Mikel Buesa-La Razón
- El proceso que conduce a la huelga general se está envolviendo en una violencia que, de momento, se le escapa a Sánchez de las manos
En el imaginario marxista-leninista, la huelga general es uno de los aspectos fundamentales de la lucha de clases y, por tanto, como señalaron Marx y Engels, del motor de la historia. La huelga general permite superar las reivindicaciones económicas de la clase obrera para transitar hacia la conquista del poder político. Se constituye así, en el curso de la lucha, en núcleo básico del proceso revolucionario que dará lugar, si tiene éxito, a la emancipación de los oprimidos bajo un régimen socialista del que emergerá la sociedad sin clases. Para los comunistas, la revolución de octubre de 1917 en Rusia se contempla como el ejemplo acabado de la viabilidad histórica de sus aspiraciones. Sin embargo, ello no deja de ser una simplificación, pues el proceso que condujo a dar el poder al Soviet de Petrogrado, hábilmente usurpado por el partido bolchevique, lejos de la linealidad del argumento que acabo de exponer, estuvo sujeto a numerosos elementos contingentes que podrían haber abortado las aspiraciones totalitarias de Vladimir Ilich Lenin. Por lo demás, el fracaso fue, en casi todas las ocasiones, desde los espartaquistas de Rosa Luxemburgo en adelante, el resultado de la supuesta ciencia revolucionaria, inspirada en la obra de Marx y Lenin, con la que se trató de emular el curso de los acontecimientos que condujeron a la Unión Soviética. Aun así, ahora, en España, en medio de la confusión creada por el asunto de Maricarmen, algunos grupúsculos bolcheviques, con el auxilio sindical de UGT y CCOO, añoran reemprender la experiencia de los dos partidos comunistas –el marxista-leninista (m-l) y el reconstituido (r)– que, en el filo de la Transición, con sus respectivos grupos armados –el FRAP y los GRAPO– se lanzaron a la guerra revolucionaria. Sánchez, creyendo que ello le beneficiará en las elecciones, les ha dejado hacer e, incluso, les ha alentado frenando la acción represiva de los cuerpos policiales. Piensa, seguramente, que tiene todo bajo control, aunque ello no deje de ser una mera hipótesis que pudiera no verificarse, pues el proceso que conduce a la huelga general se está envolviendo en una violencia –Madrid, La Coruña, Barcelona, Bilbao– que, de momento, se le escapa de las manos.