Alejo Vidal-Quadras-Vozpópuli
- La cuestión palestino-israelí es de una gran complejidad y que no puede ser enfocada mediante simplificaciones buenistas ni reflejos paulovianos antibelicistas
Pedro Almodóvar ha hecho público un video en el que solicita al Gobierno español que rompa toda relación diplomática y comercial con Israel como represalia por lo que denomina “genocidio del pueblo gazatí”. Asimismo, y ya lanzado en su impulso justiciero, ruega a Pedro Sánchez que influya en los restantes miembros de la Unión Europea para que adopten medidas similares. La izquierda exquisita en general, ese magma adicto a la subvención y a la promoción del socialismo y del antiamericanismo desde sus lujosas mansiones y sus glamurosos festivales, está entregada, desde que empezó la guerra de Gaza hace casi dos años tras el alevoso y bárbaro ataque de Hamas contra civiles israelís indefensos en el que asesinaron a mil doscientas personas, violaron, torturaron y tomaron varios centenares de rehenes, a la condena más enérgica de las acciones militares del país agredido en respuesta al brutal y traicionero crimen de la organización terrorista palestina.
Para que una postura crítica tan contundente como la exhibida por el oscarizado director tenga consistencia ha de basarse en el contexto completo y no atenerse exclusivamente a una parte de la situación, los miles de víctimas de los bombardeos, las penurias de la población del enclave y la arrasadora destrucción de viviendas, escuelas y hospitales, desgracias todas ellas muy de lamentar por razones de estricta humanidad. Ahora bien, lo que Almodóvar no debe ignorar es que, a lo largo de los más de setenta años desde la creación del Estado de Israel por las potencias occidentales tras la Segunda Guerra Mundial como compensación del Holocausto, de forma sistemática, continua y contumaz, las entidades palestinas se han negado a cerrar acuerdos de paz que hubieran proporcionado a sus ciudadanos estabilidad, prosperidad y un espacio propio donde desarrollar su vida. Es famosa la observación de Thomas Friedman sobre Yaser Arafat en la que apuntó que “nunca perdía la oportunidad de perder una oportunidad”. En cuanto a Hamas, una filial de la teocracia iraní dedicada al terrorismo, a la corrupción y a la imposición violenta del fundamentalismo islámico a dos millones de palestinos que no han expresado su voluntad libremente en las urnas desde 2006, es una fuerza opresora a sueldo de Teherán cuya misión es la destrucción de Israel.
El espantoso sufrimiento del pueblo palestino como consecuencia de la vileza del 7 de octubre de 2023 era algo perfectamente previsible, que Hamas y sus amos iranís tenían claro cuando prepararon la incursión y que, por supuesto, formaba parte de su plan
La barbarie del 7 de octubre de 2023 se perpetró por orden del régimen iraní, que financió, diseñó y preparó la operación ejecutada por sus esbirros de Hamas. El propósito de esta atrocidad era precisamente provocar lo que ahora contemplamos con horror, el enfrentamiento armado del Tsahal y la organización terrorista, así como el bloqueo del acuerdo que estaba muy maduro de establecimiento de relaciones entre Israel y Arabia Saudita, avance que hubiera contribuido muy eficazmente a la distensión en la región. El espantoso sufrimiento del pueblo palestino como consecuencia de la vileza del 7 de octubre de 2023 era algo perfectamente previsible, que Hamas y sus amos iranís tenían claro cuando prepararon la incursión y que, por supuesto, formaba parte de su plan. Los lamentos y las protestas de las manifestaciones con pañuelos ajedrezados en Londres, Paris, Madrid, Berlín o Washington, así como el dramático video de Pedro Almodóvar, siguen ingenuamente el guion trazado por Ali Jamenei y la Guardia Revolucionaria Iraní, instancias asesinas a las que las desgracias de los gazatís les traen sin cuidado, es más, los utilizan sin escrúpulo alguno como carne de cañón dentro de sus siniestros designios de borrado de Israel de la faz de la tierra. Puede que Netanyahu no sea un santo, pero el poder diabólico al que combate es sin duda la encarnación del Mal químicamente puro, al igual que lo fueron en su día el nazismo en Alemania o el estalinismo en la URSS.
La aniquilación de Israel
Israel lucha por su supervivencia frente a enemigos que pretenden su total aniquilación y que así lo declaran abiertamente. Si alguien no quiere un Estado palestino son la OLP, Hamas, Hezbollah e Irán, porque su consolidación en armónica convivencia con Israel sería un obstáculo insalvable para su intención final de liquidación inmisericorde de la presencia israelí “desde el río hasta el mar”. Por tanto, el reconocimiento de tal fantasmagoría por parte de democracias occidentales es una mera pérdida de tiempo voluntarista y carente de viabilidad. La experiencia histórica de los judíos les ha convencido no sin razón de que su pugna multisecular por existir no admite componendas ni medias tintas, o se defienden de manera decidida y sin vacilaciones, o les espera la extinción.
Pedro Almodóvar y demás progresistas de oropel han de comprender que la cuestión palestino-israelí es de una gran complejidad y que no puede ser enfocada mediante simplificaciones buenistas ni reflejos paulovianos antibelicistas, a no ser que estén conformes con ser marionetas movidas por las manos ensangrentadas que envían al patíbulo un promedio de cuatro personas al día en las legendarias tierras de la antigua Persia.