Cristian Campos-El Español
  • A la vista de sus salarios, parece claro que un músico profesional de la élite internacional gana bastante menos que un humorista de nivel medio y alcance local en España.

El año nuevo ha llegado fuerte, ¿eh?

Pero voy a descargar un poco la sección de Opinión y NO escribir la enésima columna sobre la III Guerra Mundial, que ya tenemos encima. Lo haré, en su lugar, del Concierto de Año Nuevo de Viena.

Leí la semana pasada que el Concierto de Año Nuevo de la Musikverein de Viena es, por lo visto, una ceremonia de exaltación nazi.

Hay algunos en las redes sociales que no sólo pretenden ganarle la guerra civil a Franco ochenta años tarde, sino también ganarle la II Guerra Mundial por segunda vez a Hitler ¡y por primera vez a Churchill! en beneficio de Stalin.

Y el Concierto de Año Nuevo es uno de sus objetivos prioritarios.

¡Strauss no pasará!

Pero esta no es la única tontería que he leído durante las primeras horas de 2026.

También he leído que Zohran Mamdani jurando sobre el Corán en un túnel de la ciudad que sufrió los atentados del 11-S es un triunfo de la aconfesionalidad de los Estados progresistas modernos. ¡Que se jodan esos talibanes que juran sobre la Biblia y no sobre el laico Corán!

Finalmente, le he escuchado a la CNN que el youtuber Nick Shirley, que ha destapado un fraude de cientos de millones de $ que ha beneficiado a las mafias somalíes de Minnesota y a los grupos yihadistas a los que esas mafias enviaban parte del dinero, es un «racista» al que «nadie» ha dado derecho a «investigar» la corrupción de las administraciones públicas.

¡A quién se le ocurre hacer el trabajo que los medios tradicionales se niegan a hacer en nombre del dios de la tolerancia, la multiculturalidad y el robo a dos manos del dinero público!

Estamos a dos rascacielos derribados y a mil o dos mil millones de € de nuestros impuestos canalizados hacia el yihadismo de pedir a gritos en las calles un califato progresista.

Como se me acumulan los temas capaces de radicalizarme voy a centrarme en sólo uno de ellos, el del Concierto de Año Nuevo de Viena.

El artículo interesante sobre la campaña de satanización de la izquierda del Concierto de Año Nuevo lo ha escrito Ana Zarzalejos, así que yo voy a enfocar el asunto desde un ángulo diferente.

Cuando la izquierda dice en las redes sociales que el Concierto de Año Nuevo es clasista, elitista, carcamal, rancio, cuñado, capitalista y, literalmente, nazi, ¿a qué se refiere en concreto?

Sólo por centrarme en el aspecto económico del asunto, y sin entrar en el tema de la calidad.

Un músico «normal» (sin ser solista ni concertino) de la Filarmónica de Viena suele recibir un salario aproximado de entre 60.000 a 100.000 € brutos al año.

La Real Orquesta del Concertgebouw de Ámsterdam paga un salario anual bruto máximo de aproximadamente 60.500 €.

La Orquesta de París ofrece un salario mensual de 4.062 € para posiciones principales como primer violín segundo, equivalente a unos 48.750 € brutos anuales.

Los músicos de orquesta británicas fuera de Londres ganan alrededor de 30.000 libras esterlinas anuales (aproximadamente 34.000 €).

La Orquesta Sinfónica de Tokio ofrece un salario mensual permanente de 259.000 yenes (aproximadamente 1.850 $ mensuales o 22.200 $ anuales).

Estados Unidos es otro planeta. La Filarmónica de Los Ángeles ostenta el salario base más alto del país cuando se incluye el subsidio de vivienda. El salario base semanal mínimo es de 3.600 $, pero la compensación total con subsidio de vivienda alcanza los 4.495 $ brutos semanales.

Es decir, unos 230.000 $ anuales.

La Sinfónica de Boston pagaba un salario base de 120.000 $ en 2020, aunque la pandemia provocó reducciones salariales promedio del 37%.

La Sinfónica de San Francisco tiene un salario base semanal de 3.450 $ (noviembre 2024).

A un español, estos salarios deben de parecerle un sueño, incluso teniendo en cuenta que estamos hablando de los mejores músicos del planeta.

