió ser implacable con la corrupción, pero le aparecieron los Ábalos, los Koldos, los Titos Bernis… que traicionaron su confianza y por eso no necesita asumir responsabilidades. Prometió luchar contra los fondos buitres y la lucha desapareció en cuanto aparecieron varios buitres en su entorno próximo. Prometió no pactar con Bildu y no dormir con Podemos, pero eso son minucias que surgen por el camino, meros cambios de opinión. Luego, aparecieron unas joyas en la caja fuerte de su ‘faro ideológico’, pero como estaban allí sin ningún interés patrimonial, no había nada que reprochar. Se comprometió a presentar anualmente unos presupuestos y lleva toda la legislatura sin hacerlo, pero eso es por nuestro bien, para no molestar nuestra atención. Eso con respecto a la palabra, ¿y el corazón? ¿Alguien puede dudar de ‘la fuerza del amor’ que irradia el suyo?
Pero que estén tranquilos los varios millones de ciudadanos que todavía confían en él. Quedan unos cuantos ‘martes sociales’ para recomponerse y aún faltan por anunciar las sabrosas subidas de las pensiones, las del sueldo de los funcionarios y cosas así. Está a tiempo de convencernos de que cumple y de que el muro que ha levantado para separar España en sus mitades sigue firme y resistente.
Llevamos un tiempo, sin duda alguna demasiado largo, dedicados a averiguar si estamos situados, o no, en el lado correcto de la historia. Al parecer, la decisión no depende de nosotros, sino que hay personas, dotadas de poderes mágicos, que lo saben a ciencia cierta y que nos posicionan en uno u otro lado, con independencia de nuestra voluntad. Le pongo un ejemplo, nimio pero que me queda muy próximo. Yo estoy machimbrado en el lado incorrecto. Me lo temía, pero ahora estoy seguro de ello. A mí me preocupa que estemos gastando cantidades enormes de dinero y porcentajes crecientes del PIB en gastos sociales de todo orden y condición y solo conseguimos que estemos tan indignados que quemamos calles, incendiamos contenedores, destruimos comercios y destrozamos el mobiliario urbano. Todo nos parece poco. El dinero que gastamos lo dedicamos a cosas necesarias, a actuaciones justas, a paliar carencias y a ayudar a necesitados. Pero no solo: también a pagar favores a quienes no se lo merecen, a cambiar papeles inútiles de un sitio a otro, a pagar sueldos que no se ganan -como el del medio centenar de inspectores de trabajo que carecen de plaza y destino, pero que cobran su sueldo todo los meses- y a políticos que solo estorban y lo inundan todo.
Nadie se opone a las mejoras de la sanidad y a que nuestros hijos se eduquen mejor, aunque pocos distingan entre gastar más y gastar con eficacia. Nadie se opone a que las pensiones sean holgadas y la dependencia esté protegida. Nadie se opone a que Mari Carmen tenga una vivienda digna, y estoy seguro que nadie se opondría hoy a que mejorase el mantenimiento, y por tanto la seguridad, de nuestros trenes. Pero quizás para todo no llegue y lo que sí ha llegado es el momento de priorizar. El momento de esforzarnos más para producir mejor, el momento de generar más PIB para luego poder repartirlo mejor. Pero no, todo lo queremos conseguir trabajando menos horas, como propone la señora Díaz y faltando más al trabajo, como consienten los sindicatos.
¿Ha oído algo de esto en los discursos de campaña? Los partidos que buscan nuestro voto, ¿priorizan necesidades o solo prometen más y más gasto, como si no hubiera un final? ¿Se atreve alguien a hablar de ajustes o a mencionar los temidos y odiados recortes? Pues tenga por seguro que los habrá, aunque ahora todos lo nieguen, unos por cautela y todos por mera conveniencia. Los habrá porque algún día será necesario elaborar unos presupuestos. Qué costumbre tan trasnochada es decir que habrá que repartir los ingresos que generamos y si queremos más ingresos (mientras a mí no me los pidan, siempre queremos mas ingresos), habrá que decidir de dónde los sacamos, sin desanimar a los emprendedores que son quienes generan de verdad la riqueza.