Teodoro León Gross-ABC
- Al cabo el sanchismo no es una sucesión de escándalos, sino un escándalo en sí mismo como barra libre para aferrarse al poder
No es ya Zapatero hasta las cejas, o Begoña Gómez en los pasillos de Moncloa, o el querido Santos Cerdán entre Milagros y Waterloo, o el propio Ábalos con su catálogo de prostitutas de dos en dos, o el hermanísimo David con la partitura del nepotismo, o ese «gigante de la militancia» de Koldo, o el presidente del Tribunal Económico Administrativo que vendía sus resoluciones a buen precio, o la compra de siete votos con la amnistía a Puigdemont y seis votos a Bildu por la libertad de etarras, o los borrados del fiscal general, o el polvo en el camino del Tribunal Candiducional… es sencillamente el PSOE de Sánchez. Cada episodio deriva en un culebrón que distrae de la perspectiva global, en el que acabas por ver el dedo y no la luna. El sanchismo ha patrimonializado el espacio público y la moral. «Pie en pared», ordenaba ayer la secretaria de Organización a la militancia ante las graves evidencias contra el expresidente. Ya ni siquiera apelan a la fe, sino a la disciplina. Prietas las filas.
Del rescate de Plus Ultra ya alertó en 2021 Ciudadanos. Garicano presentó denuncia ante la Comisión Europea desnudando la barrabasada: ni era una empresa estratégica, ni saneada, pues arrastraba una crisis previa de aúpa, ni era viable que pudiera devolver el préstamo en siete años, ni la ayuda era proporcionada sino tres veces mayor del rasero. El sanchismo lleva años repitiendo mantras falsos para negar lo obvio. Ayer se defendían con el argumento ramplón y cansino de «los recortes de prensa» y de Manos Limpias que repicaban sus tamborileros mediáticos. Es mentira, sin más. Se trata de una denuncia de Anticorrupción con homólogos de Suiza y Francia, y el juez Calama no se presta a caricaturas de jueces fachas. Como los hechos son abrumadores, la secretaria de Organización tiró del victimismo de manual: «No atacan a nuestros presidentes y sus familias, sino al PSOE. Nos atacan a todos». Hacen a toda la militancia, a todo el PSOE, cómplice de la corrupción. Y se impone la ‘omertà’, la ley del silencio.
La defensa de Ferraz y de Moncloa como encubridores morales de Zapatero vuelve al ‘lawfare’, a la guerra sucia judicial, a la milonga con que el presidente Sánchez ha defendido a su hermano o su mujer declarándose víctima de una obsesiva persecución togada contra él… ese relato del fascismo judicial que han copiado al soberanismo golpista de 2017 al comprarle sus votos. Los corruptos de los ERE indultados por Conde Pumpido ya proclaman que Zapatero sufre «la misma estrategia de acoso» que ellos. La gran ‘famiglia’. Al cabo el sanchismo no es una sucesión de escándalos, sino un escándalo en sí mismo como barra libre para aferrarse al poder. Ahí siguen sin presupuestos y sin escrúpulos, pero al grito de «cabeza alta y orgullo», sostenidos por la trama Frankenstein que participa indirectamente en el gran negocio como beneficiarios colaterales. Hasta el final. Non Plus Ultra.