Ramón Pérez-Maura-El Debate
  • Han tenido el buen criterio de no hacer ningún papel crítico sobre el Sahara y el cambio de posición español o sobre el «reconocimiento» del Estado Palestino. Sin duda la prudencia era muy conveniente a riesgo de que al investigador que se desviara de la línea oficial le cortaran la cabeza

La capacidad que tiene mi nunca bien ponderado Napoleonchu de arrasar todo lo que tiene a su alrededor supera casi todo lo imaginable. Hasta ha conseguido sublevar a los consortes de nuestros diplomáticos, en su mayoría mujeres. No está mal para ser el Gobierno más feminista de la historia según propia evaluación.

La Asociación de Diplomáticos Españoles, mayoritaria en la Carrera, llevó ayer al Senado su preocupación por el «paulatino deterioro del Servicio Exterior» en los últimos años, en particular la cada vez más deficiente atención consular que se brinda a los españoles en todo el mundo. Y han tenido que hacerlo en el Senado por que en el Congreso la mayoría Frankenstein se niega a recibir la queja de estos funcionarios.

Y entre col y col, lechuga. Me llega una noticia inverosímil. Napoleonchu quiere desalojar al Real Instituto Elcano de Estudios Internacionales y Estratégicos de la sede en la que lleva casi desde su fundación. Un vistoso palacete que tiene casi cien años de existencia y que pertenece a Exteriores. El edificio fue adquirido por Hacienda y se registró como propiedad del Ministerio de Exteriores para que fuese la sede del Elcano. Y que se encuentra «en la acera de enfrente» de la sede Ministerio en la confluencia del paseo del Príncipe de Vergara con la plaza del Marqués de Salamanca.

El Elcano fue fundado en 2001 y su primer presidente fue Eduardo Serra con Emilio Lamo de Espinosa como director. En esos puestos ha habido diferentes personalidades, generalmente respetadas. Las transiciones se han hecho con normalidad y ello ha permitido que el Real Instituto Elcano se haya convertido en un think tank de referencia en el mundo entero. Pero yo creo que el equipo que preside desde 2021 el economista José Juan Ruiz y dirige desde 2012 el historiador Charles Powell no se ha dado cuenta de cuál debe ser su verdadera función en estos tiempos. Permítanme una aclaratoria previa. José Juan Ruiz fue nombrado para este cargo por la ministra Arancha González Laya y era un hombre de confianza de la vicepresidente Nadia Calviño. Yo le describiría ideológicamente como socialdemócrata de la vieja escuela, la de Felipe González y eso le debe hacer sospechoso. Powell lleva en el Elcano desde su fundación y ha hecho una tarea impecable.

Y ¿qué es lo que ha hecho mal el equipo investigador del Real Instituto Elcano? Lo peor que se podía hacer: no haber cantado alabanzas y loas sin fin al genio estratégico, a la visión planetaria de nuestro Napoleonchu. Intolerable. ¿Para qué se creen ellos que cobran un sueldo? Y eso que han tenido el buen criterio de no hacer ningún papel crítico sobre el Sahara y el cambio de posición español o sobre el «reconocimiento» del Estado Palestino. Sin duda la prudencia era muy conveniente a riesgo de que al investigador que se desviara de la línea oficial le cortaran la cabeza.

El Elcano viene siendo inquilino con contratos cuatrianuales que se renovaban de forma casi automática. Y Albares ha dicho que hasta aquí hemos llegado. Albares, más Napolenchu que nunca, ha decidido que si no son capaces de darle las satisfacciones que él necesita y merece, se van a la calle. Ya se le dijo al Elcano que el contrato de alquiler no se renovaría. Finalmente se ha conseguido una prórroga por un año para darles tiempo a buscar otra sede. Ya solo falta que el ministro, que ya se ha quedado con todo el Palacio de Viana como residencia particular, se quede también con el palacete del Elcano para dormir la siesta los días que despache en Marqués de Salamanca. Ya digo, está enfrente del Ministerio.