- PDVSA ha pasado de ser la gallina de los huevos de oro a ser una compañía casi quebrada. Ahí hay un problema gravísimo, ya detectado hace 25 años: el nulo mantenimiento de las explotaciones petrolíferas
En estos días en que tan pendientes estamos de la evolución política en Venezuela –o, quizá sea más correcto decir, de la falta de ella– uno de los hechos indiscutibles que surgen de la extracción de Nicolás Maduro es las dificultades técnicas que hay para reactivar la inmensa industria petrolífera de Venezuela. Ese oro negro que hizo del país caribeño un paraíso del derroche por parte de algunos se fue inutilizando poco a poco durante los años de chavismo que ha vivido la llamada «República Bolivariana» por pura negligencia en la explotación de sus propios recursos. PDVSA ha pasado de ser la gallina de los huevos de oro a ser una compañía casi quebrada. Y ahí no solo es clave la forma en que se ha suministrado a terceros países que casi no pagaban el crudo. Al menos no monetariamente, como es el caso de Cuba. Ahí hay un problema gravísimo, ya detectado hace 25 años: el nulo mantenimiento de las explotaciones petrolíferas. Ahora hay que invertir miles y miles de millones de dólares en poner a punto esa explotación que puede generar una riqueza excepcional.
Quizá haya quien no vea el paralelismo chavista con el AVE español. Déjenme que se lo cuente.
La Alta Velocidad Española ha sido un modelo de éxito mundial. Hasta desde Estados Unidos han venido a España a copiar el prototipo ferroviario e implantarlo en diferentes regiones de la gran potencia. Era un modelo para exportar. Yo tuve un gran amigo que fue una personalidad relevante en Estados Unidos: Vernon Walters. Entre otras muchísimas cosas, fue director adjunto de la CIA entre 1972 y 1976 con cuatro directores diferentes –lo que demuestra quién era el que de verdad mandaba allí. Fue miembro de la Administración de Ronald Reagan y fue el embajador de Estados Unidos en Alemania durante el proceso de la reunificación.
En 1996 Walters vino a España a conocer el AVE. A mí me sorprendió porque yo sabía de su pasión por los servicios de metro por todo el mundo. Era un experto en el transporte suburbano que siguió después con pasión el desarrollo del metro madrileño durante la gestión de Alberto Ruiz-Gallardón como presidente de la Comunidad de Madrid. Pero en 1996 me pidió que lo acompañara a Sevilla para probar el AVE. Su admiración y sus elogios por esa línea me hizo darme cuenta de la joya que teníamos en España. Ése es el diamante que hemos ido dejando degenerar hasta que hogaño se ha convertido en un sistema de transporte lamentable. No solo el AVE, toda la red ferroviaria española lo es hoy. Confieso que desde hace años intento evitar usar el tren para ir a ninguna parte. No tanto por jugarte la vida en un accidente como el de este pasado domingo. Sino por la falta de mantenimiento que este Gobierno no parece hacer nada por resolver. Una falta de inversión que puede dejarte tirado durante horas sin luz y sin calefacción. Y si a ustedes les viene a la cabeza los casos del AVE, ni les cuento lo que es tomar un tren a Santander.
Sin ser un técnico, el sentido común indica que para que se produzca el descarrilamiento de los tres vagones traseros del AVE de Iryo que chocaron con el Alvia de Renfe en una recta sin ningún riesgo en teoría, el problema tiene muchísimas posibilidades de originarse en el defectuoso mantenimiento de la vía. Y ¿por qué no se gasta más en ese mantenimiento? Adif, la empresa responsable de la manutención de esas infraestructuras es propiedad del Estado. ¿No se pasan la vida diciéndonos lo bien que va nuestra economía? ¿No estamos que nos salimos? Y si eso es así ¿no hay dinero para mantener las vías de tren? Aquí no dimite nadie. En la dana de Valencia consiguieron cargarse a Mazón y mandar a Ribera a vicepresidir la Comisión Europea. A ver a quién culpan en esta tragedia. Por ahora piden tiempo –como en el apagón– y no fiarse más que de las informaciones oficiales. Del parte de este régimen. También en esto, chavismo puro.