José Alejandro Vara-Vozpópuli

  • La esposa por un lado, las hijas por el otro: Sánchez y Zapatero comparten ideas y formas de negocio

Cuentan que en su postadolescencia, una de las niñas de Zapatero, ahora alejadas del anonimato, se enroló en un campamento de pijoflautas muy conveniente, sin haber solicitado la pertinente autorización familiar. El padre, ya al frente del Gobierno, referente avanzado de la progresía de las costumbres y de la libre emancipación de la mujer, consintió la escapada, pero no dejó de organizar una estrecha vigilancia así como una ronda de llamaditas a algunos medios para que evitaran reflejar referencia alguna sobre el particular. El asunto apenas resultaba noticiable, la nena bien amada quería poner en práctica lo que escuchaba en su entorno familiar, modernis y de izquierdas, el abuelo mártir de mentirijillas y todo eso, de modo que lio el petate y se fue. La novedad apenas superó el nivel del cotilleo. El marcaje del presidente fue correspondido con el silencio de los pocos periodistas conocedores de la travesura. El tipo caía bien, qué narices. “Nos libró de la derecha, nos sacó de Irak, y le canta Víctor Manuel

Zapatero y su esposa habían salido muy escaldados de la estrepitosa fotografía con los Obama en la Casa Blanca, en la que posaron con sus hijas, Alba y Laura envueltas en sendos sayales del color de sus anfitriones, con un aspecto tan tenebroso que empezaron a ser conocidas como ‘las niñas góticas de ZP’. O «La familia Monster de la Moncloa». Una crueldad que dejó huella y que seguramente hirió a las adolescentes, por entonces de trece y quince años. Desde entonces apenas se las vio en una foto, desaparecieron del mapa pese a que una de ellas pasó una breve estadía en la redacción de un periódico amigo.

Envueltas en negro

Zapatero aprendió la lección. Desde aquel momento puso buen cuidado en mantener a las nenas alejadas de los periódicos, y de ahí su empeño en ocultar la escapadita a aquel happening hippie así como otras vivencias quizás algo desubicadas. Cosas de juventud. Sin embargo, las niñas han reaparecido estos días en los titulares tras conocerse el auto del juez José Luis Calama en el que se recogen las andanzas presuntamente ilegales de su padre, desde Pekín a Caracas, pasando por Dubai y algunos otros puntos del globo por desvelar. Dinero negro en paraísos fiscales, coimas de contrabandista, tráfico de oro, de petróleo, de divisas y un larguísimo etcétera. Nuevamente, las jóvenes en las fotos, pero no en un ridículo posado, sino saliendo de su oficina después de un intenso registro a cargo de la UDEF. Insisten ambas en su outfit de la zona oscura. Siguen envueltas en negro.

Su papaíto les montó una empresa, What The Fav, dado que no conseguían abrirse camino laboral quizás por defecto de esfuerzo y talento. Se trataba de una cascarón tan hueco como la cabezota de Patxi López dedicada a diseñar los informes, en gran parte verbales (¡oh!), que supuestamente elaboraba Zapatero con el rescate de Plus Ultra como telón de fondo. Facturaban fundamentalmente para la empresa de Julio Martínez Martínez, el ‘lacayo’ de su padre, y tenían el rescate de Plus Ultra como objetivo prioritario.  En agosto de 2019, cuando fue creado este artefacto tan heterodoxo, facturó casi 3.000 euros. Tan bien les fue que cuatro años después ya ingresaron más de 480.000 euros, un prodigio casi milagrosos porque nadie jamás hasta la fecha había logrado cobrar cifras semejantes a base de maquetar unos folios que luego tenían paradero desconocido.

Tenían otros clientes, siempre amiguetes del papi, como Inteligencia Prospectiva, de los hermanos venezolanos Domingo y Guillermo Amaro Chacón que, al parecer, les aportó 561.440 euros por unos encargos aún por detallar. Otro prodigio que tanto a la UDEF como al juez Calama les despertó enormes dudas y así se recoge en el escrito del instructor.

¿En qué pensaba Bambi?

Cómo es posible que un padre tan vigilante de la vida y milagros de sus niñas, de su educación tan reservada y de sus primeros pasos profesionales tan discretos y sigilosos, no hubiera prestado más atención en el momento de meter a sus hijas en una trama tan heterodoxa y tan pestífera que está a punto de consagrarse como la mayor red de corrupción conocida en democracia. ¿Es Zapatero un bobales que no sabía lo que hacía? ¿Consideraba que montar a sus hijas un negociete para cobrar sin dar ni golpe tiene algo que ver con los valores de la izquierda del progreso? ¿Pensaba que la impunidad sanchista le iba a preservar de todo mal? ¿Cree que la policía es tonta y los jueces también? ¿Estaba contando nubes mientras todo esto pasaba?

Bien sencillo. Se pensaba más allá de la ley y por encima del Estado de Derecho, una enfermedad que también ataca a su estrechísimo Sánchez, quien atraviesa también un trance judicial similar con su esposa tetraimputada y con su hermanísimo a punto del procesamiento en la Audiencia Provincial de Badajoz, este 28. David Sánchez, el jeta de la batuta, está acusado de prevaricación, tráfico de influencias y malversación. Motivo de inquietud en Moncloa, donde tenía aparcada su furgoneta mientras residía en Portugal para evadir impuestos.

Archivar la causa de la dona

Begoña Gómez, la esposa, es elemento más activo en el presunto delinquir que las hijitas de ZP puesto que pesan en su prontuario cuatro imputaciones y su abogado se afana ahora en que la apertura de juicio oral se aplace o incluso se archive la causa mediante una avalancha de recursos y escritos para que la señora no se siente ante el jurado, algo que ocurrirá, impepinablemente, dentro de un año o algo más. El ritmo de la Audiencia Nacional es tan vertiginoso como el de la delantera del Madrid.

Tienen Sánchez y Zapatero muchos puntos en común a la hora de desarrollar su acción de gobierno. La bipolarización, el frentismo, el guerracivilismo, así como, ahora se sabe, la tendencia a saltarse las lindes de la legalidad para consumar sus propósitos. En ambos casos, con la participación de miembros muy destacados de su entorno familiar. Esposa, hermano, hijas… Esa tradición de las mafias de actuar siempre con la famiglia.