Pablo Martínez Zarracina-El Correo

  • El ferrocarril merece más que argumentarios y las víctimas más que cálculos electorales

Pedro Sánchez se compromete a recuperar la confianza «quebrada» en el sistema ferroviario. «Cueste lo que cueste», dijo ayer antes de anunciar el adelanto de las indemnizaciones para las víctimas del accidente de Urda. Intentar responder a esas vidas destrozadas con otro decreto ley de los martes sociales es el reflejo automático de un Gobierno noqueado. El ministro de Transportes comparece hoy en la Diputación Permanente del Congreso. Lo hará exhibiendo capacidad, aunque suene increíble, y administrando las provocaciones tras haber visto cómo, no ya la oposición, sino sus socios exigen su dimisión. «¿Qué tiene que pasar para que se asuman responsabilidades políticas en España?», se preguntó ayer Aitor Esteban subiendo el tono, elevando el listón, aumentando la presión, trazando una línea y haciendo el resto de cosas que el PNV ejecuta a estas alturas de un modo perfectamente intrascendente. Además de la dimisión de Puente, Irene Montero, pongamos por caso, exige la renacionalización del ferrocarril, idea que parece surgir del laboratorio de ficciones de Iván Redondo. Pedro Sánchez hizo ayer en ese sentido una defensa subrayada de lo público. El movimiento es ambicioso. Consiste en apostar por la devolución del ferrocarril al sector público para recuperar la confianza tras un accidente con sesenta y nueve muertos del que tú mismo culpas al centro de control de Adif, empresa cien por cien pública.

Si el futuro del sistema ferroviario español merece más que argumentarios desesperados, las víctimas del accidente de Urda merecen el conmovido respeto con el que las personas normales se manifiestan ante la muerte. Sin embargo, hay elecciones y Alberto Núñez Feijóo le reprochó ayer al Gobierno su inexistente «nivel moral» por encargar encuestas para ver si fulminan a Óscar Puente. Es sin duda el rechazo del PP a la demoscopia en tiempo de luto lo que explica que su líder ya no hable a gritos de prostíbulos sino que se presente como un experimentado gestor, alguien que prácticamente no es un político porque lo suyo no es la imagen, la palabrería y todo lo demás, sino el funcionamiento ordenado, riguroso, óptimo de las cosas. «Yo sí sé hacerlo», garantizó ayer el líder del PP, que acusó al Gobierno de no ser buenos gestores y tampoco buenas personas. La tendencia a recrearse en la suerte es extraordinaria. Feijóo calificó la actitud del ministro Puente de infame, cruel y ruin, adjetivos que no deben faltar en el repertorio de un moderado gestor que no quiere destruir al rival sino reconstruir el país.

  1. Europa

    Cosas conectadas

Pensábamos que los ‘hackers’ perseguían información sensible, bases de datos, cuentas bancarias, pero por alguna razón también les interesan los congelados. El 11 de octubre alguien accedió a los controles de los congeladores de setecientos supermercados franceses y los puso a descongelar. Se arruinaron productos por valor de decenas de millones de euros. Ayer sucedió lo mismo en supermercados de Bélgica, Suecia, Irlanda y Países Bajos. Parece que los atacantes encuentran la vulnerabilidad en instalaciones antiguas que no tienen los sistemas actualizados. Puede que proteger las pizzas congeladas de ataques externos no fuese hasta ahora una prioridad. Que la semana pasada Reuters informase del ataque a los congeladores de varias bases militares en Estados Unidos hace pensar que lo de defenderse lo están haciendo mal hasta los profesionales. El internet de las cosas se denomina IoT por su nombre en inglés y el chiste dice que la ese inexistente en la sigla es la de seguridad. En internet hay mosaicos alucinantes en los que se ve el interior de las casas de gente que se instaló una webcam por seguridad y no estimó conveniente cambiar, por el mismo motivo, la contraseña que el aparato traía de fábrica. Tiende uno a pensar que ataques como los del mes pasado en Francia sirven al menos para que se actualicen los sistemas y se refuerce las defensas. Ayer vimos que no. Convendría ir actualizando la letra de la canción de Mercedes Sosa: uno se despide, insensiblemente, de pequeñas cosas que están conectadas y el ciberataque las deja ruinosas.