José Alejandro Vara-Vozpópuli
- La causa contra la esposa del presidente entra en su fase decisiva. El juez acelera, la Audiencia se lo piensa y Bolaños cocina el indulto
Cuenta Nora Ephron en Gente que vino a cenar, su última aparición, que cuando se sometió a una sesión de ‘antes y después’, el típico cambio de imagen para revista femenina, se atascaron con el peinado. “Rizos por delante y capas desiguales detrás”, sentenció el coiffeur llamado Lupe, traje Pierre Cardin y zapatos Gucci. “Óvalo facial muy afilado, barbilla demasiado larga, yo haría un corte geométrico”, malmetía el maquillador. Segundo intento, rizos suaves por delante y liso por detrás. “No puedes ponerle un marco de un Rubens a un cuadro de Picasso”, insiste la maquilladora. Tercer intento, rizos por todas partes. “Me encanta, parezco Scarlett O’Hara». El fotógrafo dice nones. “Muy exagerado, las fotos son en blanco y negro”. Cuarto intento: sencillito, pocos rizos y flequillo largo para acortar el perfil y la quijada. “Estoy ideal, me parezco a Gene Tierney”. Su amiga Roz: “Estás muy rara, pareces cuarenta años mayor”. Publicado el reportaje, mensaje de la directora de belleza de la revista: “Fotos bien, pareces una princesa de Goya”. Y escribe la protagonista: «De princesa nada. Tres días de sesiones y parezco la Norah Ephron de siempre, un poquito mejorada”.
A Begoña, que, como Ephron, tiene el perfil facial afilado y el maxilar muy largo, tampoco le gustaba su peinado. Iba raya a un lado y algunos rulos por detrás. Hasta que hace un tiempo optó por el flequillo, a lo Birkin. Cada vez más largo. Quizás para ocultar el rostro y que no la reconozcan. ¿Para qué? Apenas sale de casa, evita las comparecencias públicas, tan frecuentes antaño. La última vez se la vio en los premios Goya (y no como princesa), festejo que ha derivado en una performance orgasmática de artistas subvencionados, y antes en Moncloa en un desayuno con el mundo gitano. Hubo un tiempo en que se apuntaba a todo. Desde mítines y manis a ceremonias de Estado, viajes oficiales y noches de carnaval. Ni siquiera gusta ya de fotografiarse en la nieve o cabalgando mountainbike Sánchez tiene que multiplicarse para llenar tanto hueco. Hasta se prodiga en los Tiktoks, tan familiares, tan hogareños, ora en palacio, en las cumbres, con gorrilla, manoseando algún libro que jamás leerá o de figurante en un bar ajedrecista de Malasaña intentando distinguir un gambito de dama de unas gambas plancha.
El pasaporte y el Falcon
Begoña Gómez (Bilbao, 55) cambió de peinado pero no de juez, que así se llama el magistrado que instruye su causa, Juan Carlos Peinado, qué se le va a hacer. Pero no le gusta. Está intentando el cambio desde que la imputó, va ya para dos años. Incluso le presentó una querella junto a su esposo, algo sin precedentes por aquí.Tampoco ocurrió nunca que la cónyuge de un presidente resultara cinco veces imputada por negocios turbios. Ni por nada. Todo es nuevo en el sanchismo, donde se saltan las reglas, se burlan las normas, se ignoran las leyes y se pisotea la Constitución. No acudió este miércoles a una nueva cita en el juzgado de la Plaza de Castilla. No estaba obligada a hacerlo, era un trámite procedimental, pero ya que a Pedro se le llena la boca con lo de ‘colaborar con la Justicia’, la ‘transparencia’ y el Estado de derecho, bueno sería presentarse ante el juez cuando te llama. Tampoco le ha entregado el pasaporte. Optó por subirse al Falcon de su marido (lo usa ya como jet particular, como Julio) rumbo al palacio de las Marismillas a disfrutar de las vacaciones de Semana Santa en compañía de no se sabe quién, porque Moncloa jamás informa de estos detalles menores que pagamos todos. A lo Cristina Kirchner, que no usa flequillo.
La causa Begoña entra en momento incandescente. El juez le comunicó este miércoles a su letrado, el exministro socialista Antonio Camacho, que la investigación se dirige hacia un juicio con jurado popular, circunstancia que desagrada enormemente a la pentaimputada porque a los Sánchez Gómez no les agrada demasiado escuchar el parecer del pueblo. Razón por la cual ha recurrido a la Audiencia Provincial de Madrid para que ponga fin a lo que considera un disparate. “Furor acusatorio”, lo llamó el letrado. “Despropósito”, clamó Félix Bolaños, quien, pese a su condición de ministro de Justicia, apenas evita manifestarse con vehemencia contra procedimientos judiciales, costumbre infrecuente entre los homólogos de su entorno. No así en los peronistas, que inventaron el lawfare.
Bolaños busca coiffeur
Si la Audiencia no falla finalmente a su favor (cuestión en duda pues hay un precedente), Begoña apuesta a la solución biológica, que no es que Peinado desaparezca del mapa, más quisiera, sino que, dado que en septiembre cumple 72, se evapore de la actividad judicial y pase finalmente al merecido retiro. Asumiría entonces la causa otro magistrado, quizás con otro talante, otro perfil, otras ganas, otros intereses y otras perspectivas. Menos osado quizás, más acomodaticio. ‘Por la democracia’ mismamente. En eso está Bolaños, improvisado coiffeur para un cambio de Peinado, en busca de otro look que le siente mejor a la doña, con menos rulos y menos líos. Tiene que darse prisa el titular del Juzgado 41 de la Plaza de Castilla porque la jubilación se le viene encima. Dicen en su entorno que ha pisado el acelerador para la apertura de vista oral y dar por concluida su carrera con los deberes hechos y el deber cumplido.
Sánchez no oculta su cabreo superlativo con el magistrado. Cuando le mencionan su nombre echa humo.Ya es una cuestión personal. Así y todo, no le parece inquietarle demasiado el futuro penal de su esposa, como dicen los leguleyos del partido y los tiralevitas de su entorno. Ocurra lo que ocurra en el juicio, si es que finalmente lo hay, ahí está Cándido para deshacer el entuerto y cargarse el procedimiento. O el muy eficaz recurso del indulto, como el que ya se ultima para el exfiscal general García, el condenado filtrador de secretos. O las ‘seis de la Suiza’, esas patoteras de Gijón, de violenta agesividad que, además, eran cinco, como bien ha escrito Leire Iglesias. Así son las cosas en las autocracias. La Justicia convertida en un reel de TikTok. Una vez consumado el cerrojazo procesal, Begoña volverá a reír, a gritar, a bailar, a figurar tan ricamente. Ya con otro Peinado.