Editorial-El Correo

  • Un Trump presionado por su atasco en Irán viste de negociación la antesala de un posible despliegue de marines para abrir Ormuz

La agresión ilegal de Estados Unidos e Israel contra Irán cumple hoy 27 días y las consecuencias del bloqueo del estrecho de Ormuz presionan a Donald Trump. Hasta el punto de presentar como un «regalo» el tránsito no confirmado por la estratégica vía marítima de ocho buques paquistaníes, que él quiere vender como buena voluntad de Teherán pero el mundo percibe como una burla, en medio de la alteración del suministro de hidrocarburos, el alza de precios y la crisis energética generalizada. Una guerra de preparación muy deficiente depara a su impulsor la sorpresa de la contundente respuesta del régimen teocrático y la de su renuencia a entrar en una vía negociadora que saque a Washington del atolladero.

Así que el presidente estadounidense tira de su propio manual y arremete contra lo que considera «falta de ayuda de la OTAN» en un conflicto cuyo diseño ni consultó ni compartió con sus aliados; a los que sin embargo ahora reclama que soporten su cada vez más pesada carga. La coincidencia generalizada en cerrar el paso al arma nuclear iraní, mantener abiertas las rutas comerciales y favorecer la estabilidad en Oriente Medio no impide que europeos, canadienses o australianos observen la desorientación de la Casa Blanca desde una distancia que no eligieron. La brecha solo se agranda con decisiones como la comunicación del Pentágono de que reabastecerá sus propios arsenales con 750 millones de dólares de fondos aportados por países de la Alianza Atlántica, cuyo destino debía ser ayudar a Ucrania. La pregunta sobre la legalidad de las actuaciones de la Administración Trump ya solo puede ser retórica.

Los próximos días se auguran críticos en el objetivo de lograr al menos un alto el fuego. EE UU afronta con pretensiones maximalistas la senda diplomática con mediación de Pakistán. Un eventual acuerdo difícilmente torcería la voluntad iraní de reclamar la soberanía de Ormuz y recaudar peajes. Anteriores episodios de diálogo que terminaron en ataques mantienen además a Teherán pendiente del anunciado despliegue de paracaidistas y marines, la vía más segura de provocar la expansión descontrolada del conflicto. Trump se apresuró a incumplir su promesa de no enfangar a EE UU en largas campañas internacionales. Un 92% de sus conciudadanos piden el fin del conflicto y castigan al presidente con un 36% de aprobación, la más baja de sus dos mandatos, a ocho meses de las elecciones legislativas.