Editorial-El Debate

  • Los comicios del 17 de mayo tienen que acabar con la maldición democrática que encarna este PSOE

Todo apunta a que la convocatoria de elecciones en Andalucía el próximo 17 de mayo, pocos días antes de que culmine la legislatura al completo, supondrá con casi absoluta seguridad la cuarta derrota aplastante consecutiva del PSOE en poco tiempo, tras las de Extremadura, Aragón y Castilla y León. Y de todas ellas, sin desmerecer las demás, será la de mayor impacto por la relevancia de esta comunidad y porque la derrota será achacable a Pedro Sánchez aún más que en el resto de los casos por la identidad de su candidata, la número dos del Gobierno y del PSOE, María Jesús Montero.

Porque ella encarna como nadie la mala política de Sánchez, sustentada en la mentira, la trampa y el desprecio a la democracia. Y a eso le añade un currículo andaluz personal deplorable. Porque es la ministra que en su día participó en el atraco de los ERE, renunciando a reclamar la millonada malversada. Y porque es la responsable de aplicar una exención de deuda y fiscal a Cataluña, amén de un indecente «cupo» financiero, para comprar a Sánchez el apoyo del separatismo.

Andalucía tiene la capacidad de emitir un mensaje definitivo contra la calamidad democrática que es Sánchez, a quien puede y debe calificársele ya de insurgente. Porque se empeñó en gobernar y se atrinchera para no soltar el poder sin haber ganado en las urnas, sin disponer ya de mayoría parlamentaria, sin poder aprobar Presupuestos y limitado al papel de monigote de sus aliados para concederles todos los abusos que le quieran imponer.

Montero simboliza el llamado «sanchismo» en primera persona, una burda combinación de intereses espurios, métodos fraudulentos y ausencia de escrúpulos destinada en exclusiva a saciar su ambición personal. Al precio que sea. Por todo ello el PSOE se ha convertido en un partido ajeno a España, con un sentido nacional inexistente y una deriva antisistema ya imparable mientras siga Sánchez al frente.

Los andaluces pueden, con su voto, contribuir al fin del sanchismo, una desgracia democrática que tiene que acabar por el bien común. Justo el contrario de lo que mueve a Pedro Sánchez.