LUIS VENTOSO-EL DEBATE
  • Que ese partido pretenda impartir clases de moral política es como si Metallica se lanzase a enseñar canto gregoriano

Tras el anuncio de Vox de que rompía con el PP llegó al instante el inevitable recital de hipocresía del PSOE, con ese cargante tonillo de supuesta superioridad moral que lo distingue.

Desde la cumbre de la OTAN apareció presto Sánchez. Con pomposo empalago, y con esos ojillos desvaídos de inocente cordero degollado que adopta cuando se nos pone solemne, proclamó lo siguiente: «Es una gran noticia para España, un gran día. Hoy España es un país mejor».

El partido y los ministros, que hacen gala de la misma autonomía mental del perro de Pavlov, comenzaron a repetir como papagayos el mensaje de Querido Líder como si les hubiesen dado cuerda.

Esther Peña, una diputada rasa que jamás había empatado con nadie hasta que la colocaron de portavoz de Ferraz porque no había otra cosa, se sumó a las magnas lecciones magistrales a la oposición: «Con los ultras no se pacta ni se gobierna», advirtió muy redicha la anónima señora. Curioso consejo en boca de un partido que es socio de la marca de ETA, de los comunistas, del separatismo golpista catalán y del partico aprovechategui vasco. El PSOE que se nos pone estupendo con Vox, un partido perfectamente honorable, resulta que va del ganchete del xenófobo Puigdemont y de la ERC de la energúmena Marta Rovira, que nada más llegar a España amnistiada por la flojera de Sánchez ya amenaza con «completar el trabajo que dejamos a medias» (léase el golpe de Estado de 2017).

Las lecciones morales del PSOE resultan insufribles por hipócritas. Su magisterio sobre la buena política es como si los de Metallica, que acaban de bombardear dos noches los tímpanos del Metropolitano de Madrid, pretendiesen impartir sutiles clases de canto gregoriano.

Parafraseando la jerga del régimen, hagamos un poco de «memoria democrática». El PSOE tiene una historia trufada de delitos y deslealtades. Su fundador, el mitificado Pablo Iglesias, dejó ver su estupenda pasta humana amenazando en sede parlamentaria a Maura con un atentado. UGT compadreó con la dictadura de Primo. El PSOE, que ahora ha convertido la II República en un falsario cuento de hadas, trabajó como nadie para hacerla inviable. Fue un partido desleal, que intentó reventar su legalidad con la Revolución de Asturias de 1934 y que apoyó en Barcelona la declaración de independencia de Companys.

El PSOE ha cojeado casi siempre de una calamitosa carencia de patriotismo. El problema no ha comenzado con Zapatero y Sánchez. Defendía en su programa el «derecho a la autodeterminación» hasta fecha tan tardía como 1976. Lo de la unidad de España siempre les sonó demasiado derechista, «propio de las oligarquías» y «contrario a la clase obrera». Ahora simplemente la cabra ha vuelto a un monte que ha sido su hábitat natural durante casi toda su historia.

De ejemplaridad tampoco se puede decir que hayan andado muy finos. Es el partido que estrenó el delito de financiación ilegal con Filesa y el de los crímenes de los GAL. Es el partido que robaba hasta del papel del BOE y de los fondos de los huérfanos de la Guardia Civil. Es, por supuesto, el partido del hito de los ERE, chorizada récord, probablemente insuperable. Y ahora, tras asaltar la presidencia con 85 diputados en nombre de la regeneración democrática, vuelve por sus fueros corruptos con los escándalos de la famiglia Sánchez y la roña del caso Koldo-Ábalos, de la que solo hemos visto la punta del iceberg.

Con una historia atiborrada de pasajes lamentables, con una colección épica de casos de corrupción y traicionando a España hoy mismo con los peores socios imaginables, ¿de qué presume exactamente el PSOE? Misterios de España.