Gorka Maneiro-Vozpópuli

  • Es mejor no dar balones de oxígeno a quienes políticamente apenas respiran pero han demostrado tener varias vidas

Zapatero se le tuvo siempre como uno de los presidentes menos avispados de la democracia y hasta de la historia de España, lo que compensaba con un atributo que en política, salvo en su caso, no sólo no garantiza el éxito sino a menudo el más estrepitoso de los fracasos: la bondad que supuestamente atesoraba; o sea que, para muchos, nunca fue muy hábil ni tuvo talento pero, al menos, tenía talante y era buena persona, por lo que podía ser votado antes que cualquier otro, por muy listo que fuera.

Ahora que estamos conociendo sus tejemanejes y que está siendo investigado por la Justicia por la probable comisión de varios delitos, hay quien ha cambiado su opinión sobre el expresidente: hay quienes dicen que no es tan bueno como parecía e incluso que es más tonto de lo que siempre les pareció, aunque la derecha, por el simple hecho de serlo, es claramente peor, por lo que Sánchez, que lo convirtió en su faro, merece seguir siendo votado a pesar de tanta desvergüenza. Sea como fuere, lo más sobrecogedor de este último caso de corrupción que asedia al sanchismo no es que los subordinados de Sánchez nieguen la comisión de ciertos delitos o defiendan la presunción de inocencia de Zapatero, sino que, conocidos y reconocidos algunos de sus comportamientos inmorales e ilegales, haya quien públicamente los justifique y avale; no es que se afirme que nunca se cometieron sino que está bien que se cometieran, porque siempre se hizo, porque otros lo hicieron o, simplemente, porque a Zapatero se le permite hacerlo.

Negar los hechos

A la espera de que se conozcan todas las irregularidades que Zapatero cometió y por las que será juzgado, me refiero en concreto a las joyas que guardaba escondidas en una caja fuerte y que nunca declaró a Hacienda ni quiso hacer públicas, quizás para no contradecir esa mentira tantas veces contrastada de que «ser socialista es tener poco y estar dispuesto a dar mucho»: en su caso, por lo que ya se sabe, ni tiene tan poco como presumía ni estuvo dispuesto a dar tanto como nos decía, porque además no se trata de repartir limosnas ni contar monsergas sino de cumplir la ley y pagar los impuestos que nos correspondan. Sus partidarios más sectarios, en lugar de censurar semejante comportamiento, han preferido no ya negar unos hechos hasta que haya sentencia firme, sino justificar un comportamiento inadmisible. Por lo que nos cuentan los mariachis que todavía le quedan, Zapatero obró como correspondía: en el supuesto de que las joyas fueran un regalo, cosa que no está confirmada porque Zapatero es tan sincero que prefiere no hablar de ello, en lugar de entregarlas al patrimonio nacional, hacerlas públicas y declararlas, hizo bien en quedárselas, hizo bien en esconderlas e hizo bien en no pagar los impuestos a los que estaba obligado por tenerlas. No se sabe bien si para ser un buen socialista o precisamente por no serlo, o simplemente porque las leyes sólo deben cumplirlas los ciudadanos que no pertenecen a su secta. En lugar de pedir las aclaraciones debidas, optan por hacer apología del delito: siempre que no te pillen, delinquir es al menos una opción respetable cuando no la actitud correcta y digna de elogio… siempre que seas miembro del PSOE.