Carlos Herrera-ABC

  • Ruido, ruido, mucho ruido. Ruido para tener entretenida a la gente con asuntos que no van a ninguna parte

Escribía servidor la pasada semana que el Maligno iba recomponiendo su camarilla. Visto desde hogaño no la tiene tan recompuesta como parecía a simple vista. No obstante, para que el desastre gubernativo y las tensiones con parte de sus socios se evidencien menos, Moncloa ha dado la orden de hacer ruido. Ruido, ruido, mucho ruido. Ruido para tener entretenida a la gente con asuntos que no van a ninguna parte pero que crean debate y desplazan a segundo plano la verdadera gravedad de los asuntos esenciales. Es lo que deberíamos llamar Armas de Distracción Masiva (ADM). En esa cueva de piratas en que se ha convertido La Moncloa, hay cientos y cientos de personas buscando argumentaciones diarias para entretener al personal patrio y hacer que Sanchito parezca un estadista internacional. El Arma por excelencia es Franco, por supuesto, pero a él no se puede recurrir todos los días; sin embargo, son capaces de encontrar elementos menores con los que ocuparnos durante algunas semanas. Eurovisión, sin ir más lejos. Gaza y el entretenimiento semántico sobre el genocidio; no digamos la flotilla de imbéciles a la que el Gobierno consignó un buque para su «protección». Intentar polemizar con Trump para establecer una contrafigura en la Europa civilizada, otrosí. No digamos la bronca con Elon Musk: nada le puede hacer más feliz que el tipo más rico del mundo se fije en él, aunque sea para llamarle Sucio. Eso le permite sentirse Quijote y transmitir la idea de que cabalga contra la acción de todos los molinos del mundo. Regularizar mas de un millón de inmigrantes a la buena de Dios también permite cimentar una imagen de humanidad desbordante mientras en su fuero interno sabe que esa medida choca con políticas europeas y tiene que ser aprobada por el Congreso. Ambas cosas, qué decir, le traen al pairo: todas esas medidas no están hechas para que se realicen mejor o peor –por el momento tiene colapsados consulados por doquier–, sino para quemar minutos en medios y cenáculos y así distraer masivamente. Sus ministros están también en las mismas majaderías: la de Vivienda soltando que quisiera aplicar el 155 a Ayuso y la tal Sira Rego asegurando que va a tratar de prohibir la entrada de menores de edad en los toros, que al parecer ha hablado con un par de cretinos de la ONU y le han instado a ello. No podrá hacer esa barbaridad, pero la anuncia por si acaso (un menor con 16 años puede casarse, abortar, mutilarse o cambiar de sexo en el registro sin comunicarlo a sus tutores pero no puede entrar en Las Ventas; ¿qué idiotez es esa?). La última del catálogo consiste en regular el odio de las redes sociales y la prohibición de la presencia de menores en ellas: interesante debate lleno de ineficacia técnica. Las ADM tienen corto recorrido, pero entretienen. Y excitan mucho la curiosidad para intuir cuál será la próxima. Y los trenes, entre tanto, sin funcionar, y el mes pasado 270.000 empleos menos.