Diego Carcedo-El Correo
- El desprestigio que está propiciando aumenta conforme pasan los días recluido en La Moncloa sin poder asomarse a la calle
Apenas conozco personalmente a Pedro Sánchez, pero pienso que se trata de un político inteligente al que le pierde su apego al poder. Lleva cada día que pasa acumulando problemas que salva ante la opinión pública con subterfugios y mentiras que, además de causar indignación entre los ciudadanos, lastran sus perspectivas personales de futuro. El desprestigio que está propiciando aumenta conforme pasan los días recluido en La Moncloa sin poder asomarse a la calle para evitar enrojecerse ante los abucheos que lleva incluidos en su sueldo.
La situación nacional e internacional que todos afrontamos es muy complicada y carece de perspectivas de mejorar. Sánchez la afronta al frente de un Gobierno integrado por ministros unidos solamente por el interés de prolongar sus cargos, sin capacidad para elaborar unos presupuestos generales y sustentados por una coalición de socios de ideas contrapuestas, algunas desafiantes de la Constitución, y carentes de un sustento parlamentario firme.
Los expertos saben muy bien que así, sin unos Presupuestos del Estado y sin mayoría en las Cámaras, es imposible gobernar. Intentarlo como se obstina Sánchez obliga a recurrir a las mentiras, renuncias y subterfugios que acaban imitando los resortes de las dictaduras. La oposición, a la que más que soslayar el presidente desprecia, le exige, y una buena parte de la sociedad lo refrenda, que dimita y convoque elecciones anticipadas.
La situación internacional, en la que España es un país comprometido frente a las amenazas contra la paz -sin duda, el bien más preciado-, también lo exige. El poder, que no es sólo del Gobierno porque tiene que compartir con otras instituciones, debería mantener firmes sus principios democráticos y aceptar la necesidad de que sus decisiones emanen de los derechos y deseos de los ciudadanos expresadas en las urnas, no en los sondeos cocinados en secreto.
Cuando se plantean problemas graves es muy importante que las soluciones que se arbitren cuenten con el respaldo de una opinión pública convencida de que se cuenta con ella para intentar resolverlos. En un sistema democrático y parlamentario su principal resorte es el recurso a unas elecciones que encarrilen los poderes para tomar las decisiones oportunas. Hay que perder el miedo a las urnas.
Para las propias ambiciones de Pedro Sánchez, desde fuera enseguida se entiende que su obstinación de conservar el poder al margen de las demás instituciones y desde la seguridad de que es lo que quiere la gente, poner en riesgo su propia posibilidad de recuperarlo en un futuro. Nada impide que vuelva a presentarse y competir. Es un hombre joven que probablemente no aspirará a retirarse de la política a pesar del desprestigio en que está cayendo
La política es una actividad complicada que exige varias condiciones y una de las más importantes es la coherencia entre sus principios y decisiones que llevan a la consolidación de una imagen de dedicación al servicio de los demás, algo que no puede lograrse recurriendo a mentiras ni maniobras de distracción. Ignoro si Pedro Sánchez, que alardea de reflexionar mucho, es consciente de que su imagen política está agotándose quizás para siempre.