Francisco Rosell-El Debate
  • Esos estudiantes universitarios sirven de carne de cañón de un Gobierno kale borroka que promueve escraches contra sus rivales como la presidenta madrileña Ayuso

El escritor serbioestadounidense Charles Simic, autor de El mundo no se acaba (Premio Pulitzer 1990) y de El monstruo ama su laberinto, solía manifestar que el humor era el mejor recurso para señalar «la dimensión ridícula de la autoridad». Desde ese prisma, no deja de tener gracia un chiste que circula estas semanas por las redes sociales sobre la actitud grotesca de Pedro Sánchez. En el meme, aparece junto al Papa, quien le advierte que está rondando peligrosamente el infierno. Ante tal admonición, este le inquiere anhelante: «Pero, Su Santidad, allí seguiré de Presidente, ¿no?».

Bromas aparte, Pedro Botero Sánchez no es, empero, de los que se quedan al aguardo del destino, sino que van a su encuentro. Por eso, no da tregua al presente y persevera en convertir España en un averno en la tierra explotando el miedo de la gente de cara a las elecciones del 29-N. Bien para seguir en el sitial de La Moncloa a fin de culminar su autogolpe contra el régimen constitucional. Bien para gobernar esta Hesperia de los griegos desde la oposición saboteando un eventual Consejo de Ministros de PP y Vox a base de poner patas arriba las calles con los cascotes de sus ocho años de gobierno de oposición tras haber desarmado el Estado de Derecho y desasistir a la nación ante sus enemigos internos y foráneos.

Porque, con «Noverdad» Sánchez, no se asiste a la legítima aspiración de poder que tan bien verbalizó un gerifalte franquista como Jesús Fueyo, intelectual orgánico del régimen, cuando respondió aquello de «¿Ministro? ¡Aunque sea de Marina!», sino de un autócrata que manda contra el Parlamento y niega la alternancia democrática que sustancia la posibilidad de reemplazar a mandatarios protervos. A este respecto, como ha significado el socialista Álvaro Bilbao, descabalgado como cabeza de lista por Palencia para el 29-N por Sánchez para colocar a una paniaguada suya, lo que ha originado la dimisión en bloque de toda la candidatura, «dentro de unos años, miraremos hacia atrás y todos nos preguntaremos cómo fue posible que dentro del PSOE se cometieran estas injusticias y sólo unos pocos levantasen la voz». Para entonces, Sánchez se ve presidiendo el Infierno tras montarle un pucherazo al mismísimo Satán. Como los que tramó dos veces para ser secretario general, mientras en el interín trató de soslayar su defenestración embutiendo papeletas a troche y moche en una urna entre bambalinas.

Para su reelección o para hacerse fuerte en la derrota, Sáncheztein combina la multiplicación del gasto clientelar sin disponer de Presupuestos Generales que publicita sin recato los «martes electorales», nada de sociales, como esgrime la propaganda gubernamental, así como la adopción de medidas que abundan en la aniquilación del Estado. A este propósito, el Consejo de Ministros volvió ayer a ilustrar fehacientemente esta anomalía, a la par que volvía a burlarse de la Junta Electoral tras amonestar a Sánchez y amenazarle con una sanción tan ridícula como la que la Federación Portuguesa de Fútbol ha impuesto a Cristiano Ronaldo por abandonar la concentración de la selección por desavenencias con su entrenador.

Así, junto a la aprobación de 45 millones para crear 2.000 plazas en residencias universitarias cuando es un Gobierno que está de salida y cuya política de vivienda ha naufragado con estrépito, ha colado de rondón un Estatuto para el Estudiantado Universitario que, vía real decreto con las Cortes cerradas, desarrolla el derecho a la huelga de quienes podrán faltar a clase y estar exentos de exámenes cuando convoquen paros incluso con excusas laxas y ajenas al ámbito facultativo, sin límites para ello ni tampoco mecanismos de compensación para quienes vean vulnerado su derecho.

Con unas Universidades españolas años luz de aquellas que encabezan los rankings internacionales de calidad, en consonancia con el fracaso lacerante de los niveles preuniversitarios evaluados por la OCDE en el último informe Pisa, y con Facultades que despachan títulos que no valen el papel timbrado que los certifica, la prioridad de Sánchez no es recobrar el nivel de la Universidad Pública y que las familias no tengan que hipotecarse para subsanarlo en centros privados. Habiendo puesto a cubierto a sus polluelas en colegios internacionales prohibitivos para el común de los españoles, su apremio es el establecimiento de ese derecho de huelga a través de una normativa muelle que posibilita paros universitarios cuando el cuerpo pida jarana como en la canción de Mecano: «Hoy no me puedo levantar / El fin de semana me dejó fatal».

Eso sí, los bien subvencionados sindicatos hallarán en esa Universidad indocta y gandula una magnífica cantera de futuros mandos liberados de la enojosa penosa tarea de trabajar después de haber reducido en este ochenio su jornada laboral a poco más de las veinticuatro horas de este 11 de noviembre para su Huelga General Política (HGP) contra la oposición en la que se emplearán a fondo para calentar la campaña electoral. Y, entre tanto, esos estudiantes universitarios sirven de carne de cañón de un Gobierno kale borroka que promueve escraches contra sus rivales como la presidenta madrileña Ayuso.

Pese a lo cual, dado que ETA ya no mata, pero manda, como ha subrayado atinadamente María San Gil con motivo del 15 aniversario del fin del terrorismo de ETA, el portavoz socialista Patxi López se jacta de pasear por las calles de Euskadi con más tranquilidad que por las de Madrid. Eso sí, después de aquel «Patxi, dirás y harás muchas cosas que me helarán la sangre», como le afeó la madre de Joseba Pagaza asesinado en 2005, que, entre otros desafueros, ha abierto de par en par las puertas de las cárceles a los carniceros etarras para que Sánchez sea presidente perdiendo elecciones.

Junto a ello, el inquilino de La Moncloa persiste en este nonagésimo aniversario del pucherazo de la izquierda en las elecciones de febrero de 1936 en hacer lo propio mediante la alteración del censo con la amañada «Ley de nietos». Sin garantizar la condición de descendientes de exiliados ni que estos fueran siquiera españoles, Sánchez busca inyectarse en vena el voto oriundo de aquellos que tan agradecidos le están por haberles regalado el pasaporte europeo. En este sentido, habrá que ver si Conde-Pumpido vuelve a poner en regla esta nueva corrupción sanchista con un Tribunal Constitucional que, con él al mando, es más «violante» que garante de la Carta Magna.

Si la retirada estratégica del hombre profundamente enamorado de abril de 2024 tras la imputación de su mujer degeneró en una cloaca, el beso de Fuenlabrada a su «con suerte» puede devenir en la enfermedad de ese nombre al haber transitado en horas de «La fuerza del amor» al «No nos pararán». Es tal la hediondez del sanchismo que a algunos, por sorprendente que parezca, no les deja ver un infierno del que a Sánchez sólo le preocupa, como en el chiste con el Papa, saber si podrá seguir presidiéndolo en el más allá como aquí. Ante ello, Feijóo y Abascal bien harían en ser buenos