Rebeca Argudo-ABC

  • Maduro era jefe de Estado en activo porque decidió que lo era

Los abajofirmantófilos estamos de enhorabuena: tenemos el por fin manifiesto que legitima cualquier suceso de interés. No es ‘Elmundodelacultura’, sino ‘Elmundojudicial’ (Baltasar Garzón, Victoria Rosell, Javier Pérez Royo…) quienes rubrican esta vez al pie para calificar como «crimen de agresión» la detención del dictador Nicolás Maduro. Apelan a la inmunidad de los jefes de Estado en ejercicio para denunciar como ilegal la privación de su libertad por fuerzas armadas extranjeras. Lo sorprendente de esta afirmación es lo discutible de que Maduro merezca disfrutar de esa inmunidad cuando la jefatura del Estado la ostentaba en contra del mandato electoral: el jefe de Estado, el elegido por el pueblo soberano, es Edmundo González, exiliado en España por la amenaza del régimen chavista. Es inquietante que se invoque el Derecho Internacional como máximo código ordenatorio para proteger a alguien que no ha cumplido con un mínimo exigible de legalidad (ajustarse a las reglas democráticas) para verse amparado por él: Maduro era jefe de Estado en activo porque decidió unilateralmente que lo era él y no otro, y mediante el terror evitó que lo fuera de facto quien estaba legitimado para serlo. Así, de ser la cosa como sostienen Garzón y su cáfila de coristas doctrinarios, el Derecho Internacional se convertiría, en la práctica, en el artefacto que blinda a tiranos y no el que defiende a los pueblos de esos tiranos. Aun así, obviando este ínfimo detalle, es comprensible que se introduzca en el texto el sintagma «en activo» porque no olvidemos que Baltasar Garzón alcanzó la cima de su éxito mediático al abrir causa penal contra Augusto Pinochet en 1998, ocho años después de que abandonase el poder tras las elecciones presidenciales que siguieron al plebiscito en el que la mayoría de los ciudadanos rechazaron su continuidad. Le imputaba delitos de genocidio, terrorismo, torturas y desapariciones forzosas e invocaba el principio de juridiscción universal para ejecutar la orden de extradición (aunque finalmente, por edad y salud, no se materializase). Así, es fundamental que se diferencie al senil exdictador del presidente en activo. Cualquiera pensaría que los crímenes de lesa humanidad por los que está siendo investigado Maduro en la Corte Penal Internacional (detenciones arbitrarias, torturas, desapariciones forzosas, ejecuciones extrajudiciales, persecución política) no son tan reprochables para ‘Elmundojudicial’ exclusivamente porque tuvo el buen tino, el tío listo, de usurpar la jefatura del Estado y gritar ‘casa’, como cuando de pequeños llegábamos por los pelos a tocar la papelera acordada cuando jugábamos al pilla-pilla o cuando, ya adultas, llegábamos corriendo a un punto violeta cuando nos perseguía un agresor sexual. A salvo todos gracias a la invocación oportuna del abracadabra pertinente (casa, espacio libre de agresiones sexuales, Derecho Internacional). Es eso o que no les importa porque la Corte Penal Internacional solo está investigando y no ha imputado formalmente. Pero entonces, siendo lo aplicado una intervención de la DEA por narcotráfico, lo que estarían reivindicando, implícitamente, es su derecho a traficar con drogas sin que nadie le moleste; como, intuyo, defenderían el derecho de Al Capone a evadir impuestos tranquilamente.