Antonio Jiménez-El Debate
  • La confianza en el sistema ferroviario es la misma que muchos ciudadanos tienen en Sánchez: poca o ninguna y máxime después del desprestigio y descrédito en que lo sumieron con sus corruptelas los encarcelados Ábalos, Koldo y la procesada expresidenta de Adif

Desde el primer momento de la tragedia de Adamuz los medios afines al gobierno han intentado imponer un relato favorable a sus intereses políticos con el fin de alejar responsabilidades y culpas. La realidad, sin embargo, se va imponiendo al relato y cada vez es más evidente que el accidente fue causado por la rotura de la vía, conjugándose fatalidad con descoordinación, negligencia, incompetencia y hasta cierta sensación de desidia en el centro de control de Atocha al escucharse las conversaciones entre el operador, el maquinista del Iryo y la interventora del Alvia tras el terrible siniestro.

La principal hipótesis se centra en la rotura del tramo de vía soldada donde descarriló el tren Iryo, por más explicaciones, evasivas y faltas de claridad del ministro de Transportes con las que pretende confundir. Eso de las «circunstancias excepcionales» y las «anomalías extrañas o inexplicables» sobre el accidente ya no pueden seguir alimentando la narrativa oficial de la tragedia. Da la impresión de que Puente no busca la verdad sino su exculpación. Y es legítimo preguntarse cuánto menor habría sido el alcance del accidente si las personas heridas del Alvia no hubieran esperado, por el desconocimiento de la existencia del tren en el lugar del siniestro, cerca de una hora para ser rescatadas y atendidas por las emergencias.

Deduzco que, según parece, los trenes no están monitorizados para localizarlos en todo momento durante su recorrido porque el Alvia no fue detectado por el sistema después de estrellarse. Cosas de este país, donde el gobierno está más preocupado, más interesado, en monitorizar las redes sociales para controlar a sus usuarios que a los trenes cuyos ocupantes no están exentos de accidentes y de perder la vida como se ha demostrado en Adamuz.

Los testimonios de ingenieros especialistas, maquinistas y demás trabajadores ferroviarios coinciden en cuestionar el deficiente estado de las vías y su mantenimiento desde la liberalización del mercado que supuso que por las mismas vías donde antes circulaban los trenes de una sola compañía, Renfe, ahora lo hagan los de tres operadoras con la incorporación de Ouigo e Iryo y el doble de frecuencias de viajes.

El mismo traje utilizado por tres usuarios está condenado a ceder en sus costuras y deteriorarse hasta romperse si no se refuerza y repasa periódicamente o se cambia por completo. Y eso es lo que han venido denunciando los maquinistas sobre el estado de una infraestructura de alta velocidad que por su deficiente mantenimiento y falta de inversiones, provoca vibraciones, «baches», movimientos perturbadores en los trenes y finalmente la hipótesis materializada del descarrilamiento. La huelga que han convocado está más que justificada porque su reivindicación es ajena a intereses corporativos. Exigen seguridad en un sistema deteriorado que garantice su integridad y la nuestra cada vez que subamos a un AVE de cualquier compañía.

La insensibilidad del ministro Puente intentando restar motivación a la huelga achacándola a circunstancias anímicas de los convocantes afectados por la pérdida de compañeros en Adamuz y Rodalies, no solo es una muestra más de su insensibilidad institucional, dada su natural inclinación por la bronca permanente en las redes sociales, sino la evidencia de no querer aceptar por soberbia que en España el sistema ferroviario de alta velocidad no es ahora mismo seguro y que trabajar por la recuperación de la confianza de sus trabajadores y viajeros en el mismo, debería haber sido su principal objetivo como ministro.

Presentarse hoy de plató en plató de televisión o en cualquier estudio de radio como un servidor público humilde, responsable y empático, después de ejercer como macarra habitual en las redes sociales no debiera engañar a nadie. Al tigre no se le hace vegetariano por más lechugas que le echen y Puente volverá a su lugar habitual del crimen, esto es, a la provocación y al insulto contra periodistas y adversarios políticos en «X», si no dimite o lo cesa Sánchez para cubrirse sus espaldas. Un ministro reprobado tres veces en el Parlamento, dos por el Congreso y una por el Senado, por su nefasta gestión como máximo responsable ferroviario ya no debiera estar al frente de Transportes y menos después del siniestro de Adamuz.

Pero está acreditado que ni Sánchez ni Puente comparten con el polaco Vaclav Havel que «asumir responsabilidad por los propios actos es el fundamento de la democracia», ni tienen la dignidad, ni la honestidad política de Kostas Karamanlis, quien dimitió en Grecia, en 2023, como ministro de Transportes, después de una tragedia ferroviaria parecida a la de Adamuz con 57 muertos, alegando que «era lo mínimo que podía hacer para honrar la memoria de las víctimas».

En España, muy al contrario, terminará deshonrada esa memoria por quienes no asumirán responsabilidad alguna en relación con un desastre que quizás podía haberse evitado, al no ser consecuencia de un error humano, y por un «funeral laico de Estado», contradictorio e incoherente con la profunda y sentida devoción mariana de Huelva, corazón del Rocío, y sin duda, la provincia de España más proclive a honrar y celebrar a la madre de Jesús.

Cuando el peor de los pronósticos se convierte en realidad, un presidente de Gobierno que no fuera Sánchez, habría asumido las consecuencias, no solo como un gesto ético sino como el paso necesario y obligado para recuperar la confianza de los ciudadanos en un sistema ferroviario castigado desde hace años por la incompetencia de sus gestores colocados, no por experiencia y conocimiento, sino por militancia política. A partir de ahí era cuestión de tiempo que nos sorprendieran con la compra de unos trenes que no entraban en los túneles de Cantabria y Asturias, como así fue, por más surrealista que pudiera resultar la operación. La confianza en el sistema ferroviario es la misma que muchos ciudadanos tienen en Sánchez: poca o ninguna y máxime después del desprestigio y descrédito en que lo sumieron con sus corruptelas los encarcelados Ábalos, Koldo y la procesada expresidenta de Adif, al convertir la citada empresa pública en agencia de colocación de las «amiguitas» del exministro y en el centro de sus operaciones para adjudicar y amañar contratos a cambio de mordidas y comisiones. Así las cosas ¿qué podía salir mal?