- Cuando no hay mayoría para legislar se polariza. Cuando no hay gestión, se moraliza y ante las tragedias se buscan culpables externos y se inventan enemigos que desvíen la atención de la opinión pública hacia el ruido con el que pretende tapar el fracaso electoral del domingo en Aragón
Supongo que el domingo por la noche estará agazapado, sin salir del búnker de la Moncloa, rumiando otra debacle electoral mientras su candidata, Pilar Alegría, se traga el sapo de la peor derrota socialista en Aragón.
Sánchez encadenará en el llamado Ohio español otro fracaso en las urnas como el de Extremadura, premonitorio del que sufrirá en junio en Andalucía y anticipo de la derrota definitiva que le depararán las generales. Si los politólogos no yerran y seguro que afinan más que la Aemet pronosticándonos un invierno cálido y poco lluvioso, en la noche del domingo Zaragoza dibujará el mapa electoral español de la próxima contienda en toda España igual que el estado de Ohio avanza en sus urnas el resultado de las presidenciales en Estados Unidos. Y así, de derrota en derrota, Sánchez pretende aguantar hasta una hipotética victoria final que le niegan todas las encuestas menos las de su conmilitón desvergonzado Tezanos y de ahí la indiferencia e incredulidad que le inspiran.
El previsible desastre electoral del PSOE en Aragón, sin embargo, no le provocará el lunes ninguna reflexión autocrítica ni considerará asumir responsabilidad alguna por ser el padre de la derrota apoyando a una candidata condenada a estrellarse en las urnas. Hay quienes sostienen que Sánchez lanza a sabiendas a candidatos quemados sin posibilidad de redimirse políticamente y de voltear las encuestas para así rodearse de barones derrotados, sin poder político en sus predios, y sin capacidad para cuestionar su supervivencia política y continuidad al frente del PSOE cuando tenga que dejar la Moncloa. Eso explicaría la sinrazón de enviar al matadero electoral a exministras churrascadas como Pilar Alegría y próximamente a María Jesús Montero con las mismas posibilidades de desbancar a Juanma Moreno en la Junta de Andalucía que el admirado y siempre recordado Curro Romero tiene, a su provecta edad, de volver a salir por la Puerta del Príncipe de la Maestranza.
Y esto explica también la personalidad narcisista de un dirigente que no le importa empujar a su partido al abismo electoral mientras él sobrevive y resiste, ya sin poder gobernar, extendiendo cortinas de humo con las que tapar las deficiencias de su mal gobierno, inexistente por incomparecencia ante la falta de Presupuestos, y moviendo la bolita del trile para distraer la atención de lo que importa e interesa: que España funcione.
Sin mayoría parlamentaria y sin Presupuestos Generales del Estado, Sánchez ha optado por la peligrosa estrategia de sustituir la acción de gobierno por el ruido, y la incapacidad por el trilerismo político, generando polémicas más simbólicas que reales.
Cuando no se puede gobernar, se distrae con acciones tramposas y antidemocráticas como hacer a los pensionistas rehenes electorales y utilizar la revalorización de sus pensiones como arma arrojadiza contra el PP, en un burdo engaño que no coló ni entre los más incondicionales sanchistas, o convertir a los miles de propietarios de pisos en alquiler en «escudos sociales» y paganos forzosos de su política demagógica con los inkiocupas vulnerables. El resultado es perverso: anulación de la propiedad, inseguridad jurídica, retirada de viviendas del mercado, menos oferta y mayor demanda con precios más caros. Sánchez hace política social sin vivienda social que es otra cortina de humo con la que la ministra del ramo, Isabel Rodríguez (pues sí, al parecer hay una ministra de la Vivienda), señala a Ayuso, a la que quiere aplicar el artículo 155, por denunciar la presidenta madrileña la hipocresía de un gobierno que después de ocho años no ha levantado ni la caseta de un peón caminero.
Mientras tanto, los problemas reales se acumulan. Los trenes se paran, literalmente. La alta velocidad, emblema de modernidad durante décadas, atraviesa una crisis de gestión y mantenimiento que Óscar Puente, en un alarde de desahogo y desvergüenza sideral, minimiza con excusas técnicas y culpando a Rajoy y al cambio climático. Paralelamente, la red eléctrica está saturada y el colapso de la infraestructura de distribución y transporte bloquea nuevos proyectos industriales y residenciales al no poder conectarse a ella, frenando inversión y empleo, además de advertirnos sobre otro posible gran apagón.
Y para que no se hable de todo esto que es lo importante y trascendente, Sánchez mueve la bolita del trile para distraernos creando enemigos como los magnates tecnológicos Elon Musk (X) y Pavel Durov (Telegram), a los que insulta llama tecnoligarcas y presenta como amenazas para las democracias y la convivencia digital por generar odio y mentir a través de sus redes sociales obviando que él levantó un muro ideológico para polarizar a la sociedad y enfrentar a los españoles y ha hecho de la mentira y los cambios de opinión una forma de supervivencia política.
El colmo del cinismo es erigirse en árbitro de la verdad y anunciar medidas contra el acceso de los menores de 16 años a las redes sociales y a internet, incluso contraviniendo la legislación europea sobre libertad de expresión y servicios digitales, con la excusa de proteger a los mismos menores a los que permite abortar o cambiar de sexo sin el consentimiento de sus padres.
Nada de esto es improvisado. Es una estrategia de Sánchez y sus ‘tropecientosmil’ asesores y propagandistas monclovitas para resistir sin gobernar. Cuando no hay mayoría para legislar se polariza. Cuando no hay gestión, se moraliza y ante las tragedias se buscan culpables externos y se inventan enemigos que desvíen la atención de la opinión pública hacia el ruido con el que pretende tapar el fracaso electoral del domingo en Aragón y su incompetente desempeño al frente del gobierno.