Francisco Rosell-El Debate
  • Al ser los vicios de los gobiernos, la primera fuente de las desgracias, hay que estar siempre en guardia para conjurar de raíz el germen de la tiranía que emerge en todo régimen de poder que se erige en intérprete único del «bien del pueblo»

Ala espera de los votos que lluevan este domingo en las elecciones de Aragón de un febrerillo más que loco, donde la morituri Pilar Alegría concurre acatando la voluntad cesárea del inquilino de la Moncloa y a la que ayer dejó como mentirosa su antiguo amigo Francisco Salazar, «Noverdad» Sánchez trata de confundir los molinos de la realidad de una España que se cae a pedazos y con sus trenes varados tras la catástrofe de Adamuz con gigantes tecnológicos cuya mala simiente quiere arrancar de la faz de la Tierra, como el mismísimo don Quijote desatendiendo las advertencias de su fiel escudero.

Con la España meridional sin comunicación ferroviaria desde la noche negra del 18 de enero y con la otra media aminorando la marcha de sus trenes de alta velocidad al chacachá de los ferrobuses de los 60 tras prometer hace nada que circularían a 350 kilómetros/hora, Sánchez cabalga enemigos de quita y pon con los que quitar el foco sobre el «maltenimiento». Todo ello como colofón de ocho años de sanchismo coronados con un ministro como Óscar Puente entretenido como un primate saltando de la liana de Facebook a X o de Instagram a TikTok para insultar a todo bicho viviente, mientras se daba golpes de tambor en sus pectorales jaleando a su «Puto Amo».

Sin duda, a Puente le iba su supervivencia en ello más que en la gestión de una cueva de ladrones con un exministro como Ábalos en prisión y otros altos cargos imputados como parte de una organización criminal, por mucho que lo reprueben aquellos de los que se burla manifestando que asume sus responsabilidades aferrado al sillón de sus entretelas. Como en la popular canción de Luis Eduardo Aute y Jesús Munarriz inspirada en los «forgendros» de Antonio Fraguas, ese despachito oficial no lo suelta después de ganárselo asintiendo y aplaudiendo.

En esa encrucijada, un Sánchez más falso que «El Quijote» de Avellaneda blande su adarga para anunciar que proscribirá las redes sociales a esos menores de 16 años a los que consiente abortar sin permiso de sus progenitores. Al «tiktoker» Sánchez le mueve el mismo deseo de amparo que a su suegro y benefactor, Sabiniano Gómez, quienes se prostituían en las saunas gais en las que Begoña Gómez llevaba las cuentas. Por eso, cuando saca pecho contra los dueños de las tecnológicas donde él se refugia al no poder salir a la calle rememorando el ladran luego cabalgamos de Alonso Quijano, la España en vía muerta debería recobrar aquello de «esos cojones en Despeñaperros», como se revolvió Caracol, «el del Bulto», padre de Manolo Caracol y mozo de espadas de Joselito ‘El Gallo’, cuando la locomotora que le trajo con gran retraso de Sevilla a Madrid le expelió un gran chorro de vapor que le empapó el traje de sus elegancias.

Pero Sánchez, de paso que evitaba presidir el Consejo de Ministros de su rectificación con el decreto ómnibus de revalorización de las pensiones, prefirió excursionar a Dubái para alardear de que escudaría a los imberbes del salvaje oeste. Con su baladronada, evocaba al pistolero Liberty Valance cuando el criminal más temido al sur del río Pickwire quiso instituirse sheriff de los habitantes de Shinbone a los que amedrentaba. En realidad, el liberticida Sánchez –como cuando en la pandemia del COVID ordenó a la Guardia Civil investigar a quienes creaban un clima de opinión adverso al Gobierno– lo que pretende es tender las redes de la censura para controlar la opinión pública.

A este propósito, debela los abusos de las plataformas digitales para ocultar los suyos travestido de David contra Goliat. De los «pseudomedios» a los «tecnoligarcas» y tiro porque me toca en su constante persecución por fabricar un enemigo ajustado a la conveniencia del instante, a la par que se contrapone filantrópicamente a Elon Musk al no andar pendiente de Marte como el gerifalte de X, sino de esa infancia inerme ante este desaprensivo multimillonario.

A este respecto, este pescador de aguas revueltas usa a los menores como carnaza, al igual que su suegro con el mercado de la carne. Para este menester, no pudo elegir mejor zoco que el de los censores y represores de la libertad de Dubái para alancear a las plataformas digitales como antes a los «seudomedios», cuyos supuestos bulos contra su Gobierno no eran otra que anticipo de futuros sumarios como los que apenumbran su horizonte penal. No en vano, cuando pregona que quiere vedar las redes a los menores, mete por debajo de la puerta que rastreará la «huella de odio y polarización» de los adultos, esto es, un Gran Hermano orwelliano que contraviene el reglamento europeo.

Por esta vía, como ha escrito el columnista Jake Wallis Simons, en el diario británico The Telegraph, bajo el título «Hazte a un lado, Irlanda: hay un nuevo peor país de Europa», Sánchez muta España en un «Estado paria». ¡Cómo calificarlo sino cuando agracia al Broncano de «coronavirus oe, coronavirus oe» con otros 30 millones para que le siga dorándo la píldora en TVE cuando es la cantidad que necesita el científico Mariano Barbacid, purgado por Zapatero al frente del Centro de Investigaciones Oncológicas en favor de quien se ha revelado una ladrona, para curar el cáncer de páncreas tras una exitosa experimentación en ratones bajo el mecenazgo de la Fundación CRIS!

Al aguardo de que Trump entre al trapo como ha buscado con la tribuna publicada ayer en The New York Times para confrontar su política inmigratoria con la del presidente de EE.UU., pero sin citarlo ni llamarle cobarde como Maduro antes de ser apresado, Sánchez hace puños con los magnates de redes sociales Elon Musk, de X, y Pavel Durov, de Telegram, para desviar la atención sobre la única prohibición verificable hoy por hoy en España: viajar en tren. Ante ello, mejor amenazar a los propietarios de las aplicaciones digitales que plantearse su dimisión y la su incompetente gobierno. En su juego de trilero, notifica contra ellos nuevas medidas tras inaplicar las anteriores. Cúmplese así el aserto de que España palía su inflación de leyes incumpliéndolas.

Pero los déspotas, pueden triunfar al concentrarse en aquello que ambicionan despreocupados de la imagen que proyectan. Al ser los vicios de los gobiernos la primera fuente de las desgracias, hay que estar siempre en guardia para conjurar de raíz el germen de la tiranía que emerge en todo régimen de poder que se erige en intérprete único del «bien del pueblo». Como la historia enseña, en nombre de la virtud, se abre la puerta al vicio con relatos como el de Sánchez. Parafraseando el soliloquio shakesperiano de Macbeth, un idiota, lleno de ruido y de furia puede convertir a este pobre país en una sombra.