Juan Carlos Girauta-El Debate
  • Lo de ahora es más complicado: los macheteros no quieren tu pasta, quieren patearte la cabeza. Puede que tú desees dialogar con ellos, pero siguen queriendo patearte la cabeza si eres hombre y violarte si eres mujer. Está a la vista, aunque si prefieres engañarte y ver otros patrones, cómprate un caleidoscopio

Si uno no tiene habilidad para identificar patrones, siempre puede valerse de un truco de espejos. No otra cosa es el caleidoscopio, con el que ya no juegan los niños porque es analógico. Hay quien viene con caleidoscopio de fábrica y ve demasiadas simetrías, demasiadas señales. Mal asunto. Son los conspiranoicos, cuya contribución a la producción de basura en la red es notable. Los que peor están del tarro son unos que sostienen, contra centenares de evidencias, que en las Torres Gemelas no había judíos el 11-S; que el pogromo del 7 de octubre en Israel lo montaron los propios judíos; que Irán tiene un régimen pacífico y querido por su pueblo y está siendo víctima inocente… ¡de los judíos! Espero que haya quedado claro el patrón, el más recalcitrante de los patrones diabólicos occidentales.

Las pareidolias (ese ángel en las nubes, ese caballo piafante en el muro, esas miradas torvas en las baldosas del baño) remiten a una necesidad de la especie: la de reconocer los peligros y anticipamos a ellos. Nuestros antepasados sobrevivían mal que mal, pero la especie se abrió paso con todas sus debilidades físicas. El caso es que la dosis que llevamos dentro ha sido durante mucho tiempo excesiva. ¿Es inquietante la expresión de la carnicera? Ese cuchillo no ayuda. Es fácil deslizarse hacia lo patológico, pero también lo es dejar de advertir peligros reales que tienes frente a las narices. Reaccionar a lo inexistente es un residuo de lo que fuimos. Sin embargo, dejarse invadir, como Europa desde Merkel, nos puede poner ante humanos capaces de decapitarte. Sin motivo.

Aunque no te decapiten a ti (si ha ocurrido tal cosa, no me estás leyendo) han decapitado a otros, o lo han intentado, o les han clavado un cuchillo en la garganta, o le han pateado la cabeza hasta morir. Lo has visto porque está lleno de móviles y lo que los medios tradicionales quieran o no quieran enseñar ya no guarda relación con lo que efectivamente vemos o no. Te vienen en cada ocasión con la cantinela de que es un caso aislado, aunque suceda cuatro veces al día en la aldea global occidental, que por fin ha llegado después de tanto hablar de ella en vano. De ahí el resurgir de ciertos atavismos para identificar patrones de peligro, de ahí la vuelta al miedo a salir de noche, en plan Eloy de la Iglesia. Cuando los navajeros de Barcelona, amigo como era yo de la noche, desplegué unas grandes dotes para identificar amenazas, pese a lo cual me robaron a punta de navaja no menos de veinte veces. Pero sabía medir el peligro: si les daba la pasta, se iban. Lo de ahora es más complicado: los macheteros no quieren tu pasta, quieren patearte la cabeza. Puede que tú desees dialogar con ellos, pero siguen queriendo patearte la cabeza si eres hombre y violarte si eres mujer. Está a la vista, aunque si prefieres engañarte y ver otros patrones, cómprate un caleidoscopio.

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