ABC-LUIS VENTOSO

España, bien, ¿pero de qué sirve esto sin China, EE.UU., Rusia e India?

CONSERVADOR viene de conservar lo que se supone bueno. Por lo que semeja un error del conservadurismo haber dejado que la noble bandera de la preservación de la naturaleza se quede en cuasi monopolio de la izquierda. Resulta un poco folclórico hacer lo que hizo ayer Espinosa de los Monteros: sacar un dedo al viento y negar, por puro apriorismo ideológico y contradiciendo a los científicos, que la mano del hombre esté afectando al clima. El negacionismo se torna dificultoso cuando los datos empíricos indican lo contrario. Incluso el Papa dedicó una encíclica al problema en 2015, donde encarecía el «Cuidado de la Casa Común». No es menester ser Einstein para concluir que el sufrimiento de la Tierra tiene que haberse agravado, toda vez que se han incorporado a la carrera industrial y energética países tan inmensos y poco cuidadosos como China e India. Tenemos que manchar menos, de entrada por una elemental cuestión de salud.

Pero como siempre, media un pasito entre lo sublime y lo ridículo. Muchas sociedades avanzadas han ido arrumbando a Dios, cuando el ser humano es una criatura que necesita creer en algo. El resultado es que se busca el sucedáneo de credos laicos que llenen el vacío existencial. Antaño fue el marxismo, o la new age. Hoy es la lucha contra el cambio climático, que muchos viven con el fervor de una fe. Hasta cuentan con su profeta tonante, la pobriña niña Greta, que se balancea sobre el oleaje del Atlántico para manifestarse en carne mortal en el Ifema.

España es un país magnífico, como sabemos todos menos el podemismo cenizo y los separatistas. Y ha dado un recital de organización al montar en tres semanas una cumbre para más de 20.000 personas. Ese éxito guarda mucha relación con el pulso de Madrid y lo mucho y bien que trabajan sus vecinos (entre otras ventajas, porque no tienen que perder su valioso tiempo en garrulismos identitarios). Aunque sé que Sánchez ha improvisado la cumbre para ponerse una medalla que camufle sus meses de parálisis y su pacto del escarnio con ERC, me enorgullece como español que mi país apoye la conservación del medioambiente y creo que la cita refuerza nuestra imagen.

Y ahora toca decir la verdad: márketing al margen, esta cumbre no sirve para nada. ¿Por qué? Pues porque los países que realmente marcan diferencias con sus malos humos se la han fumado. Los mandatarios de Luxemburgo, Andorra y Mónaco, que tiene 40.000 vecinos y dos kilómetros cuadrados, han acudido raudos a Madrid para salvar la Tierra. Pero China, con 1.400 millones de habitantes y unas emisiones anuales de 13 millones de kilotoneladas de CO2, no ha querido saber nada. Tampoco el Gobierno del segundo país más contaminante, Estados Unidos (6,4 millones). Ni India, 3,3 millones; Rusia, 2,2 millones, o Brasil, 1,2 millones. Ni rastro tampoco de Merkel, Macron o Boris Johnson. Sí está la UE, que emite en conjunto 4,5 millones de kilotoneladas. Pero China casi triplica esa cifra y seguirá contaminando a caño abierto. Y eso es lo que debería estar denunciando Sánchez en alto si realmente quisiese ser el más verde de los estadistas –en funciones– del orbe.