Jon Juaristi-ABC
- El cervatillo regresa: Dios nos pille confesados
Mientras el orden mundial se derrumba a pesar de los titánicos esfuerzos de Albares por impedirlo, releo ‘Bambi’, de Felix Salten, en la meritoria Colección Austral. Reconforta saber que cuando desaparezcamos, en un futuro muy próximo, cervatillos tan pacifistas como Zapatero y el Saunas (o más) dominarán la tierra o lo que quede de ella. Ya nos lo advertía el filósofo católico Fabrice Hadjadj: «La Fontaine hacía hablar a los animales para enseñar moralidad humana. Los nuevos cuentos para niños moralizan sobre cazadores malvados que matan fieras adeptas a la no violencia. El año 1942 remite ahora a la creación de ‘Bambi’, mientras la conferencia de Wannsee, que reunió ese año a varios enemigos de la vivisección animal, va saliendo de nuestra memoria». (‘Le Paradis à la porte’, Seuil, 2011).
El Bambi al que se refiere Hadjadj es el del ‘cartoon’ de Disney (1942) sobre la novelita de Salten (seudónimo del judío austrohúngaro Salzman, que salvó su vida refugiándose en Suiza, donde murió, como Hitler, en 1945). El pasado año se estrenó ‘Bambi: the Reckoning’, la cuarta peli del ciclo británico de terror ‘Twisted Childhood Universe’ («el retorcido universo de la infancia»), en la que un Bambi adulto y enfurecido, mutado en híbrido monstruoso de Alien, el octavo pasajero, y de candidata socialista a la presidencia andaluza, toma venganza de los cazadores que han asesinado a Falina, su compañera, y secuestrado a su única cría. Oscuro príncipe del bosque, Bambi elimina, uno por uno y de diversas maneras a cual más bestial, a todos los humanos que vagan por una floresta atrozmente contaminada, perdonando la vida, en el límite, al trío compuesto por la anciana Mary, su nuera Xana y su nieto Benji, trasunto ‘woke’ de la Sagrada Familia purgada de San José y reducida, como en el Giotto, a Santa Ana, la Virgen y Jesusito.
Este Bambi crepuscular y resentido no tiene amigos como aquel conejito Tambor o Flor, la mofeta macho, zorrillo en el doblaje portorriqueño, que tanto se parecían anticipada y respectivamente a los ministros Albares y Bolaños, si bien los conejos de su entorno han experimentado una mutación genética tras ingerir aguas tóxicas por los vertidos industriales, convirtiéndose en ratas feroces de largas orejas, que completan la labor destructiva del protagonista, más que ciervo, megaceros carnivoro salido de una pesadilla de Lovecraft o de Alfonso Guerra cuando rebautizara premonitoriamente como Bambi a Zapatero, el origen del mal. En fin, un poema fílmico petado de casquería y buenismo que nadie debería perderse mientras el orden mundial se derrumba, las femenazis mutan en ‘therians’ conejas o zorrillas, llega la primavera, los pajaritos cantan y las nubes de polen se levantan. A cuidarse, pastorcillos, zagalas y demás tañedores de zampoñas.