Rebeca Argudo-ABC

  • Es un solo programa de infoentretenimiento continuado a mayor gloria del sanchismo (o sea, en el lado bueno de la historia) y contra todo lo malo (o sea, todo lo demás)

Se anunciaba el advenimiento de La Séptima como el estreno de la primera cadena generalista con licencia propia en nuestro país en veinte años. La última en estrenarse había sido La Sexta (tal vez dentro de otros veinte se estrene La Octava, así somos los españoles nombrando: originales como nosotros solos). Desde entonces sí se han estrenado canales temáticos: Atreseries, Real Madrid TV, DMAX… Un evento histórico, decían. Que vienen a cambiar el periodismo (así, sin exagerar, y para mejor, claro). Pero qué va. No es una cadena generalista, ya les digo yo que me senté, por imperativo laboral, ante el televisor a las doce que empezaba y ahí estuve, viéndomelo todo hasta que Javier Ruiz dijo que hasta luego. Es un canal temático, indisimuladamente temático. Ni siquiera un canal: es un solo programa de infoentretenimiento continuado a mayor gloria del sanchismo (o sea, en el lado bueno de la historia) y contra todo lo malo (o sea, todo lo demás). Lo que no podemos es decir que nos engañaron: si José Miguel Contreras (que asumió el asesoramiento mediático de Pedro Sánchez tras la salida de Iván Redondo, accionista de ‘InfoLibre’ y exdirector de contenidos en Prisa) impulsa un cadena con Andrés Varela Entrecanales (hijo de Manuel Varela Uña, consejero de Prisa durante décadas y cuyo consejo abandonó el mismo por conflicto de intereses, directivo de Imagina, de Roures, y accionista de la productora que hizo la serie sobre Pedro Sánchez) como accionista mayoritario, con Javier Ruiz («Ha sido un placer servirles en esta trinchera») como director editorial, Sarah Santaolalla («Hay que ser muy idiota o tener muy poca información para seguir creyéndote al PP y a Vox») como una de las presentadoras estrella y Héctor de Miguel (condenado por intromisión ilegítima en el derecho al honor y pendiente de juicio oral por un delito de coacciones) como emblema del humor, igual una idea de lo que se nos venía encima nos podíamos hacer. Si Jesucristo hubiese concedido a san Pedro licencia de televisión y regalado a Simón el Zelote el ‘prime time’, nadie esperaría una programación aconfesional abierta a debatir ideas. Pero al menos ello no pretenderían convencernos de que nos ofrecen lo contrario. Aquí sí, y ahí es donde la cosa chirría. Pocas cosas provocan la incomodidad de ver a Sarah Santaolalla afirmando que lo suyo es periodismo (primera risa) riguroso (segunda) y de calidad (tercera, esta ya nerviosa), con datos objetivos (no hay risa).

Vienen a combatir y a cambiar las cosas, dijo su novio, el director editorial. Y lo van a hacer desde las doce hasta la una poniendo todo su empeño en difuminar los límites, ya escurridizos, entre lo cierto y lo interpretable, la información y la opinión, el entretenimiento y la noticia. Un nuevo canal temático sobre lo que no es periodismo.