- ¿Cómo no va a haber reconocido España a Maduro si el hombre de Napoleonchu en Caracas, Álvaro Albacete Perea, se acreditó ante él en diciembre de 2024 después de que este robara las elecciones del 28 de julio de ese mismo año?
La intervención de Albares esta semana en el Congreso de los Diputados no tuvo desperdicio y afortunadamente Cayetana Álvarez de Toledo lo puso en su sitio. Prácticamente, todo lo que dice este Gobierno sobre Venezuela es mentira. ¿Cuántas veces se han justificado con la falacia de que no reconocieron el embuste de que Maduro ganó las elecciones a Edmundo González? ¿Cómo no le va a haber reconocido España si el hombre de Napoleonchu en Caracas, Álvaro Albacete Perea, se acreditó ante Maduro en diciembre de 2024 después de que este robara las elecciones del 28 de julio de ese mismo año?
En la primera legislatura de Miguel Ángel Moratinos en Exteriores, Álvaro Albacete fue número dos de su asesor parlamentario, Agustín Santos Maraver, hoy diputado de Sumar. Y cuando Santos fue aupado a jefe de Gabinete, él fue nombrado asesor parlamentario. Se presentó a las oposiciones ocupando ese cargo de confianza de Moratinos. No parece que eso le dejara mucho tiempo para estudiar, a pesar de lo cual sacó la oposición a la primera. Un tipo que está en el gabinete de un ministro mete 10 horas al día como mínimo. ¿Cuándo estudiaba una oposición que requiere al menos doce horas de estudio al día? Entró en la carrera con 43 años, algo con pocos precedentes. En tiempos recientes, quizá sólo Carlos Alonso Zaldívar.
El escalafón de Álvaro Albacete, que tengo ante mis ojos es verdaderamente ilustrativo. Entró en la carrera el 21 de octubre de 2010, el día que cesó Moratinos y dos días después, fue nombrado vocal asesor del gabinete del ministro. Menos de un mes después era embajador en misión especial para las relaciones con la comunidad judía y director de Casa Sefarad. Tras el cambio de Gobierno se fue a Viena a una canonjía muy bien pagada que le consiguió Moratinos y le duró siete años: secretario general adjunto del Centro de Diálogo Interreligioso e Intercultural Rey Abdalá bin Abdulaziz que tenía sede en la capital austriaca y tres miembros: Austria, España y Arabia Saudí que, como indica el nombre de la institución, era quien pagaba. Allí tenía estatus de observador la Santa Sede y la relación con el Gobierno austriaco fue tan mala que en 2022 se trasladó la sede a Lisboa.
A su vuelta de Viena, estuvo de asesor en Moncloa y como no se llevaba bien con Napoleonchu –lo que le honra– este le nombró embajador en Libia. Nunca se incorporó al puesto. Intentó que le dejaran llevar la embajada desde Madrid, porque Libia estaba en guerra y eso es muy incómodo para un embajador. Fue dando largas y ocupó la secretaría general adjunta de la Unión por el Mediterráneo para el Agua, Medioambiente y Economía Azul –les juro que el cargo se llamaba así. Hasta que hicieron a su compañero de promoción, Urtasun ministro de Cultura y lo nombró su jefe de gabinete.
Su promoción con Sánchez llegó de la mano de Moratinos, su gran valedor, que lo colocó, de acuerdo con Zapatero –ante quien Sánchez siempre se pliega– como embajador en Venezuela. Alguien de su absoluta confianza para una embajada dificilísima. Y eso a pesar de no haber tenido nunca un destino en embajada o consulado. De él tuvo Napoleonchu el valor de decir al nombrarle en este puesto que es un embajador «de enorme experiencia en muy distintos escenarios, en lo multilateral y en lo bilateral, tanto en el exterior como también con altos cargos en España». Como mentir parece que da puntos en este Gobierno, comparen el currículo que les acabo de contar con ser un diplomático de enorme experiencia. No tienen vergüenza. Definitivamente, nos toman por idiotas. Pero los venezolanos no lo son. Como me dice uno que conoce su actuar en Caracas, Álvaro «Albacete es un guabinoso». La guabina es un pez común en Venezuela, de carne suave y cuerpo pringoso. Tiene en el diccionario la acepción de persona cobarde.
Y algún día espero que sepamos qué intereses tiene Moratinos en Venezuela. Además de los que tiene Sánchez.