Juan Carlos Viloria-El Correo
- Censuran un documental sobre altercados del procés desde el plano de los antidisturbios
Cuando se trata de asuntos de orden público, la cámara siempre enfoca desde el ángulo de la protesta, la reivindicación, la víctima reprimida, el manifestante golpeado, el policía encasquetado, aguerrido, violento, supremacista, un poco fascista, claro; aunque solo sea por el uniforme oscuro, el casco, la bocacha, las botas y el escudo. Así que cuando Elena García Cedillo y Susana Alonso han dirigido y guionizado el controvertido documental sobre los disturbios ocurridos en Barcelona en 2019, tras la sentencia del procés, el desconcierto se ha apoderado de quienes esperaban una pieza política, marcadamente ideológica, ensalzando a los luchadores del contenedor o una especie de Tiananmén en la plaza de Urquinaona.
El documental ‘Ícaro, la semana en llamas’ es una rareza en el panorama mediático audiovisual. Una anormalidad, una excepción, porque pone ante el objetivo de la cámara a los policías, a los txakurras, a los maderos, a los ‘fascistas’, en el lenguaje habitual del otro lado de la barricada. Y resulta que son personas. Con sus angustias, con sus familias, con sus miedos, con su responsabilidad frente a una multitud que aquel día, en la noche de Urquinaona, en el centro de Barcelona en llamas, se los quería llevar por delante.
Los setenta minutos de película que la plataforma Filmin está exhibiendo -hasta que la retire por las presiones políticas y las coacciones- son una pieza dramática y vibrante porque, a pesar de los años que han pasado, los policías nacionales que dan su testimonio todavía mantienen restos de la adrenalina y el miedo en la mirada. Hay imágenes que no se habían visto, donde lo de menos es la estelada o la independencia de la Cataluña oprimida, porque lo que desborda la pantalla es el odio.
La agente de la Policía Nacional Alicia Araujo cuenta las horas escalofriantes del asalto al aeropuerto de El Prat, los momentos sobrecogedores en los que se sintió acorralada por la masa. En las imágenes todo es sombrío: el humo de los extintores en el parking, la noche cerrada en las calles, los encapuchados lanzando bengalas… Y cuesta asumir que no es una serie.
Nunca se había visto cómo se organizan en el caos los antidisturbios, sus nombres en clave, su intento de mantener la calma ante el desorden («ahora, pelotas no») y el compañerismo como seguro de vida. El minuto 52 de «Ícaro», grabado desde un furgón policial, es puro cine de acción brutal.
La pregunta es por qué un documental que no pretende otra cosa que reflejar el otro lado de la barricada en aquellos días lo quieren censurar. Parece que no hay costumbre de que al independentismo la realidad le estropee el ‘agitprop’.