Pero sólo lo son en comparación con los miserables sueldos españoles.

En el resto del mundo civilizado, estos sueldos son pura y dura clase media.

Las entradas para el Concierto de Año Nuevo en Viena, un acontecimiento de repercusión mundial, oscilan por su parte entre los 35 € y los 1.200 € para las más caras, aunque en reventa estas últimas pueden alcanzar los 5.000 €.

Y ahora, veamos cuánto gana un sacerdote del progresismo español en ese país en el que el salario medio es de aproximadamente 28.000 € anuales (brutos).

Un humorista español al que no conoce nadie más allá de los Pirineos (no estamos hablando de Bill BurrJimmy Carr o Louis C.K.) puede ganar entre 6.000 y 15.000 € por programa.

Si hemos de hacer caso a las cifras publicadas en la prensa, David Broncano cobraba en torno a 6.000 € por cada entrega de La Resistencia en Movistar Plus+.

Es decir, 100.000 € al mes con cuatro emisiones semanales.

José Mota cobra aproximadamente 25.000 € por programa en RTVE.

Andreu Buenafuente cobró 4.500 € por cada uno de los cinco capítulos del programa de humor que dirigió y presentó para la desconexión de La 1 de Televisión Española (TVE) en Cataluña.

En La familia de la tele (RTVE, 2025), cada uno de los seis presentadores (incluyendo María PatiñoInés Hernand y Aitor Albizua) cobraba entre 950 y 1.616 € por programa, lo que equivalía a 54.150 – 92.112 € por la temporada completa de 57 episodios.

Ana Morgade en Vamos a llevarnos bien, 20.000 €.

Los monologuistas que han participado en El Club de la Comedia, en Paramount Comedy, o que tienen programas propios, pueden negociar cachés superiores a 5.000 €.

Y ya que algunos han comparado a la Filarmónica de Viena con Estopa o Extremoduro (que ya son ganas de comparar), conste en acta que el caché de Estopa por concierto ronda los 200.000 € (unos cinco o seis millones por gira); que su principal sociedad musical, Mandinga, facturó en 2022, según Business Insider, unos 4,19 millones de €; y que a esto se suman los royalties de más de cuatro millones de discos vendidos, derechos de autor, sincronizaciones y otros negocios.

Y eso por no irme a músicos pop de talla internacional.

Aunque las entradas para un concierto de Taylor Swift oscilan entre los 250 y los 1.000 €, el precio medio, gracias a la reventa, se eleva hasta los 2.600 $ por entrada.

El precio medio de una entrada para Adele es de 1.200 $.

Kendrick Lamar ronda los 200 $ por entrada.

U2, 530 $.

Dua Lipa, 186 $.

Por las entradas de Bruce Springsteen se llegan a pagar 4.000 o 5.000 $ en reventa.

Las de la gira de Oasis oscilaron entre los 85 y los 600 $, aunque en reventa se pagaron hasta 1.000 $.

Dicho de otra manera. Suponiendo que exista una alta cultura «para élites» y una baja cultura «para el pueblo», y no diversos productos culturales a los que puede acceder quien quiera siempre y cuando pague el precio de la entrada, es inevitable llegar a la conclusión de que la cultura «para el pueblo», la «progresista», es más cara y produce más millonarios que la de las élites.

Pero de largo.

Es más. A la vista de sus salarios, parece claro que un músico profesional de la élite internacional gana bastante menos que un humorista de nivel medio y de alcance meramente local en España.

Lo que me conduce de forma natural a la siguiente conclusión. Yo no soy de derechas porque quiera, sino porque no gano lo suficiente para permitirme el lujo de ser de izquierdas.

Voy a pedirle un aumento a EL ESPAÑOL, a ver si de repente empiezo a verle las virtudes a eso del control de los precios de los alquileres y la redistribución de la riqueza (de los otros) mientras pago 5.000 € por una entrada para Rosalía en la reventa y le doy unos cuantos puntos de audiencia al Gran Wyoming, el de los diecinueve inmuebles en propiedad.

O a David Broncano, el de los 28 millones de € pagados con dinero público, el Land Rover Defender y el Porsche 718 Cayman.