- El procesamiento de Begoña Gómez lo es políticamente también de Sánchez, un insurgente peligroso
El juez Peinado ha concluido la instrucción referente a todos los presuntos delitos cometidos por Begoña Gómez, que al final se limitan a cuatro de los cinco inicialmente apuntados, al considerarse que el intrusismo profesional no tiene visos de penalidad.
Sí se mantiene la acusación de tráfico de influencias, malversación, corrupción en los negocios y apropiación indebida, todo ello cometido, de ser cierto, en su calidad de esposa de presidente del Gobierno y gracias a ella. Esto significa que Gómez ya es formalmente una ciudadana procesada y que muy probablemente se enfrente a juicio a no mucho tardar, quizá ante un jurado popular.
El mero enjuiciamiento a alguien que vive en La Moncloa, que está ahora mismo en China representando de algún modo a España, tiene una trascendencia política formidable, especialmente cuando los ilícitos descritos por Peinado y ratificados en su día por la Audiencia Provincial solo podrían haberse cometido por su posición institucional y gracias a su marido, por acción u omisión.
El caso Begoña señala por todo ello al líder del PSOE, que además lo hizo aún más propio al esconder su imputación, desaparecer durante cinco días con la amenaza de marcharse y regresar con un intolerable ataque a la Justicia y la Prensa que tanto ayudó a poner luz en este caso, como El Debate entre muy pocos otros.
Lo cierto es que Gómez citó al rector de la Complutense en La Moncloa para que le creara una ‘cátedra’ convertida en una especie de empresa privada, que asoció a ella a empresarios receptores de contratos públicos, que mantuvo relaciones comerciales con multinacionales que jamás la hubieran atendido de no tener esa posición, que dispuso de una asistente personal para sus negocios contratada por La Moncloa, que registró a su nombre un software de la Complutense o que, entre otros excesos, viajó a Rusia con Víctor de Aldama y obtuvo patrocinios de una compañía, Air Europa, rescatada con millones de dinero público con la firma de su marido.
Solo un sectario puede defender el intolerable comportamiento de Gómez, la insólita complicidad de Sánchez y la inaceptable reacción de buena parte del Gobierno, convirtiendo un bochornoso abuso en una especie de conspiración para acabar con el PSOE.
En ese contexto se inscribe la inverosímil declaración del ministro de Justicia, Félix Bolaños, que habló ayer del daño irreparable a la Justicia que representaría el movimiento del juez Peinado. Pues no. El daño irreparable a la Justicia lo ha personificado el propio Bolaños, un ministro de Justicia que, en lugar de salir en apoyo de los jueces, actúa en beneficio de la mujer de su jefe. Abracadabrante.
En realidad, a la pareja habría que pedirle cuentas, también, por el beneficio logrado antes de esta vergüenza con los impúdicos negocios de tráfico sexual del padre de una y suegro de otro, que entre otras cosas les permitió vivir y veranear durante años en viviendas de alto nivel y, tal vez, hasta financiar la campaña de primarias del propio Sánchez, incapaz de desmentir esa hipótesis en el Senado.
A todo este descrédito insoportable se le suma el esperpento corrupto ya en fase de juicio en el Senado y la inadmisible insurgencia democrática que supone gobernar sin presupuestos, sin votos suficientes en las urnas y sin mayoría parlamentaria, para completar un cuadro sin precedentes en Europa.
El de un perdedor que se sirve de ardides y trampas para gobernar y tiene a sus promotores políticos y a su propia familia en el banquillo y a todo un país bloqueado y avergonzado.